Suele suceder que aquello presentado como un camino hacia el futuro no quede sino como un mal recuerdo. En el campo de la tragedia histórica, se podría pensar en el Monumento a la Tercera Internacional del soviético Tatlin, un increíble despliegue arquitectónico de 400 metros que tendría como fin extenderse a los cielos mediante la luz y diseminarse en forma de mensajes revolucionarios emitidos desde su cúpula, que constaría de un sistema de ruedas y engranajes en eterno movimiento. Era, claro, una salutación al porvenir, truncada por la guerra civil, los límites técnicos y el ascenso del estalinismo. Sólo quedó una maqueta, que luego se perdió.
Como contrapunto a la tragedia histórica, la farsa en su punto paroxístico podría condensarse en el ex presidente Carlos Menem prometiendo a niños de Jujuy un futuro que realizaría la Argentina con la construcción de una nave aérea que permitiría llegar a Japón en dos horas. Su discurso y el afiebrado pronóstico habían sido, se supo después, fruto de una apuesta tras bambalinas. Ese recuerdo del futuro quedó como archivo audiovisual para todas las generaciones. Tal vez la película Cartero, que transcurre en 1995, no sólo muestre como recuerdo una historia de aquella época menemista, sino que quizás también se refiera a nuestro presente.
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El film, dirigido por Emiliano Serra, se posa sobre Hernán Sosa (Tomás Raimondi, que ofrece una fresca y muy buena interpretación y cuyo personaje no esquiva casi ninguna escena de la película), un joven del interior de la provincia de Buenos Aires llegado a la capital para estudiar y que encuentra un trabajo en el Correo, un ente estatal entonces.
Un primer oficio para Hernán en medio del esplendor del menemismo, de los despidos, el ajuste, los recortes y las privatizaciones. Los trabajadores de mayor antigüedad desconfían de aquellos jóvenes que ingresan por menores salarios y paupérrimos derechos laborales, pero salvo algún exabrupto se los integra al núcleo y se les enseñan las técnicas y marcas de un oficio que también tiene sus secretos. Algunos, demasiado secretos.
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La película no hace una oda panfletaria a los trabajadores postales, muestra también algunos comportamientos dudosos que podrían lindar el delito, vicios de los que participan incluso los carteros de mayor ascendencia entre sus pares. Así, Hernán debe aprender sus posibilidades en el trabajo así como sus límites, a la vez que conoce personajes tanto en el ámbito laboral (el cartero silbador, que una vez fue al programa de Roberto Galán) como entre las personas a las que les debe entregar correspondencia certificada y muchos telegramas de despido, que requieren de sus firmas. También reconoce a una vecina de su infancia en su pueblo y se pone como objetivo alcanzarla y entablar un vínculo, pero para ello debería romper uno de los límites secretos que un grupo de trabajadores le marca.
“La mitad en efectivo, la mitad en ticket canasta”. Así es el modo de pago de los nuevos carteros y en la tercerización, la tendencia al recorte de derechos laborales y salariales y al aprovechamiento de las necesidades más perentorias de la población es que se puede estimar que la película no se limita a mostrar los riesgosos años noventa, sino que es también un espejo de la actualidad.
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Es destacable el trabajo actoral de Raimondi, que recibió una mención de honor del BAFICI por su interpretación. La película cuenta con cortas participaciones de Germán Palacios y Edda Bustamante, y Gustavo Santaolalla está a cargo de la banda sonora. Su estreno está previsto para el jueves 7 de noviembre.
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