
¿De qué color es tu alma? Se sabe, la de Marta Minujín resguarda una multiplicidad de gamas, fluorescentes todas ellas, como buena artista pop, similares a las que pueden apreciarse en muchas de sus obras y a las que presentó en IMPLOSIÓN!, una experiencia en la que retoma el concepto del colchón como metáfora de la vida, y en la que presenta una obra inmersiva y sísmica, además de una escultura que, justamente, permite conocer la tonalidad del propio espíritu.
Minujín nunca pasa desapercibida y cuando asegura a Infobae Cultura que ella es arte y que su alma es fluo, no miente. Ya desde la elección de las tonalidades de su vestuario se asume que para la artista el colorido no es una cuestión fetiche, siquiera una decisión solo estética. El colorido, la estridencia, es ella.
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IMPLOSIÓN!, que se presenta en la Fundación Santander, tiene tres ejes. El primero es Conceptos entrelazados, una escultura blanda multicolor, que se suma ya a su corpus con colchones como material, que a su vez está rodeado por cuatro espejos apenas deformantes.

“Hace 50 años hice Revuélquese y viva, en la que una se metía adentro y tenía música. Desde entonces creo que es importante que el arte tenga movimiento. Siempre me interesó muchísimo el público, la mitad de mi vida traté de meter a la gente, que se convirtiesen en arte”, dijo durante la presentación.
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Conceptos entrelazados es la última versión de una tradición que comenzó en 1962, con El hombre antes del hombre, donde incluyó un colchón en una estructura de cartón. “Al principio trabajaba con cartones y vendas, cosas así, reflejando la realidad de lo que pasaba en el país, cuando fui a París empecé con colchones verdaderos”, explicó.
Y es que fue en su taller-piso de la Ciudad de Luz, donde la artista residió entre 1961 y 1964, que sacó por primera vez el colchón de la cama y lo convirtió en objeto de arte. “Me quedé sin colchón y no tenía calefacción, dormía en una bolsa, en una carpa para mantener el calor. Como no tenía plata para comprar más colchones los conseguía de los hospitales”.
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En su libro de diarios Tres inviernos en París, escribe: “Fue cuando volvía de la Bienal de Venecia, en 1962. De casualidad, pasé por una vidriera y quedé encandilada por una pollera rosa y turquesa. Ahí, viendo eso, algo se rompió en mí. ¡Era el pop! Descubrí los colores. Empecé a inventar colchones y a pintarlos de colores vivos. Mi vida cambió por completo. Había descubierto la alegría, el humor, la diversión. Cambié mi forma de vestirme de un día para el otro”.
“En París vivía en muy malas condiciones, comiendo pan con queso, pasando frío, sin un centavo… Nadie podía creer que viviera así, con tan poca plata, y rodeada de cartones y colchones que arrastraba por la calle para poder trabajarlos en mi habitación. Pero produje mucho, incluso lo poco que ganaba con la beca lo usaba para invertirlo en mis trabajos”.
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Siguieron La chambre d’amour junto a Mark Brusse, instalación de 70 colchones pintados y cosidos a mano en una estructura de madera, hierro y cadenas; el emblemático Revuélquese y viva, que fue exhibida en el Instituto Di Tella y Eróticos en technicolor, cuatro esculturas colgantes fluo que se entrelezaban como cuerpos durante la intimidad sexual, todas del ’64.

En el ’73 presenta The Soft Gallery, donde cubrió una galería de Washington D.C. con 200 jergones usados obtenidos del Cairo Hotel, un edificio que había sido desalojado por la policía tras ser tomado.
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Hubo una nueva versión de Revuélquese en los ’80 y ya con el nuevo milenio surgen una serie de piezas con el mismo material como Ensoñación en fucsia, Amor a primera vista y Trepando al infinito con neones, entre otras.
“Cuando comencé a trabajar con colchones me di cuenta que el cincuenta por ciento de nuestra vida la pasamos ahí. Nacemos en uno, nos reproducimos, hacemos el amor y hasta podemos morir allí”. comentó.
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Y agregó: “Antes nadie pintaba con colores fluo, que es un invento de esta época. Le di colores de tal manera que en algunos lados hay mucho naranja, en otros azul. Es una composición, una implosión, una explosión de adentro hacia afuera, una cosa de los síntomas que pueden ocurrir arriba de los colchones, donde recordamos cosas que no queremos, no podemos dormir, pero siempre con alegría, porque soy pop por naturaleza”.
En IMPLOSIÓN! también se presenta una cabina de arte inmersivo que reproduce las sensaciones de ingresar al colchón. En tiempos de pandemia, tocar las obras, ingresar a ella para sentir texturas, ya no es posible. Así que, en ese sentido, la tecnología acude al encuentro de la necesidad.
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La experiencia dentro de la caja es psicotrópica, los colores destellan, las paredes y el piso pasan del estatismo a un terremoto de movimiento que lleva al vértigo y la pérdida del equilibrio de manera momentánea. El sonido también acompaña, con una melodía en loop de Philip Glass, compositor de música clásica minimalista estadounidense. “Elegí un fragmento deformado y la repetición tiene que ver con lo cotidiano”.

La propuesta es, justamente, que el público forme parte de una pieza de una manera vibrante, viva, que, como dijo Minujín, los “pueda despejar de su vida cotidiana, que tengan un momento de éxtasis”. Porque esa, considera, es una de las principales funciones del arte: “El arte está por encima de la política, por encima de todo, es como una especie de trabajo con el espíritu y la mente”.
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En la terraza de la Fundación, se encuentra Autorretrato Mediático, una escultura que permite ingresar dentro de la cabeza de Minujín. Allí, a su vez, hay un código QR que lleva a una aplicación -también disponible online- que revela el color del alma y que, como en una especie de Happn espiritual, permite ver en un mapa de la ciudad a otras personas con el mismo tinte áurico.

Para conocer el color, se responde una serie de preguntas tan disímiles como “¿qué mujer causó mayor impacto en tu vida?”, “¿Si un artista fuera un fenómeno natural, cuál sería?” o ¿Qué herramienta de comunicación representa mejor esta época?
Minujín explica a Infobae Cultura que la obra le llevó dos años. “La hice en paralelo con Pandemia”, pieza que se presentó en el MNBA, “y son dos obras opuestas, porque tengo las dos corrientes dentro mío. Una representa lo que le pasaba a la gente y esta soy yo, el color de mi alma es fluo”.
Finalmente, confirmó a este medio que su próximo proyecto abandonará las estridencias y fluorescencias: “Estoy haciendo Vacunación global, que es una obra en azul índigo, color que elegí por la bata de los enfermeros. Va a ser una obra como Pandemia, así que tengo un año de trabajo por delante”.
*El espacio de arte y cultura de Santander, avenidas Juan de Garay y Paseo Colón, estará abierta al público desde el jueves 8 de abril, con reserva previa en la página de la Fundación. La artista ofrecerá una visita a su exposición que podrá verse por el canal oficial de Santander Argentina en YouTube, el miércoles 14 de abril, a las 17 horas.
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