
I
Estamos en 1909. Imperio Ruso. Nieve, mucha nieve. Adentro de una casa cerca de Neskuchnoye, en Kursk, Zinaída Serebriakova acerca sus manos la chimenea y sonríe. Tiene 25 años. Mira por la ventana: el verde de la pradera se ha vuelto blanco. Aburrida, va hacia el baño, al tocador, y comienza a peinarse frente al espejo.
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Algo de esa escena íntima, sensual y narcisista la seduce. Ve belleza en el brillo en el su piel y en su alegre semblante. También en los objetos que devuelve el reflejo: perfumes, maquillajes, velas, perlas, alfileres. Ella es artista, dibuja y pinta como poca gente lo hace en todo el imperio. Sus familiares y amigos se lo dicen. Ella duda de su talento. De repente, decide ir a buscar una hoja, un lápiz, pinceles y acuarelas.
Lo que empezó como un dibujo terminó siendo una pintura llena de colores y texturas. Cuando le muestra la obra terminada a su hermano, él le dice que es maravillosa. Insiste: es maravillosa, y la anima a que la presente en algún concurso. Finalmente En el tocador,—también recibe el nombre de Autorretrato— se exhibe en la séptima exposición de la Unión de Artistas Rusos.
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El público queda fascinado con la obra y los críticos escribien entusiastas reseñas de toda la exposición haciendo foco en el trabajo de Serebriakova. La Galería Tretyakov decide comprar el cuadro y desde entonces forma marte de la colección de este gran museo que, entre sus 130 mil piezas, alberga obras de Andréi Rubliov, Vasili Kandinski, Kazimir Malévich y Marc Chagall.
II
La casa donde nació Zinaída Serebriakova, el 10 de diciembre de 1884, está cerca de Járkov. Por entonces pertenecía al Imperio Ruso, ahora es Ucrania. Su familia respiraba arte. Su abuelo, Nicolas Benois, fue un famoso arquitecto. Su tío, Alexandre Benois, un famoso pintor, fundador del grupo de arte Mir iskusstva. Su madre, Yekaterina Lanceray (de soltera: Benois), dibujante.
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Su padre, Yevgeny Nikolayevich Lanceray, fue un conocido escultor y los hermanos de Zinaída también estuvieron ligados al arte: uno a la arquitectura y otro a la pintura. De modo que ella tenía el destino marcado. Pero en un principio no le dio importancia a esa herencia artística. Hasta que terminó la escuela y tuve que elegir. Entonces, sí, empezó a estudiar arte.

Cuando cumplió veinte, un maestro suyo habló con sus padres. Tiene talento, les dijo. Entonces partió hacia la Europa más occidental: un año en Italia y otro año en Francia. En 1905 se casó con Boris Serebriakov y dejó el apellido familiar, Lanceray, para adoptar el de su marido. Desde entonces, el mundo la conoce como Zinaída Serebriakova.
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Sus primeras obras representan la belleza de la tierra rusa y de su gente. Paisajes coloridos e impresionistas, cuerpos exuberantes y sonrisas latentes. Todo es un juego para esta artista, todo es búsqueda lúdica. Hasta que llega el éxito de En el tocador. Desde entonces entiende que tiene una carrera y debe cultivarla, que está pintando para la posteridad.
III
Entonces la vida se descarrila. Con la Revolución de Octubre su esposo cae prisionero y muere de tifus en la cárcel. Ella queda a cargo de sus cuatro hijos y de su madre enferma. De esa época es Castillo de naipes. Con la pintura no le alcanzaba para vivir y el hambre no tarda en llegar. Negada a pintar retratos de militares, consigue trabajo en el Museo Arqueológico de Jarkov haciendo dibujos de los objetos expuestos.
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A fines de 1920 se muda al departamento de su abuelo en Petrogrado, pero es obligada a compartirlo con otras familias, como ocurría en ese período de la Unión Soviética. Tiene suerte y los nuevos convivientes son artistas del Teatro de Arte de Moscú. El arte se sigue transmitiendo de generación en generación y su hija ingresa en la academia de ballet.
En 1924 le escriben desde París: quieren que viaje a hacer un enorme mural. Duda pero finalmente acepta. Le interesa el trabajo y necesita el dinero. Cuando quiere regresar, el Estado no la deja. Son momentos de una tristeza abismal. Pero no se deja abatir. Los dos menores, Alexandre y Catalina, viajan a París; uno en 1926, el otro en 1928. Para volver a ver a Evgenyi y Tatiana, los mayores, pasarán muchos años.
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Viaja por el mundo, sigue pintando, en 1947 adopta la nacionalidad francesa, en 1960 vuelve a la Unión Soviética y se da el ansiado y emotivo reencuentro. También se reencuentran los rusos con su arte y vuelven a maravillarse. Obtiene un éxito desmedido en Moscú, Leningrado y Kiev y vende millones de libros con sus obras. El 19 de septiembre de 1967 es la fecha de su muerte, en París a los 82 años.
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