
I
La Boca. Década del treinta. Un ventanal abierto de par en par al río, al cielo, al sol, a los barcos, a la vida, que hace, además, que esa luz ingrese en la habitación e ilumine todo. También, cierta melancolía.
Es el estudio de Fortunato Lacámera, artista argentino, que en el momento de pintar ese cuadro tenía ya 52 años: un momento de maduración artística sublime. Y eso se nota en la ejecución: los detalles, los colores, el ángulo, las líneas rectas, la composición.
Dice la crítica Talía Bermejo que en Desde mi estudio —así se llama este óleo sobre tela de un metro de alto por ochenta centímetros de ancho que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires— “sobresale el valor otorgado a la adquisición del oficio aplicado a la observación minuciosa del entorno cotidiano y la sedimentación de los motivos plásticos que lo identificarían hasta el final de su vida con el barrio de La Boca”.
Efectivamente, lo que Lacámera hace, ya afianzado profesionalmente y consagrado en el ámbito artístico de Buenos Aires, es retratar un momento íntimo, subjetivo y singular, pero también una postal de época.
II
Nacido el 5 de octubre de 1887, hijo de inmigrantes genoveses, comenzó a pintar en los suburbios porteños, en La Boca, representando un mundo, su mundo, el mundo de todos.
Recibió la influencia de su maestro Alfredo Lazzari y a partir de 1919 concurre al Salón Nacional y a numerosos salones del interior, siempre obteniendo importantes galardones. En 1929 recibe el Premio Sociedad Estímulo de Bellas Artes, en 1936 el Premio Acuarelista por la dirección nacional de Bellas Artes y en 1938 el Premio Estímulo en el Salón Nacional.
En ese mismo año, 1938, en la cresta de la ola, se supone que realiza este cuadro. “Entre las diversas miradas que compusieron el paisaje del barrio, privilegió naturalezas muertas e interiores. Desde mi estudio apeló, una vez más, a las posibilidades expresivas de la ventana abierta al exterior como medio de comunicación entre el adentro y el afuera”, dice Bermejo.
Y agrega: “Mediante un lenguaje depurado, la atención puesta en la construcción del espacio y el impacto de la luz, el artista ponía en contacto un recorte de la ribera con el atelier. Los reflejos en el vidrio multiplican la visión del entorno portuario, mientras que el espejo devuelve otro ángulo del ámbito interior, despojado como el resto de la escena”.
Entre la quietud y el silencio, Lacámera recreaba el mismo clima que lo había vinculado desde fines de los años 20 con las preocupaciones de la pintura italiana y el realismo mágico alemán, según María Teresa Constantin.
En 1940, Lacámera funda la Agrupación de Gente de Artes y Letras Impulso, en la que reunió a los protagonistas de la vida cultural de su barrio. Era el sueño de su vida y allí depositaba todas sus energías, toda su voluntad.
También, ese año, obtiene el Premio Estímulo de Bellas Artes en el XXVIII Salón Nacional. Sus obras integran el patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Bellas Artes de La Boca “Benito Quinquela Martín”, el Museo Municipal de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” y los museos municipales de Tandil, Junín, Mar del Plata, Bahía Blanca y Rosario, además del Museo “Pedro de Mendoza” en Santa Fe y el Liceo Militar “Gral. San Martín”, provincia de Buenos Aires.
Murió en 1951, el 26 de febrero. Cuatro años después, durante el tiempo que duró la dictadura de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu autodenominada Revolución Libertadora, sus cuadros fueron quitados del Bellas Artes por el fuerte contenido social.
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