En 1971, en medio de una ola de renovado antisemitismo en Polonia esta vez encarado con el apoyo de las autoridades soviéticas, el compositor polaco Henryk Górecki viajaba por el sur de su país, justo en la frontera con Eslovaquia.

En esa zona turística en los Montes Cárpatos se encontró con un libro sobre el "Palacio" de Zakopane, el cuartel regional de la Gestapo, la policía secreta nazi, que durante la Segunda Guerra Mundial sirvió de "escuela" de informantes y colaboradores.

El libro, firmado por Alfons Filar, recolectaba información, testimonios e imágenes de esta prisión y centro de muerte donde se calcula que 400 personas fueron asesinadas, entre ellas 300 judíos.

"El libro no era muy bueno y el hombre que lo escribió era un informante, pero recolectó todo lo concerniente a la región", explicó Górecki, fallecido en 2010, en una entrevista al New York Times.

Henryk Mikolaj Górecki (Wikimedia Commons/Revista Studio)
Henryk Mikolaj Górecki (Wikimedia Commons/Revista Studio)

Pero lo que capturó la atención del músico fue una serie de inscripciones que los prisioneros que esperaban torturas y la muerte habían dejado en los calabozos. Una de ellas, dejada por Helena Wanda Blazusiakowna, una chica de 18 años encarcelada en 1944, simplemente decía: "Mamá, no llores/inmaculada Reina de los Cielos/apóyame siempre/Ave María, llena eres de gracia".

Cinco años después Górecki estrenó su tercera sinfonía para soprano y orquesta, y en el segundo movimiento (Lento e largo, tranquillissimo) usó estas cuatro líneas para componer la que se ha convertido en una de las representaciones más icónicas del Holocausto.

El compositor murió en 2010, ocho años antes de que el gobierno polaco del partido de ultraderecha Ley y Justicia (PiS, en polaco) lograra aprobar la controvertida ley del Holocausto que hoy su sinfonía, construida en parte sobre el doloroso recuerdo el colaboracionismo polaco, parece desafiar.

Esta lenta, contemplativa e intensamente expresiva composición basada en armonías antiguas había significado un giro en la carrera de Górecki, quien hasta ese momento se había desempeñado como un artista modernista y bien afirmado en corrientes de la música clásica del siglo XX como el serialismo y el atonalismo.

Los grabados hechos por los prisioneros se perdieron en la posguerra, cuando los dueños del hotel pintaron las paredes. Pero aún quedan algunas fotografías (Andrzej Samardak/Z-NE)
Los grabados hechos por los prisioneros se perdieron en la posguerra, cuando los dueños del hotel pintaron las paredes. Pero aún quedan algunas fotografías (Andrzej Samardak/Z-NE)

En la oscuridad de la Polonia de la Guerra Fría, aún sufriendo la opresión del "liberador" soviético, que impedía la ejecución de sus obras, la "Sinfonía de las lamentaciones" tuvo una difusión muy limitada. Los críticos polacos la celebraron, en el extranjero muchos lamentaron su simplicidad.

Pero en 1992, tras la caída de la URSS y en el contexto de una "primavera" polaca, una grabación en CD de la sinfonía por la London Sinfonietta, dirigida por David Zinman, y con la voz de la soprano Dawn Upshaw, se convirtió en un éxito global de ventas que lanzó a Górecki a una fama internacional que nunca hubiera esperado.

La "Sinfonía de las lamentaciones", también conocida como "Sinfonía de las canciones tristes" se convirtió, además, en una de las representaciones más famosas del Holocausto en un medio, la música, pocas veces asociadas a este hecho trágico y que tiene su reflejo en la obra de otro compositor polaco, Krzystof Penderecki y su "Oratorio de Auschwitz".

También se convirtió de alguna manera en un desafío a la igual de famosa pero quizás más compleja expresión del pensador Theodor Adorno sobre lo barbárico que significa componer poesía después de Auschwitz, es decir continuar celebrando la misma cultura que generó los campos de exterminio.

Alumnos en una clase espionaje para colaboracionistas del régimen nazi en Bad Rabka (HEART)
Alumnos en una clase espionaje para colaboracionistas del régimen nazi en Bad Rabka (HEART)

El canto de Helena Wanda Blazusiakowna, usando la piedra fría de la prisión en Zakopane en lugar de cuerdas vocales, es el centro de la obra, justo en el medio, y se expresa con potencia contra la actual voluntad de censura y revisionismo del gobierno polaco.

Pocos meses después de la rendición de Polonia ante el avance alemán, en octubre de 1939, la temida Geheime Staatspolizei (Gestapo) instaló un cuartel general en el hotel más grande Zakopane, el "Palacio".

Ubicado al pie de los Montes Tatras, en la zona alta del sur de Polonia también llamada Podhale y en la frontera con Eslovaquia, este hotel en medio de un pueblo turístico y a 100 kilómetros de Auschwitz pasó a contener también una escuela secreta de espionaje orientada a entrenar colaboradores.

Por esta escuela pasaron numerosos oficiales de policía polacos, simpatizantes locales y también ucranianos en preparación de la invasión de la Unión Soviética que Adolf Hitler planeaba para junio de 1941.

El “Palacio” de Zakopane hoy día, un museo dedicado a la memoria de las víctimas (Wikimedia Commons/Piotrekwas)
El “Palacio” de Zakopane hoy día, un museo dedicado a la memoria de las víctimas (Wikimedia Commons/Piotrekwas)

Muchos de estos "estudiantes" fueron luego enviados a diferentes distritos como guardias de prisiones y campos de concentración, señala el sociólogo polaco-estadounidense Tadeusz Piotrowski en su libro "El Holocausto polaco".

Como reconstruye el Equipo de Investigación, Archivo y Educación sobre el Holocausto (HEART), entre otras cuestiones los reclutas aprendían a matar de diferentes maneras para luego poder aplicarlo en los campos. Sus víctimas eran mayoría personas mayores, mujeres y niños que no habían sido ya deportados a campos de trabajo forzado.

Los esfuerzos en Zakopane se enmarcaban en la campaña de las Schutzstaffel (SS), la organización paramilitar nazi que organizó y ejecutó el Holocausto, de involucrar a la población local de Podhale.

Los nazis creían que las personas de esta región tenían raíces alemanas y eran por tanto racialmente aptos, las llamaron Goralenvolk y les ofrecieron mayores libertades y beneficios que a los otros polacos.

La escuela de Zakopane fue trasladada en julio de 1940 a Rabka, 35 kilómetros al norte, pero el "Palacio" siguió funcionando como central de la Gestapo en la región, también conocido como "El resort de la muerte" por su pasado turístico, y continuó siendo centro de torturas y asesinatos.

Allí, en la celda 3 del sótano del "Palacio", Helena Wanda Blazusiakowna grabó sus cuatro líneas aclarando su edad y su fecha de arresto: 26 de diciembre de 1944.

No está claro qué pasó con ella, y hay reportes contradictorios que indican que habría muerto asesinada por la Gestapo y también de que habría sobrevivido a la guerra. Pero hacia el final de la guerra y ante el avance soviético los últimos prisioneros del "Palacio" fueron enviados a los campos de exterminio.

Górecki, católico como Blazusiakowna, quedó sorprendido por su actitud calma ante la muerte y tomó sus palabras para el segundo movimiento. "Era sabido que si terminabas en esta prisión, esto significa la muerte", recordaba el compositor en un documental de la BBC.

Las “puertas de la muerte” al complejo Auschwitz-Birkenau (Reuters)
Las “puertas de la muerte” al complejo Auschwitz-Birkenau (Reuters)

"Siempre me irritaron las grandes palabras y los llamados a venganza. Pero esta línea que encontré era diferente, casi unas disculpas o explicaciones por haber llegado a esa situación: ella está buscando apoyo y consuelo en palabras cortas, sencillas pero con mucho significado", explicó Górecki, según rescata el profesor de músico Adrian Thomas en su biografía del compositor.

Un lamento religioso del siglo XV sobre el sufrimiento de la Virgen María ante la pérdida de su hijo se convirtió en la base del primer movimiento, mientras que una canción folclórica polaca surgida de las guerras civiles de 1919 es cantada por la soprano en el tercero. También este texto relata la pérdida de un hijo.

El jueves 6 de febrero de 2018 el presidente de Polonia, Andrzej Duda, firmó una enmienda a la ley de Persecución de Crímenes contra la Nación Polaca de 1998, por la cual se penaliza con multas y hasta tres años de prisión a quienes vinculen en público a Polonia con el Holocausto perpetrado por los nazis y su colaboradores.

Prohíbe también el uso del término "campos de exterminio polacos", una referencia a la ubicación geográfica de estas instalaciones que algunos creen sugiere responsabilidad.

El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, uno de los mayores defensores de la polémica ley
El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, uno de los mayores defensores de la polémica ley

Esta polémica ley de censura ha creado en un enorme controversia en todo el mundo por sus intentos de reescribir la historia mediante la persecución criminal y por la ambigüedad que abre la puerta a interpretaciones peligrosas.

En especial la norma fue criticada como un intento de lavar culpas polacas por las numerosas instancias de colaboracionismo, no sólo de escuelas de espionaje como la instalada en el "Palacio", sino también de las fuerzas policiales en su conjunto, de personal del servicio de ferrocarriles que llevaron a las víctimas a los campos y también de informantes casuales.

En Polonia y especialmente en el caso de Zakopane y toda la región de Podhale, que sufrió niveles "desproporcionados" de colaboracionismo con los alemanes, según el periódico polaco Wyborcza, desde la posguerra ha habido esfuerzos por resaltar hechos de resistencia a las fuerzas ocupadoras y de heroísmo entre los polacos oprimidos, para tapar páginas más oscuras de la historia vinculadas al colaboracionismo.

Algo similar ocurre también con la ola de antisemitismo que sacudió al país entre 1968 y 1972, y que llevó al éxodo de unos 20.000 judíos luego de que las autoridades polacas comunistas, apoyadas por la Unión Soviética, bloquearan su acceso a trabajo y vivienda al grito de "¡Sionistas a Sion!", como recordó la cadena alemana Deutsche Welle. 

Andrzej Duda, el presidente de Polonia que firmó la polémica ley aprobada por el Parlamento (AFP)
Andrzej Duda, el presidente de Polonia que firmó la polémica ley aprobada por el Parlamento (AFP)

El actual gobierno del PiS también rechaza responsabilidad polaca en esta purga alegando que "fueron los comunistas quienes maltrataron a los judíos". Y en sintonía con la nueva Ley del Holocausto, prepara otra norma para declarar que los culpables fueron únicamente los "comunistas que juraron lealtad a la URSS" ya que "Polonia no existía".

Es posible que la nueva ley del Holocausto, y todas las que le sigan, refuerce la tendencia sesgada de forzar una mirada oficial de la historia, ya que de ahora en más hablar sobre distintas instancias de colaboracionismo puede tener para los polacos el riesgo de terminar en la cárcel.

Al mismo tiempo, Górecki, nacido en 1933 en Czernica, hubiera tenido en la actualidad enormes dificultades para escribir su "Sinfonía de las lamentaciones" y poner en primer plano la escuela de colaboradores y centro de tortura y muerte que funcionó en Zakopane.

Y si bien se espera que la obras científicas y artísticas escapen a la censura, la presión de un Estado que está preparado para perseguir con la cárcel a quien piense distinto podría ser suficiente para forzar a muchos a bajar la cabeza.

Por eso los modos medievales y simples melodías de la sinfonía, su expresivo tono entre épico y sombrío, la desgarradora voz de la soprano y el paso lento y firme a través de sus 54 minutos de duración hubieran sido en 2018 un desafío para el actual gobierno polaco y motivo de preocupación para su autor, en lugar del testimonio artístico sobre la pérdida, memoria y dolor que llegó a ser.

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