
Corría 1939. Faltaban días para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo ya había montado su reino del terror. Miles de judíos intentaban huir de Alemania. Una de ellas era Lilly Cassirer, que recibió un pedido de soborno humillante. Un oficial nazi le pidió que le entregara una valiosa pintura de Camille Pissarro a cambio de su visa para poder dejar el país. Lilly la entregó y logró escapar. Su hermana murió en el campo de concentración de Theresienstadt.
Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de la lluvia es parte de una serie de óleos que Pissarro pintó con la vista desde la habitación de su hotel en París, entre 1897 y 1898. El impresionista danés vendió la pintura de 75 centímetros de alto al padre de Lilly, quien la heredó tras su muerte.
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Al final de la guerra, Lilly se sumó a grupos de sobrevivientes judíos que con la ayuda de las fuerzas aliadas victoriosas intentaban recuperar las obras de arte de las que se habían apropiado los nazis. No pudo localizar su cuadro. Años después, el Gobierno alemán le ofreció a Lilly una compensación de 13.000 dólares y el caso pareció cerrado. Sin mucha esperanza, la sobreviviente del Holocausto le cedió los derechos del cuadro a su nieto Claude antes de morir.
En su casa de San Diego, California, Claude Cassirer tuvo siempre una copia del cuadro colgada en su comedor. Hasta que en el año 2000 recibió un llamado de un viejo conocido: había localizado el cuadro.
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La obra de Pissarro había cambiado de manos varias veces hasta que en 1976 una casa de arte de Nueva York se la vendió al coleccionista suizo barón Hans-Heinrich Thyssen-Bornemisza. Años más tarde, el gobierno español le compró su colección completa por cerca de 340 millones de dólares con la que creó el museo Thyssen-Bornemisza en Madrid. Allí reapareció a la luz pública Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de la lluvia.
Cassirer contactó al museo y pidió que le restituyeran el cuadro. Pero la negativa fue rotunda.

Entonces decidió iniciar una demanda judicial en la Justicia de los Estados Unidos. Los abogados del museo alegaron, primero, que la soberanía española le brindaba inmunidad a la obra. Cuando una corte de apelaciones desestimó ese argumento, sostuvieron que ya había expirado el plazo legal para hacer un reclamo sobre la propiedad de la obra. Un juez le dio la razón a los españoles, pero tras la apelación, otro magistrado ordenó la realización de un juicio.
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Claudio Cassirer falleció en 2010. La batalla judicial fue continuada por su hijo David, que este martes estará en la Corte Federal de Los Ángeles, ante el juzgado de John F.Walter, para el comienzo del juicio que decidirá quién es el legítimo titular de los derechos de la pintura.
Otros casos similares han pasado por los tribunales estadounidenses. El más célebre fue cuando en 2006 la Corte Suprema obligó a Austria a devolver cinco cuadros de Gustav Klimt valuados en USD 150 millones a Maria Altmann.
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El actual pleito ocurre mientras los Estados Unidos y los países europeos redoblan los esfuerzos para terminar de reparar el daño ocasionado por el robo de piezas de arte por parte del nazismo. Se calcula que de unas 600 mil pinturas robadas, todavía unas 100 mil permanecen sin localizar. "España es uno de los países que casi no ha hecho ningún esfuerzo para colaborar", con estas reparaciones le dijo a Los Angeles Times Staurt E. Eizenstat, consejero del Departamento de Estado para asuntos del Holocausto.
Una pregunta clave que se deberá dilucidar en el estrado del juez Walter es si la procedencia del cuadro estaba clara para el barón Thyssen-Bornemisza y las autoridades españolas.
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David Boies, abogado de la familia Cassirer, no tiene dudas. Afirma que ambos hicieron esfuerzos para ocultar su procedencia, incluida la rotura de las estampillas en la parte posterior del cuadro que se utilizan para tener un seguimiento de sus diferentes dueños. Desde ya, los abogados españoles sostienen que el barón y el museo compraron el cuadro de buena fe sin la menor idea de su origen. Agregan, como muestra de que nada quisieron ocultar, que el cuadro siempre estuvo exhibido al público. Y culminan con que el dinero que cobró Lilly Cassirer del gobierno alemán inhibe de cualquier reclamo ulterior a su familia.
Para los Cassirer, en cambio, ha llegado el momento de que se haga justicia y de que el cuadro de Pissarro vuelva a la familia que lo recibió de su autor.
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