
Enero Rey, parado firme sobre el bote, las piernas entreabiertas, el cuerpo macizo, lampiño, el vientre hinchado, mira fijo la superficie del río, espera empuñando el revólver. Tilo, el muchachito, arriba del mismo bote, se dobla hacia atrás, la punta de la caña apoyada en la cadera, girando la manivela del reel, tironeando la tanza: un hilo de bri-llo contra el sol que se va debilitando. El Negro, cincuentón como Enero, abajo del bote, metido en el río, con el agua hasta las pelotas, también doblándose hacia atrás, la cara colorada por el sol y el esfuerzo, la caña arqueada, desenrollando y enrollando la tanza. La ruedita del reel que gira y la respiración como de asmático. El río planchado.
Muévanla, muévanla. Zaranden, zaranden. Que se despegue, que se despegue.
Después de dos, tres horas, cansado, medio harto ya, Enero repite las órdenes en un murmullo, como si rezara.
Se marea. Está adobado por el vino y el calor. Levanta la cara, los ojitos rojos, hundidos en el rostro inflamado, se le encandilan y ve todo blanco y se pierde y se quiere agarrar la cabeza y se le escapa un tiro al aire.
Tilo, sin dejar de hacer lo que está haciendo, tuerce la boca y le grita.
¡Qué hacés, asoleado!
Enero se repone.
No pasa nada. Ustedes sigan. Muévanla, muévanla. Zaranden, zaranden. Que se despegue, que se despegue.

¡Sube! ¡Está subiendo!
Enero se inclina sobre el borde. La ve venir. Un manchón bajo la superficie del río. Le apunta y dispara. Uno. Dos. Tres balazos. La sangre sube, a borbotones, lavada. Se incorpora. Guarda el arma. La ajusta entre la cintura del short y el lomo.
Tilo desde arriba del bote y el Negro desde abajo del bote, la levantan. La agarran por los vo-lados grises de la carne. La tiran adentro.
¡Guarda la chuza!
Dice Tilo.
Agarra la cuchilla, separa el espolón del cuerpo, lo devuelve al fondo del río.
Enero apoya el traste en el asientito del bote. Tiene la cara sudada y siente un zumbido en la cabeza. Toma un poco de agua de la botella. Está tibia, toma igual, tragos largos, y el resto se lo echa en la mollera.
Trepa el Negro. La raya ocupa tanto lugar que casi no hay dónde poner el pie sin pisotearla. Le calcula unos noventa, cien kilos.
¡Fiera la bicha vieja!
Dice Enero, dándose una palmada en el muslo y riendo. Los otros también se ríen.
Dio pelea.
Dice el Negro.
Enero agarra los remos y enfila para el medio del río y después tuerce e l rumbo y sigue remando, orillando la costa hasta donde armaron campamento.
SIGA LEYENDO
Últimas Noticias
Textos de IA o escritos por humanos: qué halló un estudio al medir la preferencia de los lectores
Una investigación publicada en Judgment and Decision Making comparó relatos cortos de temática similar y midió interés, absorción y calidad percibida. Los generados por ChatGPT obtuvieron valoraciones más altas en ambas dimensiones

7 libros que muestran la fuerza de las autoras latinoamericanas
La selección recorre desde la crónica patagónica hasta el folkhorror brasileño, con historias sobre cárceles, fronteras, guerras domésticas y pueblos arrasados que amplían el mapa literario de la región

Werner Herzog recibirá la mayor distinción honorífica del Festival de Cine de San Sebastián
El director alemán de ‘Aguirre, la ira de Dios’ y ‘Fitzcarraldo’ protagonizará la gala de apertura del certamen vasco, donde también presentará su nueva película ‘Bucking Fastard’
Los 12 libros que no hay que perderse en la Feria de Editores 2026
La FED reúne este fin de semana a sellos de todo el país, con una oferta que incluye títulos de Romina Paula, Renata Schussheim, Santiago Gerchunoff, Belén Mentasti e Inés Ulanovsky, entre otros

Sofía Balbuena, una escritora entre Salto y Madrid: “Cuento la mugre de ser mujer”
Este año se llevó el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve por un libro cuyas protagonistas no son heroínas. "El gesto feminista es romper, me parece infantil", dice. Se presenta esta tarde en la Feria de Editores.


