
El pintor británico George Stubbs (1724 – 1806) fue el verdadero “señor de los caballos”. Si bien en la historia del arte, los equinos son los animales más comunes, el nacido en Liverpool desarrolló toda una carrera con ellos como eje desde distintos abordajes.
Su serie más conocida es aquella en la que los representa en diferentes situaciones con leones, como es el caso de Caballo devorado por un león, que se encuentra en la londinense Galería Tate.
Su inspiración original fue una famosa escultura de mármol de la Grecia helenística León atacando a un caballo (325-300 a. C.), que se encuentra en el Museo Capitoline, de Roma, y que probablemente haya visto durante su visita a mediados de 1750. La obra es tan famosa que tuvo representaciones en bronce por el escultor flamenco Juan de Bolonia e incluso se representó en fuentes del país y hay una copia en los Museos Vaticano.

A lo largo de su carrera, Stubb hizo 17 piezas con ambos animales, en algunos casos con el caballo asustándose, en otros con el león saltando sobre su víctima. Si se los uniera en una secuencia, podría armarse un relato casi cuadro por cuadro de este encuentro violento.
En este caso, se muestra el final del caballo, que es la pintura más cercana a la escultura griega y el escenario es Creswell Crags en Peak District, una zona salvaje e inaccesible entonces, cuyas misteriosas cuevas y recovecos fascinaban a Stubbs.
Artista autodidacta, tuvo un breve maestro que lo obligaba a copiar obras como método de aprendizaje. Stubbs pasó sus primeros años realizando retratos y estudiando la anatomía humana, desde 1745 a 1751 lo hizo en el Hospital del Condado de York.

Luego de un viaje a Italia, alquiló una granja y pasó 18 meses diseccionando caballos. Se trasladó a Londres alrededor de 1759 y en 1766 publicó La anatomía del caballo. Sus dibujos originales se encuentran actualmente en la colección de la Royal Academy.
Cuando Stubbs se estableció en Londres fue patrocinado por primera vez por aristócratas conocidos por su interés en las carreras y la caza, incluido el duque de Richmond, el conde de Grosvenor, el marqués de Rockingham y el vizconde de Bolingbroke. Así comenzó a pintar para ellos obras de sus mejores equinos, campeones en muchos casos, solos, con sus dueños y en menos casos, con sus jockeys.
Más allá de los caballos, también realizó obras de otros animales. En algunos casos salvajes, como cebras, tigres o monos, pero también inmortalizó mascotas de la alta sociedad. Uno de los casos más curiosos fue el de un famoso buey de la época junto a su dueño.

John Gibbons era un granjero de Long Sutton en los pantanos del sureste de Lincolnshire, que se ganó un buey en una pelea de gallos (así que el ave también aparece en la pieza). El buey Herefordshire medía 1,9 m, algo descomunal, y pesaba 1300 kg, cuando el promedio era 1,2 m y 500 kg. El dueño llevó al animal a Londres para realizar la pintura y aprovechó para mostrarlo en varias ferias exposiciones. Murió al poco tiempo, al quebrarse sus piernas incapaces de resistir su propio peso.
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