Revistas culturales autogestivas: la mirada diferente que busca el regreso a la reflexión

En este diálogo, los editores de "Polvo", "El Flasherito" y "Aguinaldo" reflexionan sobre la importancia de un abordaje periférico en tiempos de clickbait y textos cortos, el trabajo colectivo y sus estrategias de subsistencia, entre otros temas

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Mientras el auge de lo virtual esclaviza a gran parte del periodismo a la brevedad y el impacto, las revistas culturales autogestivas continúan apostando a una agenda de contenidos diversa y periférica, a la vez que encuentran distintas estrategias de subsistencia sin dejar de lado un formato extenso, reflexivo y crítico.

Con una edición a doble comando entre Chivilcoy -el corazón de la pampa bonaerense- y la ciudad de Buenos Aires, la revista digital Polvo se propone desde el año 2014 indagar en el terreno cultural a partir de lineamientos narrativos, periodísticos, literarios, filosóficos, humorísticos y audiovisuales, según se presentan desde su web.

“Llevamos seis años y eso es un montón para la lógica fugaz de la época. Montar una revista digital es fácil; lo difícil es mantenerse en el tiempo y sostener la convicción, sobre todo cuando el mundo tiende a la viralización, a los resultados inmediatos, a la fama idiota y a ‘pegarla’. Lo nuestro va por otro lado”, se planta Luciano Sáliche, editor de la Revista Polvo junto a Federico Capobianco.

La revista Polvo surgió como proyecto colectivo y en estos seis años se colectivizó aún más: “No pensamos desde un yo, sino desde un nosotros que tiene por objetivo jugar a contramano de los grandes discursos masivos y ofrecer una mirada alternativa, inteligente, genuina y honesta”, dice Sáliche.

“Escribimos cuando algo nos interpela de tal modo que nos empuja a decir algo. Polvo funciona como un espacio de catarsis pero también como experiencia reflexiva. Escribimos para desentramar ideológicamente lo que nos aliena y lo que nos fascina. No tenemos la pretensión de correr detrás de la coyuntura. No escribimos porque tenemos que hacerlo, sino porque lo necesitamos”, sostiene el periodista.

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Polvo, que funciona exclusivamente en formato digital, no tiene financiación: “Es un problema porque vivimos de otros trabajos y no le podemos dedicar el tiempo que quisiéramos, pero también es una ventaja porque no hay otro motor más que el deseo”, afirma.

“¿Cómo definiríamos la esencia de la revista? Bueno -expresa Sáliche-, nos gusta el fuego. Y solemos estar enojados. Como estamos en el terreno de lo metafórico, diré que Polvo es una revista resentida que se escribe con un bidón de kerosene en una mano y un encendedor en la otra”.

En plena pandemia, acaba de salir en formato papel la edición número 18 de El Flasherito Diario, una publicación nacida en 2013 que llevan delante de manera colectiva Leo Estol, Andrés Aizicovich, Liv Schulman, Alfredo Jaramillo, Sofía Reitter y Lenny Liffschitz; artistas y periodistas que embanderan la idea de que, si el arte contemporáneo funciona como un campo de pensamiento alternativo, la escritura sobre esa disciplina cumple un rol social más analítico y directo.

“Empezamos con el apetito de inventar una revista desenfadada y a la vez que fuese un espacio abierto para pensar el arte de nuestro tiempo, con su precariedad y sus desafíos constantes. Somos una publicación escrita por artistas y periodistas. Discutida por sociólogos y tribus afines. Apoyada por coleccionistas y galerías pero sobre todo, apoyada por nuestros colegas, que la compran o que nos donan para que sigamos saliendo en papel”, cuenta Leo Estol, artista, periodista y uno de los fundadores de El Flasherito.

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Críticas, poesías, ilustraciones, entrevistas, historietas e incluso chismes del mundillo del arte conforman la edición número 18 del diario que promete “haber alcanzado la mayoría de edad” y que se puede solicitar en la web, donde –fiel al formato virtual- mantienen la premisa de ser breves respecto a exposiciones, libros, música o películas. Pero la apuesta, aseguran, es a la edición en papel, un formato que “contiene, cobija, es una fuga necesaria, una pausa”, enumera Estol.

El Flasherito se propone “examinar, buscar, conectar cosas y poder ver lo cotidiano desde otro lado. Encontrar un pliego que nos encienda, que nos devuelva más ganas de seguir afinando nuestras investigaciones. Nos gustaría expresar transformaciones en la matriz de la sociedad”, asegura el artista y periodista.

“Creemos que la crítica bajo el sesgo del imperativo reseñístico es superficial. En el Flasherito buscamos, además de contar las obras, pensar también nuestra época y generar nuevas herramientas para darle espesor a nuestros problemas. Las obras son instancias decisivas de nuestra cotidianeidad”, señala Estol.

“¡Financiar una publicación es una peripecia apasionante y agotadora! Hemos probado muchas formas de hacer El Flasherito”, dice Estol sobre la revista que, para este reciente número, tiene a su disposición la logística de distribución de Fundación Andreani.

La revista semestral Aguinaldo celebró un año de nacimiento con el lanzamiento de una edición especial y una maratón de escritura que reunió a 24 escritores –entre ellos Mario Bellatin, Lolita Copacabana, Santiago Llach, Dani Umpi y Tamara Tenenbaum- y que se puede ver en su canal de YouTube.

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“Editamos contenidos que den cuenta de los fenómenos que nos atraviesan con una mirada incisiva y curiosa, fuera de la histeria que prevalece en los medios tradicionales. Somos una revista que defiende la profundidad, la pluralidad y la paciencia como conductores para amplificar ideas. Nuestro objetivo es entregar una revista que se preste a una lectura íntima y atemporal, que invite a sumergirse en pequeños mundos de información”, detalla Josefina Blattmann, editora de Aguinaldo junto a Mateo Mórtola, Santiago Marini y Francisco Gutiérrez.

Cada edición cuenta con un eje temático: tópicos universales y recurrentes como el miedo, la ansiedad, la muerte, la productividad, la rutina, los hábitos y las relaciones amorosas han dado forma a cada número de esta revista cultural que se vende en librerías de capital, gran Buenos Aires y Rosario y que, también, hace su apuesta por el formato en papel.

“A pesar de este contexto árido, en un año pudimos editar tres publicaciones que nos encantan y que reunieron a grandes escritorxs e ilustradorxs. Nos enorgullece que esta revista, que es en papel, pesada, de contenidos largos y eclécticos, pueda generar tanto interés”, agrega Josefina Blattmann.

Aguinaldo -según cuenta la editora- se financia con los eventos que organizan, publicidad y ventas desde su sitio web, además de haber recibido en sus comienzos una beca creación del Fondo Nacional de las Artes.

“Poder hacer todo eso de un modo absolutamente autogestivo e independiente es algo que sigue sorprendiéndonos y que, esperamos, motive a más personas y colectivos a realizar publicaciones culturales en el país”, anhela la editora.

Fuente: Télam

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