
Lo primero que hay que decir es que El público no es del todo una película, ni una obra de teatro, ni una caminata urbana. O que por ser todas esas cosas juntas es, sobre todo, una experiencia. El público es la obra pergeñada y dirigida por Mariano Pensotti con la que el Festival Internacional de Buenos Aires recibió a sus primeros espectadores / participantes este jueves, en una edición que tiene previstas más de 500 actividades culturales, organizadas por el Ministerio de Cultura de la Ciudad.
La experiencia empieza en la calle. Alguna parte del público de El público entra a una sala del Cultural San Martín y la otra parte del público de El público ocupa una sala -la Lugones- del Teatro San Martín. A la misma hora y en distinto lugar, empiezan a ver la proyección de una misma película que son, a la vez, once cortometrajes. Las historias de once personas que la noche anterior vieron una misma obra de teatro y que ahora viven las consecuencias de haber sido público. De haber estado expuestos a algún hecho artístico que ya no va a permitir que sean los que habían sido antes de entrar a esa sala. Una obra que los transforma.
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“¿Sabés? Anoche vi una obra de teatro en la que a un imitador de De la Rúa le surge la oportunidad de imitarlo en el Congreso. Y el tipo va y lo hace y nadie se da cuenta de que no es De la Rúa y a partir de ahí la vida le cambia. Y me quedé pensando: hay algunas cosas que cuando pasan te cambian la vida”, le dice el personaje de Juan Minujín a un hombre internado en un hospital bastante precario. El hombre acaba de decirle que le diagnosticaron cáncer terminal: esa es la cosa que pasó y que le cambió la vida.
La pantalla de la sala se tiñe de negro después de contar algunas historias más y entonces da una indicación en tipografía blanca: “El público debe aguardar en el hall para la siguiente etapa”. En el hall una banda de cinco músicos hace sonar cuerdas en amplificadores portátiles. Esos amplificadores que podrán trasladar por la avenida Corrientes, encabezando una fila bastante desarticulada de gente que atraviesa esa calle repleta de teatros que acaba de ver en la pantalla grande. Es que la locación de la experiencia, varias veces, coincide con las locaciones que Pensotti pensó para sus cortometrajes.
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Talcahuano y Corrientes, una pizzería en una esquina, un banco en diagonal, luces que van a estar encendidas hasta entrada la madrugada, es el escenario en el que el público de ambas salas se encuentra. De repente se cruzan y se miran y se dan cuenta, recién cuando ven otros cuerpos a los que les dieron indicaciones similares, que están siendo parte fundamental de la obra. Que esto no es una caminata sino una performance. Por eso una chica que viene desde Sarmiento y ve venir a la marea que camina por Corrientes sonríe como sonríen los bebés cuando se descubren en un espejo. Por eso otro chico apura el paso para quedar cerca del cartel que levanta una integrante del staff de la obra de Pensotti que dice “El público cruza la calle”, después de otro que dice “El público recorre locaciones de la obra”. Parece que caminara bien cerca para sentirse muy inmerso en la experiencia que enfila para el teatro Met Sura, destino final de El público.
Desde la vereda de enfrente a la de esa sala, decenas de personas que venían recorriendo Corrientes sin tener idea ni de la obra de Pensotti ni de, tal vez, el Festival Internacional de Buenos Aires, le ponen freno a su recorrida y miran. Algo de toda esa marea de gente y guitarras y carteles los convierte en espectadores: son el público del público de El público. Los ven pasar y saben que hay algo que sigue alguna pauta, algún guión. Esa mirada del que acaba de encontrarse con todos esos espectadores inmersos en la obra también confirma que se trata de una experiencia vivencial, más que de algo que empieza y termina en una pantalla o en el escenario.
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Dentro del Met Sura, misma sala en la que los personajes de la película habían visto la obra sobre el imitador de De la Rúa, se proyectan algunas historias más de esos personajes. Se superponen argumentos a favor de que una obra artística se te mete en la vida. Hasta que la pantalla proyecta la imagen de todos los que están en ese mismo momento dentro de la sala: todo el público que fue a ver El público y que ya no puede escapar del mensaje que quiere decir que los espectadores son parte de la obra. Que la transforman y son transformados por esa experiencia artística. Y que acaba de empezar un festival que tendrá varias oportunidades para que eso vuelva a pasarles: cada vez que se acerquen a algún espectáculo teatral, musical, de artes visuales o de danzas estarán corriendo el riesgo de asomarse a algo que les cambie la vida.
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