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La belleza del día: “Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos”, de Frida Kahlo

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

frida khalo autorretrato en la frontera entre mexico y estados unidos
"Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos" (1932), óleo sobre metal, 31 x 35 cm, en Colección Manuel Reynoso, Nueva York
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La obra de Frida Kahlo es una de las más autorreferenciales de la historia moderna del arte. Realizó una gran cantidad de autorretratos y llevó al óleo muchos de los eventos más importantes de su vida, desde su orígenes familiares, su casamiento con Diego Rivera y hasta la rotura de se columna, que hacia el final de su vida la llevó a usar un corsé ortopédico. En ese sentido, Kahlo fue una constructora de su propio mito y hoy es una de las artistas latinoamericanas más reconocidas del mundo.

Entre 1930 y 1933, Frida y su pareja, el muralista Rivera vivieron en Estados Unidos. Los motivos de esa mudanza temporaria son varios, pero sobre todo políticos y económicos. En ese momento, en EE.UU. se vivía con interés el llamado “renacimiento mexicano” cultural, mientras que en México se apreciaba el creciente mercado del arte. Es que el muralismo en México pasaba su peor momento, con el gobierno de Plutarco Elías Calles se habían eliminado la mayoría de los encargos, se rescindieron contratos e incluso algunas obras, como La creación de Rivera, que se localizaba en la Escuela Nacional, habían sido destruidas o tapadas.

Luego, comenzaron las persecuciones a comunistas y ante la cárcel como destino, eligieron este exilio forzado. Vivieron en San Francisco, Nueva York y Detroit, donde Rivera -que ya había renunciado al comunismo por su giro estalinista- realizaba trabajos bien pagos.

Allí, Frida perdió por segunda vez un embarazo, que se tradujo en su famosa obra La cama volando (o Henry Ford Hospital), pero no es esa obra la que nos reúne, sino Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos, de 1932.

Esta pintura no es una de sus más famosas, siquiera corresponde a sus autorretratos más clásicos, esos que pueden verse en imágenes de la cultura pop, en remeras, bolsos o tazas, aunque aquí también reúne lo que estaba atravesando en ese momento. Frida se coloca en una frontera imaginaria, con un precioso vestido rosa y largos guantes, mientras su existencia está apoyada en un zócalo.

De un lado, representa a su país, con su relación con la naturaleza, las tradiciones, las flores y la creación humana, en sus esculturas y pirámides (el ídolo de la fertilidad y una calavera representan el ciclo de la vida), dominan la escena; del otro, el país que le hace de hogar, industrializado, donde no hay vida salvo la de las máquinas, un mundo donde lo gris predomina: la contraposición entre lo natural y lo artificial es evidente.

En el cielo las deidades Quetzalcoatl y Terzitlipoca, en el sol y la luna, se enfrentan al humo que se desprende de la fábrica Ford y los edificios que albergan el corazón del capitalismo, con sus banqueros y empresarios.

Para cuando realizó la obra, Frida estaba harta de vivir allí. En algunas cartas a amistades pueden leerse frases como “el gruinguerío no me cae del todo bien. Son gente muy sosa y todos tienen caras de bizcochos crudos (sobre todo las viejas)” o “es espantoso ver a estos ricos que celebran fiestas de día y de noche, mientras miles y más miles de personas mueren de hambre”.

Recordemos que Frida se considerada una hija de la Revolución Zapatista, si bien había nacido en 1907, solía decir que lo había hecho en 1910, año de la gran revuelta. Así, establecía que ella y el Nuevo México habían visto la luz el mismo año.

Hay un solo detalle que une a los dos mundos, vecinos pero diferentes: un generador de energía de EE.UU. roba el sustento a las flores de México, para dar electricidad al zócalo en el que ella se para. Así, la artista nacida en Coyoacán revela sus propias contradicciones, en la que su vida de entonces se encuentra partida entre sus raíces y el camino que debió seguir. Frida Kahlo se alimenta de los dos países, se encuentra dividida entre espacios disímiles pero necesarios para mantenerse de pie.

Durante esta época, Frida desea volver a su país, pero Rivera sigue fascinado con EE.UU. hasta que en diciembre de 1933, al gran muralista le rescinden el contrato en el Rockefeller Center por haber dibujado un obrero con el rostro de Lenin y, finalmente, regresan al sur.

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