40 años sin Vinicius de Moraes, el gran poeta de la bossa nova y seductor a tiempo completo

Músico, escritor, periodista, crítico de cine y diplomático, el legado del autor de "Garota de Ipanema" sigue vigente. En esta nota, un recorrido por los hitos de la vida del artista brasileño más internacional de todos los tiempos

Vinicius de Moraes
Vinicius de Moraes

Nacido en el hermoso barrio Jardín Botánico, en la zona Sur de Río de Janeiro, Vinicius de Moraes fue uno de los grandes personajes de la cultura brasileña del siglo XX. Además de uno de los protagonistas centrales de la Música Popular Brasileña (MPB), fue escritor, poeta, periodista, crítico de cine, diplomático, seductor a tiempo completo y bebedor consuetudinario. Durante casi 67 años de vida creó una gama de producciones literarias y musicales memorables. Irónico pero nada liviano, se auto proclamaba “el blanco más negro de Brasil”. Según su amigo Carlos Drummond de Andrade, el poeta brasileño más importante del siglo XX, “Vinicius es el único poeta que se atrevió a vivir bajo el signo de la pasión. Quiero decir, del estado natural de la poesía”. Este 9 de julio de un extraño e inesperado 2020 se cumplen 40 años de su muerte, ocurrida una mañana de 1980 a causa de un edema pulmonar.

“Vinicius tenía dos grandes rasgos: la generosidad y el humor. Decía que lo peor del mundo es la gente grosera y, después, la gente mezquina. Según él, la gente mezquina con las cosas materiales también lo es con los sentimientos. Tampoco soportaba a la gente sin sentido del humor. Solía decir que, a veces, es mejor alguien sin carácter que alguien sin humor. Él, bromeando, me presentaba así a la gente: ‘¿Conocen a mi viuda? Gilda Mattoso'. Yo me enojaba, pero después me reía al pensar que para él tal vez eso significaba que íbamos a estar juntos para siempre. También decía que el mejor amigo del hombre es el whisky, que es ‘¡el perro embotellado!‘”, recordó Gilda Matosso, una de sus nueve esposas.

Marcus Vinicius da Cruz de Melo Moraes -le debía su nombre a la devoción materna por la novela Quo Vadis? de Henryk Sienkiewicz- nació el 19 de octubre de 1913. Sus padres se llamaban Clodoaldo Pereira da Silva Moraes, un funcionario y poeta, y Lydia Cruz de Moraes, una pianista. Tenía tres hermanos: Lygia, Helius y Laetitia. A los 16 años se graduó en Literatura en el Colegio jesuita Santo Inácio. Cursó Derecho en la Facultad Nacional de Río de Janeiro, ahora Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y se recibió en 1933, el año en que lanzó su primer libro, El camino a la distancia. En 1938, ganó una beca del British Council para estudiar Literatura Inglesa en Magdalen College, Universidad de Oxford.

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En 1939, comenzó a trabajar como periodista, trabajando para la British Broadcasting Corporation (BBC) en Londres. En 1940, empezó a escribir una columna sobre cine en el periódico A Manhã. En 1943, aprobó un concurso del Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) para actuar como diplomático: como tal trabajó en Estados Unidos, Francia y Uruguay. En ese tiempo también trabajó en periódicos y revistas como: O Jornal, Diário Carioca, Guidelines, The Vanguard, Última Hora y Facts and Photos, y semanarios de la época como Flan, Senhor y Pasquim.

Primer hito

Como dramaturgo su autoría de la obra Orfeu da Conceição, basada en el mito griego Orfeo, es un hito en su historia artística. Fue el primer trabajo conjunto con Tom Jobim, una asociación fructífera y gratificante que se convirtió en una de las más relevantes en la historia de la música popular del Brasil. Se cuenta que en solo 15 días produjeron el corpus del programa, con canciones icónicas como Lamento do morro y Si todos fueran iguales a ti. La obra se estrenó el 25 de septiembre de 1956 en el Teatro Municipal de Río de Janeiro, con el célebre arquitecto Oscar Niemeyer nada menos, como responsable de la escenografía. Fue la primera vez que los actores negros subieron al escenario de esa sala. La obra se convirtió en una película dirigida por el francés Marcel Camus y ganó la Palma de Oro de 1959 en el Festival de Cine de Cannes y el Premio a la Mejor Película Extranjera en los Oscar y los Golden Globe Awards de 1960.

De frente a la izquierda, Vinicius de Moraes, Diogo Pacheco, Paulo Autran, Cyro Monteiro y Carlos Lyra el 10 de diciembre de 1965, en São Paulo, Brasil
De frente a la izquierda, Vinicius de Moraes, Diogo Pacheco, Paulo Autran, Cyro Monteiro y Carlos Lyra el 10 de diciembre de 1965, en São Paulo, Brasil

Cuenta Caetano Veloso en su libro Verdade tropical: “Cuando se estrenó Orfeo Negro yo tenía 18 años. Todo el público y yo nos reíamos y avergonzábamos de las falsedades descaradas que aquel cineasta francés se había permitido para crear un producto exótico y fascinante (...) Es sabido que Vinicius de Moraes, autor del drama en que basó el largometraje, salió furioso de la sala de proyección durante un preestreno organizado por los productores. Sin embargo, la fascinación funcionó con los extranjeros: el filme resultó ser (para personas de niveles culturales muy diversos) no sólo una conmovedora versión moderna y popular del mito griego, sino también una revelación del país paradisíaco en que se había rodado”.

Esa canción

Por sobre todas las cosas y para la posteridad, Vinicius es el letrista de Garota de Ipanema, la canción más famosa de su país en el mundo -versionada por Frank Sinatra, Madonna, Nat King Cole, Ella Fitzgerald y Amy Winehouse entre otros artistas de una larga lista- e icónica de la bossa nova, firmada en sociedad con Antonio Carlos Jobim. La historia no por tantas veces repetida, de cómo y cuándo la escribió, resume quién era y cómo creaba belleza. Sentado en una mesa del bar Veloso (hoy lógicamente rebautizado con el nombre de la canción), a una cuadra del mar, el poeta veía pasar una menina de 17 años camino a la playa de Ipanema. Suficiente para inspirarse.

Garota de Ipanema con Tom Jobim

Se hable, comprenda portugués o no, estos versos son inolvidables y están para siempre en un hipotético inconsciente colectivo global. “Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça / É ela a menina que vem e que passa / Num doce balanço caminho do mar. / Moça do Corpo dourado, do sol de Ipanema / O seu balançado é mais que um poema / É a coisa mais linda que eu já vi passar”.

En un texto de puño y letra escrito en 1965, Vinicius contó la verdadera historia. “Su nombre es Heloisa Eneida Menezes Páez Pinto, para todos Heló. Hace tres años ella pasaba por la esquina de Montenegro y Prudente de Morais, hacia la playa, y para nosotros era demasiado… Desde nuestro puesto de observación, en Veloso y bajando una cervecita, Tom y yo enmudecíamos cada vez que ella venía. El aire se volvía más volátil como para facilitar su maravilloso andar”. Muchos años después y con la fama a cuestas, Heló Pinheiro contó: “Sólo sabía que eran intelectuales y artistas, nada más. Yo pasaba y ellos me silbaban y me decían: ‘oye, bonita, ven aquí’, bromeaban conmigo. Yo era muy tímida pero me sentía halagada y hasta ponía una postura mejor”. Hoy la calle de Montenegro se llama Vinicius de Moraes y el Bar, obviamente, Garota de Ipanema.

Helô Pinheiro
Helô Pinheiro

En agosto de 1962, tocaron la canción por primera vez en público en un bar de Copacabana junto con el cantante y guitarrista João Gilberto, padre espiritual de la bossa nova, la sutil combinación samba + jazz que definió un sonido y una era a partir de su particular manera de tocar la guitarra y cantar como en un susurro. La primera grabación comercial se publicó en 1963 y un año más tarde, una versión en inglés grabada por Astrud Gilberto en Nueva York junto al saxofonista Stan Getz la volvió universal. Por si faltaba algo más en 1967 Frank Sinatra llamó por teléfono al mismo bar, pidió con Jobim (que no se creyó en un principio la autenticidad del llamado) y lo invitó a grabar la canción. En la década de Los Beatles, el dulce sonido de la canción sobre la chica dorada por el sol de Río se volvió carnet de identidad y símbolo del país-continente de Sudamérica.

Y todo lo demás

Además de Jobim compuso con Edu Lobo, Baden Powell, Ary Barroso, Carlos Lyra y sobre todo con Antonio Pecci Filho, más conocido como Toquinho. El joven guitarrista paulista fue su compañero durante 11 años: juntos protagonizaron varios y exitosos espectáculos alrededor del mundo -entre ellos, la célebre serie de conciertos en el café concert La Fusa de Buenos Aires-, grabaron más de 15 álbumes (la obra infantil A arca de Noé fue un gran suceso en Brasil) y produjeron varias de las más popular bandas sonoras de telenovelas como O bem amado y Gabriela, además de la adaptación brasileña del musical Jesucristo Superstar.

Garota de Ipanema: Sinatra & Jobim

Se cuenta que era alegre, amigable y tenía un agudo sentido del humor. Desde muy joven militó la vida bohemia, despreocupada y poco convencional. Forjó lazos estrechos con grandes nombres de la cultura universal, personajes como Pablo Neruda, Orson Welles, Jorge Amado, Oscar Niemeyer, Manoel Bandeira y Astor Piazzolla. Le encantaba cocinar. También le gustaba fumar y beber whisky. Siempre decía que era la bebida más “noble”, y la definió como la mejor amiga del hombre: “es el perro embotellado”, su definición favorita.

En 1966, Neruda le dedicó un soneto que, en esta fecha tan especial, bien podría ser un bello epitafio. O en todo caso el perfecto final para este texto. “No dejaste deberes sin cumplir / Tu tarea de amor fue la primera: / Jugaste con el mar como un delfín / Y perteneces a la primavera. / ¡Cuánto pasado para no morir! / ¡Y cada vez la vida que te espera! / Por ti Gabriela supo sonreír / (Me lo dijo mi muerta compañera). / No olvidaré que en esa travesía / Llevabas de la mano a la alegría / Como tu hermano del país lejano / Del pasado aprendiste a ser futuro / Y soy más joven porque en un día puro / Yo vi nacer a Orfeu de tu mano”.

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