
La clave era simple, pero no tanto: el celular como herramienta creadora de arte, y también como recipiente perfecto, nuevo y no tanto, pero sí alterativo. Que un festival de cine mobile, que otra mutación, alguna que otra confección más, y así los años, varios de prepandemia, fueron pasando. Por ahí, sin importar el cambio de sustancias, en el ADN nunca fue modificado del todo: hay siempre un destello del enorme Carlos Trilnick, y, sin dudas, está el fuego creativo primario de Florencia Giacumbo, hoy la directora general de la plataforma. Pero la cosa seguía germinando, casi apretujada bajo el microscopio entre dos vidrios: seguía observada con intensidad, pero sin que todavía se pudiera comprender del todo qué había ahí. Eso sí: siempre seguros de que nuestra primera célula tenía que sí o sí crecer, que estaba perfecta ahí cuidada, a veces un poco olvidada y lo felices que seríamos cuando finalmente llegara el necesario salto evolutivo que nos lleva hasta nuestros días.
Hoy el presente viene siendo nuestro evento en el marco de Noviembre electrónico, del 24 al 28 de noviembre. Spam Arts existe. La célula creció. Y más allá de nuestra célula inicial, también esta forma final tiene su propio ciclo de crecimiento, de progreso, de ir del boceto a ser estos puntuales eventos. La primera pregunta de Spam Arts fue “¿nos está pidiendo más el celular?” La respuesta era evidente, pero no por eso menos gaseosa, efervescente, y tremendamente omnipresente: allí donde mirábamos, sea con la lente del arte que sea, los dispositivos móviles eran algo considerable, feroz, escurridizo y hasta mercuriano. Es decir, podían ser un punto de pasaje, una licuadora experimental, un asilo de ideas, un enjambre de innovaciones, o, claro, la mera laguna de las redes sociales.

Siempre confiamos en su poder, pero aún así nos obnubiló. Entonces, todos los procesos de exploración que darían paso a la forma definitiva, nos hicieron, volvemos, un poco microscópicos: nos descubrimos átomos en medio de toda una producción cultural, la existente, la tipeable, la online, y, esto fue nuestro big bang actual, todavía más pequeños, pero firmemente hormigaatómicos, frente a todo lo que podíamos crear. Todo lo queríamos hacer, porque, veíamos y sentíamos, todo era posible en el celular.
Y así comenzaron las reuniones, muchas; que pasaron de la corrida para llegar a tal lado a la comodidad en ese limbo práctico del Zoom. Volvió el cine, claro, en su versión mobile, gracias a The Critics, el colectivo nigeriano que celebra y cuida un nombre como J.J. Abrams. Y así como fuimos pragmáticos, fuimos fantasía: queríamos museos virtuales nuevos, queríamos una torre de babel de GIFs y así las bibliotecas de Alexandría que, por supuesto, todavía queremos llevar a cabo. Primero el cine, y ahí apareció el “spameo”: ¿y qué si ahora en lugar de limitar generamos cinco vectores, cinco extremos, que dejen en claro en las distancias que cubren, y las que los separan, que hay literalmente una galaxia? Así entonces llegamos al Net.Art revisitado por un pionero como Heath Bunting, al collage artístico por RNDR Martinez, a los cómics digitales de The Believer y al LiveCoding de LivePoly: nuestras estrellas fundacionales, nuestro cielo.

Nuestro detrás de escena es imaginar a hormigas felices, que quieren morder a Ray Bradbury, con amor, y a saludar a Yo, Robot (dos de nuestros spameos primeros), y que quieren conectar con otras. Queremos que nuestra historia siga creciendo, que nuestra futura convocatoria haga entender que todo lo que vemos en los dispositivos móviles (y que podemos llevar a cabo gracias a Fundación Santander, Green Cross y que presenta Superacción), creemos, cualquiera lo puede ver. Creemos en el arte como domo, en los celulares como telescopios y como planetas.
Y hablando de planetas, Carlos Trilnick, por suerte, será saludado dentro de las obras del ciclo Understanding Visual Music - UVM. Se incluirá gracias a Ricardo dal Farra, director de CEIArtE, y Marina Vila, también de la Untref, la pieza IDIS para Fulldome, que Trilnick creó junto con Mariano Ramis y Gabriel Rud durante el Taller Fulldome UVM que organizó hace unos años con el Planetario. Un homenaje que no merece ser pasado por alto. Un planeta que merece volver a ser visitado.
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