
Nuestra belleza del día integra una serie de quince obras que el gran Camille Pissarro -hoy se cumplen 190 años de su nacimiento- pintó en París desde la ventana de su hotel, situado en la place du Théâtre Français, durante el invierno de 1897 y 1898. Pissarro había vivido casi siempre en el campo y su obra estaba básicamente compuesta por paisajes, pero sobre el final de su vida se trasladó a la ciudad por motivos de salud y comenzó a pintar lo que veía desde las ventanas, por lo que hay imágenes que se repiten en estos últimos cuadros pero con luz y clima diferente.
En términos de estilo, este período de su vida coincide con su regreso al impresionismo -el suyo es uno de los nombres clave del movimiento en su sentido más puro, junto con los de Monet y Sisley- luego de experimentar con el puntillismo bajo la influencia de Seurat. “Mis ideas no son quizá muy estéticas pero estoy contento de pintar estas calles de París de las que se opina a menudo que no tienen carácter. Son muy diferentes, muy modernas”, escribió el artista. Pisarro es uno de los fundadores del movimiento impresionista y participa en todas las exposiciones del grupo (que se dan entre 1874 y 1886).
El franco danés Jacob Abraham Camille Pissarro, más conocido como Camille Pissarro nació en Saint Thomas, Antillas, el 10 de julio de 1830 y murió en París el 13 de noviembre de 1903. Heredó el interés por pintar la luz (y los efectos atmosféricos) de la Escuela de Barbizon, fundamentalmente de su maestro Corot. De ahí toma también la convicción de que para un artista es central trabajar al aire libre. Sus cuadros de temática urbana, pintados cuando ya tenía serios problemas con la vista, convierten a quien fue maestro de los paisajes rurales (Cézanne, Gauguin y Mary Cassatt fueron sus discípulos) en uno de los grandes retratistas de la ciudad moderna.
Según los curadores del Museo madrileño Thyssen-Bornemisza -la obra forma parte de la colección permanente-, es en esta pintura donde la relación entre la modernización urbana de la capital francesa llevada a cabo por Napoleón III y la nueva pintura impresionista tiene su mejor demostración.
Una propiedad polémica
Además de por su calidad, este cuadro es famoso por una polémica acerca de su propiedad, que por otra parte no deja de ser una paradoja si se tiene en cuenta el origen del propio Pisarro, cuyo padre era un judío sefardí nacido en Portugal y con nacionalidad francesa. Su madre era dominicana. Años después de ser pintado, en 1939, los nazis obligaron a su propietaria, Lilly Cassirer, a venderlo para salvar su vida.
Los herederos de Cassirer reclamaron la obra y llevaron ese reclamo a la Justicia en Estados Unidos, donde en marzo de 2019 un tribunal de Los Ángeles desestimó el pedido, dando por válido el argumento de la Fundación Thyssen, que alegó desconocer su historia antes de la compra, por lo que no se los pudo considerar cómplices del expolio nazi. Según consta en una nota que puede leerse en la página online del museo, el Juez del Distrito Central de California John F. Walter contempló además en su fallo que la familia Cassirer había sido compensada por el gobierno alemán en 1958.

El nieto de Lilly Cassirer, Klaus (Claude), descubrió en el año 2000 que el cuadro estaba expuesto en el museo de Madrid. Habían pasado siete décadas de la venta forzosa que los nazis le impusieron a su abuela. En 2005, el hombre llevó el asunto a los tribunales y a su muerte, en 2010, fueron sus hijos quienes siguieron el juicio exigiendo la restitución básicamente por un apego emocional, aunque se estima que la obra debería tener en el marcado hoy un valor aproximado a los 10 millones de euros.
En marzo de 1939 Lilly Cassirer dejó el cuadro en manos de Jakob Scheidwimmer, un marchand vinculado con el régimen nazi, quien lo vendió por una suma que hoy sería el equivalente a 300 euros. El comprador era un reconocido miembro del partido nazi. El episodio ocurrió pocos meses después de la ominosa Noche de los cristales rotos, en la que tropas de asalto del Führer y grupos de ciudadanos comunes alemanes lincharon a ciudadanos de la comunidad judía y destruyeron e incendiaron sinagogas, negocios y otras propiedades de estas mismas personas, con el resultado de cerca de un centenar de asesinados, detenciones y deportaciones de judíos. La venta del cuadro por esa cifra miserable permitió sin embargo que Lilly Cassirer y su familia consiguieran las visas necesarias para viajar a Inglaterra y así salvar sus vidas.
En 1976 Rue Saint-Honoré, por la tarde. Efecto de lluvia ya había regresado al mercado luego de años de estar en manos de propietarios nazis y de que se perdiera luego por algunas décadas el rastro del lienzo. Fue adquirido en una galería de Nueva York por el el barón Hans-Heinrich Thyssen-Bornemisza, que pagó por el cuadro 275.000 dólares. Desde 1993, el núcleo más valioso de la pinacoteca de los Thyssen pertenece al estado español, que llegó a un acuerdo con la familia para que las obras -muchas de ellas ejemplos únicos de movimientos o artistas ausentes en los museos españoles- permanecieran en el país con el fin de complementar las colecciones del Museo del Prado y el Reina Sofía.
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