
Cuando se piensa en la pintura de Antonio Berni se la suele asociar con sus dos personajes, Juanito Laguna y Ramona Montiel, con los que representaba a los sectores más pobres de la sociedad.
El pintor, grabador y muralista argentino dejó una obra enorme y sus orígenes humildes están presentes en diferentes manifestaciones, como sucede en Domingo en la chacra, un cuadro al que retocó en varias oportunidades y que solía presentar como nuevo.
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Esta obra “arrumbada”, como la llamó, es un gran óleo sobre arpillera (209 x 398 cm) y que puede apreciarse en la Colección Fortabat, en Buenos Aires, y fue la única pieza que se colgó el día de su sepelio público.
La obra fue presentada por primera vez en 1947, con el nombre El almuerzo en la galería Witcomb, luego en la Viau -como Almuerzo chacarero, 5 años después- y finalmente en 1974, en la marplatense Galería del Mar, como Domingo en la chacra.
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En una entrevista de Dardo Cúneo de 1947, Berni resaltó el carácter autobiográfico del cuadro, allí están su abuelo Victorico, su madre Margarita, posiblemente su hermana pianista, su amigo de la infancia Cañadita -de quien dijo podría haber inspirado a su Juanito Laguna-, primos, tíos; en resumen, las personas que habitaban su universo en Roldán, cerca de Rosario, durante sus primeros años de vida.
Berni comentó entonces que era “una obra inconclusa”, que “había quedado arrumbada” en su taller por 25 años, aunque en el ensayo El almuerzo del historiador de arte Roberto Amigo, se revela que en cada una de sus presentaciones la pieza estaba finalizada y que con los años fue tomando nuevas características.
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Entre los cambios más destacados a lo largo del tiempo se encuentran las variaciones de vestimentas y colores, pero sobre todos a dos personajes en particular: En la primera versión de la obra, la mujer del pañuelo en la cabeza poseía los rasgos y sobre todo el peinado de la imagen icónica de Eva Perón tras su gira Arcoiris por Europa, algo que tras la Revolución Libertadora podía traerle problemas. Otro cambio rotundo fue la inclusión de Juanito, la figura más vivaz de la pieza, que juega con un gato.
“La muestro al público con recientes retoques para dar el hilo conductor necesario a la comprensión de los actuales collages con el tema de Juanito Laguna”, dijo en 1974.
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Para su confección, toma elementos del muralismo de David Alfaro Siqueiros, con quien ya había trabajado -junto a otros consagrados- en el Ejercicio Plástico realizado en el sótano de la finca del director del diario Crítica, Natalio Botana, y que hoy puede apreciarse en el Museo del Bicentenario.
Berni nunca quiso vender en vida esta pieza. Para el día de su sepelio, el 13 octubre de 1981 en el Centro Cultural General San Martín, los artistas César Loza y Enio Iommi fueron a buscarla al taller que tenía en la calle Lezica.
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La obra que “representa tres generaciones de la familia Berni”, informaron los diarios entonces, fue puesta a la venta por su herederos en 1992, y adquirido por Amalia Lacroze de Fortabat or USD 413000.
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