Por Adriana Riva

El sábado 6 de junio de 2015, mi mamá, mi tía, mi hermana y yo nos fuimos de viaje, en aut a La Pampa. Paramos en la basílica de Luján, almorzamos en un restaurante al costado de la ruta, fuimos al casino de Santa Rosa. Un día más tarde, llegamos a un pueblo remoto, con nombre de prócer, donde nacieron y se criaron mi mamá y mi tía. Tomadas de los codos, recorrimos sus calles polvorientas, pusimos pequeñas piedras sobre las tumbas de parientes y dejamos que la vista se nos empañara frente a una estación de tren abandonada. Antes de volver a Buenos Aires, manejamos hasta un charco de agua blanca, donde mi tía abrió las manos como un predicador y dijo: “Miren esta salina, ¿no es una maravilla?”. Mamá se rió. Yo me concentré en ese paisaje desabrido durante unos segundos más y no supe qué pensar.
PUBLICIDAD

Cuando hice el viaje, participaba de un taller de literatura en el que había que escribir un mínimo de 3.000 caracteres diarios. Cuando nos alcanzaba la noche y las demás se fundían en sus camas, yo prendía el velador, prendía mi computadora y prendía nombres, anécdotas y recuerdos del día en la pantalla. De esos apuntes nació, dos años más tarde, La sal. Una novela basada en hechos reales. Nada más atractivo que esa leyenda (¿salvo, tal vez, un cartel que diga “Prohibido”?). Nada más moldeado y manoseado y manipulado que un hecho real.

Mis notas de viaje fueron el núcleo duro para empezar a idear el libro (ahí quedaron, de hecho, en medio de todo). Un libro en el que quería que, como dice Natalia Ginzburg en Léxico familiar, “todos los lugares, actos y personas” que apareciesen fueran “reales, nada ficticio”. Por supuesto, no lo logré. Es difícil contar historias ajenas sin que interfiera la propia.
PUBLICIDAD

Durante años, pensé que mamá era un ovillo de incongruencias: era judía, pero no una judía como corresponde; era vulnerabl y a la vez engreída; hermosa y llena de prótesis dentales. ¿Podía lanzar al espacio estas afirmaciones conociéndola tan poco? ¿Podía conocer tan poco a mi propia madre? Sí. Y sí.
La sal está hecha de pequeñas verdades, pero el resultado no es una gran verdad. Algo así me pasaba cuando visitaba a una prima cocinera que horneaba unas tortas deliciosas. “¿De qué es la torta?”, le preguntaba yo. Ella nunca respondía “de chocolate” o “de vainilla”. Mientras se limpiaba las manos en el delantal, me decía: “De huevos, manteca, leche, harina…”
PUBLICIDAD

Con o sin viaje, lo que yo quería era escribir sobre mi mamá y atraparla como una mariposa exótica. Clavarle unos alfileres en las alas, enmarcarla y mostrársela al mundo. ¡Miren esto, miren esto! Conocer a mamá fue siempre como perseguir una mariposa que estoy a punto de atrapar. Entonces me resigné y de todos esos retazos reales armé una novela.
No hay nada inventado, lo juro. Salvo la mezcla.
PUBLICIDAD
Tampoco hay nada completo. Solo una versión retorcida de una nena que todavía tira de la manga de su mamá para que ella baje la vista y la mire.

*Fotos: gentileza de la autora
PUBLICIDAD
SEGUÍ LEYENDO
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Leo a J. M. Coetzee desde hace dos décadas y esta semana lo tuve enfrente: quise llorar y agradecerle, pero elegí no hacerlo
La charla con el escritor sudafricano premio Nobel, el pasado martes en la Feria del Libro, dejó una serie de sensaciones e impresiones personales que vale la pena compartir

Federico Andahazi: “La grieta cambió, lectores que disentían conmigo han vuelto a acercarse”
El escritor, que presenta su novela ‘El prisionero del yerbatal’, asegura que nunca vivió situaciones tensas por su postura política. “Tal vez porque mi producción literaria es anterior a todo eso”, reflexiona

Último fin de semana de la Feria del Libro: 5 recomendaciones para elegir buena literatura infantil
Esta es una lista de buenas oportunidades para sumar lecturas con compromiso, personajes divertidos y primeras novelas ideales para quienes están creciendo

La Bienal de Venecia, el mayor escenario de arte del mundo, tiene 8 pabellones que causan sensación
Artistas de renombre, performances audaces y espacios inesperados transforman la ciudad en un laberinto de debate y sorpresa, donde se encuentran la innovación y la controversia

El premio Nobel Mo Yan ya está en Buenos Aires: “Gracias Argentina por Borges y Cortázar, por Maradona y Messi”
En un acto realizado en el Salón Dorado del Teatro Colón, el escritor chino recibió el título de “huésped de honor de la ciudad” y en su breve discurso habló más de fútbol que de literatura



