
El célebre escritor brasileño Rubem Fonseca murió hoy a los 94 años al sufrir un infarto cuando se encontraba en su departamento, ubicado en el barrio de Leblon, de Río de Janeiro, informó su familia el diario O Globo.
El cronista brasileño, autor de La novela murió y José, fue trasladado al hospital Samaritano, en donde falleció hoy, un mes antes de cumplir los 95 años.
Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 11 de mayo de 1925) estudió Derecho y ejerció varias actividades antes de dedicarse de lleno a la literatura.
En 2003, fue distinguido con el Premio Camões, el más prestigioso galardón literario para la lengua portuguesa, por sus relatos atravesados por la crítica social.

Fonseca, uno de los más grandes narradores latinoamericanos de nuestro tiempo y que ha fascinado a varias generaciones, se inició en 1952 como comisario, en el 16º Distrito Policial, en São Cristóvão, Río de Janeiro, hasta ser exonerado el 6 de febrero de 1958.
Entre septiembre de 1953 fue elegido, junto con otros nueve policías cariocas, para especializarse en Estados Unidos, donde aprovechó la oportunidad para estudiar administración de empresas en la Universidad de Nueva York, y en junio de 1954 recibió una licencia para estudiar y después dar clases en la Fundación Getúlio Vargas.
Fue autor de la novela Agosto, en la que retrataba las conspiraciones que resultaron en el suicidio de Getúlio Vargas, y de El salvaje de la Ópera, en la que retrató la vida de Carlos Gomes.

Además dio vida en distintos cuentos y novelas a un personaje antológico: el abogado Mandrake, un conocedor del universo carioca que fue transformado en serie para la cadena de televisión HBO, con guiones de su hijo, José Henrique Fonseca, y con el actor Marcos Palmeira como protagonista.
Fonseca fue un autor y guionista de cine con una vasta obra en la que también hay lugar para la crónica, como La novela murió o una especie de sistematización de sus memorias o “recuerdos atropellados” a los que tituló José.
Entre sus novelas se encuentran novelas El caso Morel o Grandes emociones y pensamientos imperfectos, que son un ejemplo de su capacidad para construir tramas de gran complejidad conceptual y estructural, en las que prevalece el clima de un mundo febril y vertiginoso.
Fuente: Télam
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