
1970. El clímax
“¿Hablan en serio?”, preguntó el editor jefe de Ladies’ Home Journal (Diario Hogareño de las Damas) tras haber escuchado a todas esas chicas metidas en su despacho. Ladies’ Home Journal era una revista femenina que existía desde 1883, solía tener fotos de novias vestidas de blanco en sus tapas y vendía más de seis millones de ejemplares por mes; además, había sido un medio ideológico privilegiado por el gobierno para mandarles mensajes a las amas de casa en los años 50 con una premisa muy, muy clara: por sobre todo, había que saber cuidar a los maridos.
Varios grupos de activistas feministas habían decidido tomar las oficinas de la revista en la ciudad de Nueva York. En la mañana del 18 de marzo de 1970 entraron subrepticiamente al edificio —con planos hechos gracias a una de ellas, que antes había trabajado en la revista— e invadieron el lugar. Se presentaron ante el editor jefe y le explicaron que no pensaban irse hasta que no respondiera a una serie de reclamos. Entonces, le dijeron que exigían que la revista dejara de publicar publicidades que degradaban a las mujeres y fomentaban su explotación, que dejara de publicar artículos relacionados con las publicidades, que contratara a una editora jefa y a más mujeres para escribir las columnas, que también contratara a personas no blancas en proporción a la población de los Estados Unidos, que se habilitara un lugar para una guardería y que se eliminara la columna titulada “¿Se puede salvar este matrimonio?”, un consultorio sentimental administrado por un consejero varón, que respondía las consultas de las parejas y brindaba las supuestas soluciones, privilegiando a los esposos y bregando por la continuidad del matrimonio.
A grandes rasgos, las activistas acusaban a la revista por su enfoque en la belleza femenina y el trabajo doméstico; y objetaban el control masculino del contenido editorial y publicitario y la forma en que el consejo editorial —en su mayoría compuesto por varones— representaba a las mujeres. Entre otras cosas, mencionaron que la revista fingía que no existían las madres solteras y que nunca se hablaba de temas importantes como la sexualidad de las mujeres o la guerra de Vietnam. El editor parecía azorado, quizá se preguntara si todo eso no sería un mal chiste. Pero las activistas ya se habían instalado a esperar una respuesta y, mientras tanto, se decidieron a crear lo que llamaron El Diario Liberado de las Mujeres. Primero, colgaron una pancarta con ese título desde las ventanas del edificio, para llamar la atención de la gente que pasaba por la calle. La tapa mostraba a una mujer embarazada que sostenía un cartel que decía Trabajo no remunerado, y había titulares como: ¿Puede el matrimonio sobrevivir a la liberación de la mujer? Mientras las chicas fumaban los cigarrillos del editor, desparramadas por su despacho, él las miraba sin poder reaccionar. Las activistas ya se habían abocado a escribir los artículos para El Diario Liberado…, y sus títulos eran muy promisorios:
Cómo obtener un divorcio
Cómo tener un orgasmo
Qué decirle a tu hijo en edad de reclutamiento
Cómo los detergentes dañan nuestros ríos y arroyos.
Las feministas mantuvieron las oficinas del Lady´s Home Journal tomadas por once horas —en las que, según puede verse en los relatos y las filmaciones, también se divirtieron mucho— y lograron una parte de sus objetivos y, por sobre todo, llamar la atención sobre un enemigo oculto a la vista de todo el mundo: el adoctrinamiento patriarcal de este tipo de revistas.
Estas acciones de desobediencia civil feminista habían comenzado a ser frecuentes a partir de 1967: el objetivo consistía en asestar golpes inesperados en la vida cotidiana, iluminando los mecanismos que ayudaban a mantener la opresión de las mujeres y que hasta entonces estaban naturalizados. Era también una forma de propaganda, ya que las acciones producían escándalo y se convertían en noticia de los medios masivos, y de esta manera el movimiento le hacía conocer sus ideas a la población.
Las activistas involucradas en esta creativa protesta pertenecían a grupos con distintas tendencias y distintos modos; por esos años, había quienes organizaban acciones en espacios públicos, quienes bregaban por nuevos derechos en ámbitos políticos y quienes centraban su accionar en grupos de concientización o en redes de autogestión feminista. En los últimos tres años se había ido armando un amplio movimiento, conformado por una diversidad de organizaciones, grupos y colectivas de todo tipo, reflexionando y lanzándose a nuevas experiencias. Todas estas fuerzas convergieron en las calles el 26 de agosto de 1970, cuando se realizó la Huelga de Mujeres por la Igualdad. Los reclamos de esta huelga eran los siguientes: guarderías gratuitas abiertas las 24 horas, aborto libre y gratuito, e iguales oportunidades de trabajo y de educación. Se iniciaba la década del 70 y las ideas del Movimiento de Liberación de las Mujeres ya estaban dando la vuelta al mundo.
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