
Terminó la cuenta regresiva que entusiasma a los amantes del arte. Hoy abre sus puertas al público arteBA, la feria internacional de arte contemporáneo de Buenos Aires, una de las más importantes de Latinoamérica, que hasta este domingo reúne 400 artistas, representados por 84 galerías de más de 30 ciudades del mundo. En su edición número 28, la feria presenta nuevo formato de exhibición, con diseño concentrado en dos sectores autónomos.
Ayer, antes de la inauguración oficial, el periodismo especializado recorrió la feria. Hay algunas joyas que sería una pena dejar de ver. Aquí 15 obras imperdibles de la feria.
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Pintor, dibujante, grabador, cantautor, docente universitario en la UBA y en la Cornell University y creativo en una agencia de publicidad, Jorge de la Vega desató este gran mural que está montado sobre tres bastidores. La obra, que perteneció a la colección del Diario Crónica hasta fines de los años 90, condensa la estética de la denominada etapa Pop-Psicodelia/Blanco y negro del artista (entre los años 1966- 1971). Un período marcado por la crítica ácida a la sociedad de consumo.

"Monumento al mendigo", de Pablo Suárez, en Maman
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En el stand de Maman Fine Art, Monumento al mendigo (2003), una escultura de Pablo Suárez, cuyo precio de venta es 250 mil dólares, condensa una problemática que hoy golpea a nuestro país. Agudo observador de su entorno, Suárez puso en el centro de sus obras la exclusión social y el dolor que ocasiona. Apasionado del boxeo, pintaba y esculpía los cuerpos con destreza. Sus modelos masculinos –él los denominó chongos– se alejan de los cánones de belleza impuestos socialmente.

También en el stand de Maman Fine Art, se exhibe el hipnótico Mobile argent sur noir (por 350 mil dólares), de Julio Le Parc, maestro del arte cinético y lumínico que este año será protagonista de dos muestras en nuestro país. En el CCK, tendrá una muestra antológica y en el MNBA presentará Le Parc. Transición Buenos Aires- París 1954-1959, que incluye sus primeras cajas de luz, obras que Yamile Le Parc, su hijo, al frente de todas sus muestras, caracteriza como el elixir Julio Le Parc: la esencia del maestro.
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En el stand de la galería francesa Jocelyn Wolff, la escultura Touching me (10 mil dólares), de Diego Bianchi, está hecha con poliuretano blando (suave, bello como piel lozana) y vidrio. Con el tiempo, ese cuerpo fragmentado -amasado a fuerza de incrustaciones de elementos cortantes que le dan funcionalidad, como el celular provee de homeostasis al cuerpo-, mutará de color, se degradará. Bianchi pone en el centro de la escena el consumismo y los procesos de obsolencia y decadencia de objetos y cuerpos. "Esta obra registrará el paso del tiempo y hará visibles sus variaciones, acompañando el proceso vital de quien la posea. Entiendo más atractiva esta evolución que la promesa de lo inalterable", dice el artista. Y finaliza: "En 10, 20, 30 años tal vez no conserve nada de su atractivo y su proceso de deterioro sea extremo. Quien esté a su cargo, quien la adopte, será totalmente libre de destruirla cuando lo considere". Quien la lleve sabe que no habrá restauraciones. El artista avisó.

En la sección Cabinet (auspiciada por GNV Group), la galería Rolf Art presenta El arte de las cosas: Cáscaras (1963) de Dalila Puzzovio. Aquí se pueden ver objetos pertenecientes a Cáscaras, una exhibición en la mítica galería Lirolay, donde Puzzovio presentó una instalación con sello informalista que incluía yesos ortopédicos rescatados de la basura del Hospital Italiano. En este ambiente sórdido, que alude al dolor, varias mujeres caracterizadas como enfermeras recibían a los invitados y les indicaban que hicieran silencio. Además de yesos y coronas de aquella instalación, en el stand hay bocetos y registros fotográficos tomados por Rubén Santantonin. El valor de las obras va desde 5 mil a 180 mil dólares. El legajo de la artista, que incluye bocetos, documentos, catálogos, registros fotográficos y todas las notas originales de época donde se la menciona, supera los 180 mil dólares.
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En el stand de la galería Ruth Benzacar, se puede ver Morir no es posible (de la serie Buscando a Cristo en todos lados), por 12 mil dólares, de Mariana Telleria, artista seleccionada para representar a nuestro país en la Bienal de Venecia. A partir de objetos de la vida cotidiana, la artista realiza procedimientos de deconstrucción para transformarlos. Comenzó cortando marcos y uniendo sus vértices para convertirlos en cruces. Aplicó el mismo método en mesas, camas y crucifijos. En el contexto de la Semana del Arte, en la Plaza Seeber (en Libertador y Sarmiento, a pasos de arteBA, hasta el domingo 14) se exhibe Dios es inmigrante, una escultura de la artista hecha con autos desguazados que se erigen en forma de cruz. En el parque también hay piezas escultóricas de Marie Oresanz, Luna Paiva y Carlos Huffmann.

También en el stand de Ruth Benzacar no hay que dejar de ver Broom (110 mil dólares), de Leandro Erlich, artista argentino reconocido internacionalmente cuyas obras integran colecciones privadas y públicas como la Tate Modern (Londres), el Centro Pompidou, el Museo de Arte Moderno de París. Como un alquimista, Erlich sorprendió cuando hizo "desaparecer" la punta del obelisco y la trasladó a la explanada del Malba. Con economía de recursos (dos escobas, cinta metálica y unos fragmentos de vidrios), crea ahora una obra potente.
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En el stand de la galería Vasari, se vende La anunciación de la violencia (1999), de Oscar Bony. Se trata de una fotografía color sobre papel y vidrio baleados, que sale por primera vez a la venta. Bony puso en escena su propia muerte: con una pistola automática, baleó sus autorretratos fotográficos hasta convertirse en víctima y victimario. Verdugo y fusilado. "No me tiembla el pulso cuando empuño una 9mm –dijo el artista–. Negra, huele a grasa animal".
Disparó con fruición. "Estoy haciendo cosas para que queden después de mi muerte –dijo–. Para eso hago suicidios. La posibilidad de desaparecer me aterra. Tengo la impresión de que todos los que de algún modo estamos vinculados con el arte, artistas, teóricos, o el público, hemos pensado alguna vez en el suicidio. No creo que una persona sensible frente a la realidad no lo pueda haber imaginado para sí misma".
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En el stand de la galería Del Infinito, se exhibe Lluvia con acento rojo (40 mil dólares), obra hecha con piezas de cristal soplado, de Marcela Cabutti, artista que realizó residencias en la Cristalería San Carlos y en el Columbus College Art & Design. Con precisión milimétrica, trabaja el cristal hasta lograr tonos hipnóticos.

En el stand de Roldán Moderno, uno se encuentra con Juanito en el basural (420 mil dólares), de Antonio Berni, una joya que sale por primera vez al mercado desde 1970, cuando se remató en la galería Suipacha. Este óleo de 1970 condensa la capacidad de Berni de deglutir y transformar: aquí sumó material de desecho, latas de distintos productos, juguetes, chapas y telas para crear una escena inolvidable. "Los Juanitos Lagunas han enriquecido a mucha gente y también a mí, pero yo no los he explotado, yo estoy reivindicándolos", dijo el artista. Golpea este Juanito solitario, con luz irreal.
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En el stand de la galería Barro, el colectivo Mondongo, integrado por Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, dúo artístico y pareja en la vida, hizo sus autorretratos en gran formato y con profundidad (cada uno, en 65 mil dólares). Con Oleo, plastilina, hilos de algodón y aluminio sobre madera, abordan la profundidad en la materia (concreta, real, de unos 30 centímetros) y la profundidad del rostro y del alma con colores bellos y formas siniestras, ocultas, oscuras.

En Utopia Bombay Sapphire, el flamante y descontracturado espacio de exhibición de arteBA, que incluye artistas emergentes de 17 galerías, no hay que dejar de ver el espacio el espacio de Popa. Con mostacillas, Código de amor (1500 dólares), de Gaba de Dios, es una especie de fotograma emocional que evidencia, con mostacillas de distintos colores y brillos, los sentimientos contradictorios que experimentó la artista.
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En el espacio de la galería de San Pablo 55SP, también en Utopia Bombay Sapphire, se destaca Suspended Body (2500 dólares), esculturas en aluminio bruñido de la artista Gabriela García, de Río de Janeiro. En las esculturas de García lo leve se percibe pesado.

En Utopia Bombay Sapphire, en el espacio de Central Galería, también de San Pablo, hay pequeñas esculturas de C.L. Salvaro, un artista de 39 años que crea con yeso y esponja formas que parecen salidas del fondo del mar.
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