Cecilia Romana
Cecilia Romana

El mito de Alejandra Pizarnik, el de una poesía que se carga la vida y puede terminar con ella por pura rebelión estética, renace incesantemente: ahora con Cecilia Romana. Así, por lo menos, lo sostiene el director de la Biblioteca Nacional. Ella, que allí trabaja como editora, correctora y "todoterreno", según define con alegría, cuenta que una mañana se lo cruzó a Alberto Manguel en un ascensor y lo puso al tanto de que escribía, en un ejercicio que los poetas conocen bien: el "boca a boca".

Se sabe, la poesía y los poetas, por lo menos los de la Argentina, tienen sus marcas de identidad; se reconocen, se leen, organizan lecturas públicas, pagan sus ediciones, pero cuentan también con algo de anonimato o de endogamia. Esto, sumado a la falta de políticas estatales (que, históricamente, tuvieron en la escuela su principal dispositivo), vuelve creativa la difusión: en las redes, en blogs, en algunos medios especializados o en publicaciones educativas que dan a conocer nuevos poetas. De otro modo, la poesía no suele trascender estos límites.

Patti Smith en el recital de poesía que dio en el CCK
Patti Smith en el recital de poesía que dio en el CCK

Entonces Manguel le pidió los títulos de los libros porque, según cuenta, quería comprarlos pero, como a Romana "le dio vergüenza", se los alcanzó su jefa. Poco tiempo después, el Director le envió una carta en la cual decía que "le había gustado mucho mi libro". Un tiempo más tarde, ya se sabe…: fue puesta en una estela de escritoras argentinas, algunos de cuyos textos se tradujeron para leer a Patti Smith en la noche del CCK, estela en la que están Alejandra, claro, pero también María Elena Walsh, Silvina Ocampo y la misma Cecilia Romana.

Una cuestión de seguridad

Nació a mediados de la década del setenta, y vivió su infancia y su adolescencia en el barrio de Martínez, al norte del Gran Buenos Aires. No fue una lectora precoz y tardó en entusiasmarse por la lectura, a pesar (o quizá por eso mismo) de haber nacido en una familia donde los libros lo invadían todo: su padre, que ha tejido gravitaciones que sobrepasan lo que se puede reconocer, es un distinguido filósofo especializado en gnosticismo, su madre también fue estudiante de Filosofía. Entre ellos y sus cinco hermanos, Romana encontró en la lectura un pasaporte para el aislamiento.

“No lo conozcas” de Cecilia Romana
“No lo conozcas” de Cecilia Romana

"En mi casa siempre había mucha gente y físicamente era difícil alejarte; por medio de la lectura, en cambio, descubrí que podía estar sola: sola leyendo". Y si en la lectura encontró un espacio para el ensimismamiento adolescente, con la escritura se dio cuenta de que es el idioma en que mejor habla, porque es "una cuestión de seguridad mía: escribiendo me sentía segura de lo que hacía, porque la poesía es ese mundo que se crea cuando alguien lo escribe, y nunca antes de eso". En uno de los poemas que componen No lo conozcas, se lee, en efecto: "Me siento como una carpa/ armada por principiantes./ La ventisca más débil/ me cimbrea hasta los pies".

Cuando empezaron a publicarla, comprendió que estaba ante un amo implacable: "Ahí supe que esto no terminaba más", deja escapar con gozo, y ese rayo incesante tuvo algunos hitos memorables: en 2006, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines por su libro No lo conozcas y el Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz por Aviso de Obra; en dos ocasiones, además, recibió premios del Fondo Nacional de las Artes. Junto con estos dos poemarios, tiene otros cinco, algunos anteriores y otros posteriores: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos (2004), Duelo (2005), Aviso de obra (2006), No lo conozcas (2007), El libro de los celos (2010), Los que fueron (2013), Poemas concretos (2017) y, de próxima aparición, Callao 1824.

Romana también es narradora de historias para niños (Canta, musa, una adaptación de relatos mitológicos), versionista (Cuentos folclóricos argentinos) y adaptadora de textos clásicos (Cuatro relatos medievales).

“Poemas concretos” de Cecilia Romana
“Poemas concretos” de Cecilia Romana

Dice que el poeta chileno Raúl Zurita es su mayor inspirador, pero que ha leído (subraya que se escriban con mayúscula inicial) a todos Los Titanes de la Poesía Universal y que, entre ellos, tuvieron particular impronta Rainer M. Rilke, el también chileno Pablo Neruda, y los argentinos Héctor Viel Témperley y Francisco López Merino. Y Alejandra Pizarnik, por supuesto.

"No estoy muy involucrada en la poesía actual. Leo poca poesía", responde sobre la producción reciente. Y agrega que le gusta leer historia argentina de los siglos XVII y XIX, que le interesa el patrimonio arquitectónico, y que "de ahí saca para escribir: Mi sueño es poder animarme no a escribir, sino a publicar un libro de crónicas históricas".

Sigamos enamoradas

En la última década estuvo vinculada con la difusión de la poesía, como editora y como organizadora de encuentros de lectura. En 2005 fundó el sello Sigamos enamoradas, con las también poetas Marina Serrano y Mercedes Araujo. El nombre se le ocurrió por una dedicatoria que le hizo Karina Macció en un libro: "Su deseo era que ella y yo pudiésemos seguir enamoradas de nuestros hombres de ese entonces. Me gustó eso: seguir enamoradas era como plantear un objetivo, seguir luchando con amor por algo, la poesía".

Cecilia Romana
Cecilia Romana

En esa experiencia editorial fresca y novedosa, publicaron a poetas nuevos, viejos; narradores; compilaron antologías, y organizaron encuentros de lecturas y música que siempre terminaban en fiesta y baile. "Fue una época de mucho movimiento. Organizamos lecturas que se llamaron Fabolusa lampalagua (por la canción de Fandermole que cantaba Liliana Herrero). Invitábamos a leer a poetas y narradores que no tenían espacio en otros lados". Afirma, sin embargo, que ese tiempo pasó y que su trabajo divulgador de poesía es exclusivamente periodístico: hace reseñas de libros que le interesan para revistas especializadas.

Una poesía narrativa, llena de voces

La poesía de Romana es profundamente primitiva en sus evocaciones y gestos, asociada al despertar de la vida como estado salvaje, al destello de lo que busca abrirse paso a través de la máscara ominosa de las culturas urbanas. Cuando piensa en lo que escribe, afirma sin medias tintas: "Yo escribo desde el desgarramiento siempre, no tengo medias tintas y escribo como gritando y llorando todo lo que no puedo gritar ni llorar en la vida real".

“Los que fueron” de Cecilia Romana
“Los que fueron” de Cecilia Romana

Una poesía que encuentra lo esencial de la experiencia humana en lo que ésta tiene de primigenia, abarrotada y caótica (mítica), en el registro del mundo a través de detalles, intersticios, huecos, con una voz siempre niña y siempre narrativa, marcada por operadores que ponen en situación de oír algo que va a ser relato, propio y de otras voces: la voz de los que se aman, la voz del que se ama ("Mañana será otro día:/ me dolerá la cabeza por el whisky, la espalda por las horas/ que paso frente al monitor, los dedos por comérmelos/ y el ego porque no va a escribir, no va a llamar, no le va a importar/ en absoluto lo que sentí cada noche que hojeé a Rosa o Carretero/ para olvidarme, lo que caminé buscando un Kálnay, un Gestarelli,/ el Williams de Parera…", Poemas concretos).

Cecilia Romana
Cecilia Romana

Entre esas formas, se cuela también una rebeldía nunca colérica, más bien risueña, al estilo de la Alicia de Carroll. Pero, a diferencia de Alejandra, la de Romana es una rebelión vital que asume las formas de la pregunta o el despabilo, y del devenir cotidiano: la crianza de su hija, el barrio de Floresta, la lectura, los amigos y, sobre todo, la cancha: es una hincha fanática del club All Boys.

 

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