
En el Distrito de Évora, región de Alentejo, en Portugal, hay un pequeño municipio llamado Vila Viçosa, que castellanizado podría nombrarse como Villa Viciosa. Allí, en 1859, nació Henrique Pousão, el pintor más innovador de su generación porque en su obra confluían el naturalismo, el paisajismo, el impresionismo y el retrato. Murió joven, a los 25 años.
Venía de una familia de pintores: el abuelo materno, Caetano Alves de Araújo, pintó el lienzo Institución del Santíssimo Sacramento de la Iglesia Parroquial de Nossa Senhora da Conceição, y el bisabuelo paterno, António Pousão, hizo pinturas para el Convento de São Paulo da Serra de Ossa. Eso lo impulsó a que de muy chiquito supiera qué destino quería para su vida.

Su familia se instaló en Elvas, donde comenzó la escuela primaria. Poco después de la mudanza, su madre, Maria Teresa Alves de Araújo, murió de tuberculosis a los 26 años. Y su padre, el abogado Francisco Augusto Nunes Pousão, volvió a casarse. Fue él quien le insistió en que fuera a vivir a Oporto, la gran ciudad costera, donde conocía a alguien que podía hospedarlo. Allí brotaban las oportunidades.
Su maestro era el pintor António José da Costa, quien le aconsejó que ingrese a la Academia de Bellas Artes de Oporto. Allí fue alumno de Thadeo Maria de Almeida Furtado y João António Correia y colega de José Júlio de Sousa Pinto, Custódio Rocha y José de Brito. Se rodeó de los mejores, estudió de forma intensiva y en 1880 completó la carrera.

Al año siguiente, con una beca del Estado, partió a París. Siguió aprendiendo: fue discípulo de Alexandre Cabanel y Adolphe Yvon. Allí enfermó de bronquitis aguda y luego de tratarse en Marsella los médicos le recomendaron que cambie de clima y se vaya a Roma. El arte no se detuvo: allí se unió al Grupo de Artistas. De esa época es Cecilia, una obra verdaderamente exquisita, fechada en 1882.
Cecilia está en el Museo Nacional Soares dos Reis de Oporto, en Portugal. Una chica joven, sentada en una silla azul con el respaldo hacia adelante, lee un pequeño libro, probablemente la Biblia. De fondo, los detalles de la bella e imponente arquitectura romana. La joven mira al pintor y en él, al espectador, transmitiendo muchas sensaciones: plenitud, serenidad, pero también algo de cansancio.

Debido a su problema de salud, se muda a Anacapri, en la isla de Capri, para pasar el verano y otoño de 1882. Allí también pinta. Por cada lugar donde pasa Henrique Pousão, hace un borrador en su cuaderno y luego traspasa toda la idea al lienzo. Decide volver a Portugal y recorre las grandes ciudades que le quedan en el camino: Sorrento, Nápoles, Génova, Barcelona, Valencia, Sevilla, Huelva y Olhão, entre otras.
Muere en su primer hogar, en el Distrito de Évora, región de Alentejo, en Portugal: Vila Viçosa. Deja el mundo el 20 de marzo de 1884 de una enfermedad pulmonar. Era muy joven. Tenía solo 25 años.
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