
I
Dicen que el amor todo lo puede, todo lo cambia, todo lo transforma. Algo de eso ocurrió con Max Beckmann, pintor alemán nacido en Leipzig en 1884. Se enamoró dos veces o, mejor dicho, tuvo dos grandes romances. El primero fue con Minna Tube. Se casaron en 1903, cuando él estudiaba en la Academia de Artes de Weimar. Ella fue quien le insistió en que no abandonase su sueño de ser artista.
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Durante esa época vivieron un tiempo en París y luego en Berlín. Beckmann tenía la chispa de la curiosidad inicial y viajaba por Florencia, Génova y tantas otras ciudades buscando la inspiración. Sus primeros cuadros tienen la influencia de los impresionistas y un cierto éxito en el mercado del arte que le permitió obtener un considerable dinero. Pero su obra daría un vuelco y eso lo cambiaría todo.
“El incisivo y personal estilo de Beckmann se tornó más suave a partir de mediados de la década de 1920, coincidiendo con el momento en que conoció y contrajo matrimonio en segundas nupcias con Matilde von Kaulbach, más conocida como Quappi”, escribe Paloma Alarcó. Jefe de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, España.
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II
Con Quappi se casó en 1925. Hija del pintor alemán Friedrich August von Kaulbach, era una mujer joven, inteligente, alegre, sarcástica y siempre a la moda. Es la segunda esposa de Beckmann pero sólo en términos de temporalidad, porque desde que se enamoraron jamás se separaron. Fue su fiel compañera hasta la muerte del pintor en 1950.
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La obra que aquí presentamos, Quappi con suéter rosa, fue pintada en 1934. Ya llevaban varios años juntos y la llama de su amor, al ver cómo el pintor la retrató en el cuadro, luce intacto. “Los gruesos contornos negros, que en otro tiempo representaron con amargura la sociedad que le rodeaba, delimitan a partir de este momento los rasgos de su joven y atractiva mujer”, continúa Alarcó.
El cuadro comenzó a pintarse en 1932, cuando vivían en Alemania. Beckmann daba clases en Fráncfort. Con la llegada al poder de los nazis, el pintor fue despedido de su puesto como profesor en 1933. Decidieron marcharse, sus vidas corrían peligro. Fue entonces que empezó a retocar la obra. Por ejemplo, la sonrisa de Quappi es modificada hasta tener la preocupación de la época.
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III
Huyeron juntos a Ámsterdam. Desde allí leyeron en los diarios que el régimen nazi catalogó sus obras como “arte degenerado”, una categoría usada por el Tercer Reich en 1937 en una de las apuestas más infames de la historia del arte: controlar la cultura en Alemania. Las obras de Beckmann, pero también de Chagall, Dix, Ernst, Grosz, Kandinsky y Kokoschka, entre otros 122 artistas, fueron ridiculizadas en público.
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Ya nada importaba. No era sólo una batalla ideológica. El nazismo asesinaba a millones de personas. Siguió pintando, pero sus obras se volvieron más oscuras, más intensas, fruto del dolor de la época. En 1947, el matrimonio abandonó Ámsterdam, cruzó el Océano Atlántico y llegó a los Estados Unidos. Primero, Misuri; después, Nueva York.
Beckmann murió en 1950 de un ataque al corazón cuando se dirigía al Museo Metropolitano a una exposición de su obra. Desde que Quappi lo conoció, jamás se separó de él. Estuvieron juntos en todo momento, en los buenos y en los malos. Él la pintó en varias ocasiones. Quappi con suéter rosa no sólo es una obra hermosa, también se percibe allí el amor y la admiración que el pintor le tenía. Hoy está en el Museo Thyssen-Bornemisza.
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