
Maud Lewis (1903 – 1970) tenía una visión luminosa y colorida de la vida, y así lo representó en una obra que pasó de arte folclórico de un gris pueblo costero a material de coleccionistas y la convirtió en toda una celebridad.
Nacida como Maud Dowley, de niña pasaba la mayor parte del tiempo sola debido a una artritis reumatoide que comenzó lentamente a deformarle manos, piernas y espalda, por lo que abandonó el colegio siendo una adolescente debido al bullying que sufría por parte de sus compañeros de clase.
Su carrera como artista comenzó en su juventud, cuando junto a su madre pintaba tarjetas navideñas para vender a 25 centavos en el mercado local. En 1935 murió su padre y dos años después su madre. Pasó a vivir con su hermano, quien así como heredó todo tal como era la costumbre, todo lo vendió de inmediato. Sin casa y siendo un lastre para su hermano se mudó a Digby para vivir con su tía. Allí conoció a Everett Lewis, un vendedor ambulante de pescado, y se casó con él poco después, en 1938.

Sin ninguna formación artítica y dejando traslucir una mirada cándida y celebratoria de la vida, usó los restos de pintura de la casa para iluminar paredes, cajas de pan, bandejas para galletas, con mariposas, tulipanes y cisnes. El lienzo era caro y difícil de conseguir, así que Lewis pintó el grueso de su obra sobre tablas de castor y masonita.
Con el tiempo, las tarjetas de Maude se convirtieron en un fenómeno de ventas para aquel mercado, que comenzó a vender algunas obras de mayor tamaño. Así, los turistas comenzaron a acercarse a su pequeña cabaña para conocer a la artista y comprar sus cuadros. A partir de un artículo en el Toronto Star Weekly, en 1964, se convirtió en el centro de atractivo del lugar y su casa en una galería de arte donde vendía sus trabajos.
A pesar de la falta de comodidades modernas como plomería y electricidad, la casa revela que la vida de Maud en Marshalltown estuvo llena de placer a través de su arte. Simpática y tímida a la vez, su gran disfrute no provenía del orgullo de haber vendido uno ó 100 cuadros, sino del acto creativo en sí y del disfrute que otros parecían obtener de su trabajo.

Un año después, fue la estrella invitada de un programa prime time de la cadena CBC Television y los pequeños cuadros pasaron de costar centavos a diez dólares. El interés era tan grande que para 1970, Richard Nixon, entonces presidente de EE.UU., compró dos cuadros de obras en 16 mil dólares.
Maude y Everett Lewis nunca se mudaron de esa pequeña cabaña aislada, pero con el tiempo el cuarto que compartían en el primer piso quedó para él, ya que ella no podía subir las escaleras. Ella murió en 1970 tras no poder recuperarse de una neumonía, él en el ‘79 de un balazo disparado por un ladrón.
En 1984, la cabaña de la pareja, restaurada, fue comprada por la provincia de Nueva Escocia y quedó para siempre en Art Gallery of Nova Scotia. En Marshalltown y en su lugar original, se levantó una réplica en acero de las mismas medidas, diseñada por el arquitecto Brian MacKay-Lyons.

Su fama siguió creciendo con los años, en 1996, apareció el primer libro sobre su vida, La luminosa vida de Maud Lewis, del escritor Lance Woolaver; le fueron dedicados tres documentales de la National Film Board of Canada y en 2016 salió el film Maudie, el color de la vida, con Sally Hawkins y Ethan Hawke, dirigido por Aisling Walsh.
En 2017, la pintura Retrato de Eddie Barnes y Ed Murphy, pescadores de langostas fue hallada en una tienda de objetos de segunda mano en Ontario, y se vendió en subasta por 45 mil dólares.
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