Twin Peaks, una inmersión al universo de David Lynch
Twin Peaks, una inmersión al universo de David Lynch

Soy devoto de las secciones retro de los festivales de cine. Puede parecer paradójico, siendo que los festivales presentan una oportunidad ideal para ver películas nuevas, ya sea las de alto perfil que todavía no tienen estreno comercial cercano (este año, The Shape of Water de Guillermo del Toro, y The Disaster Artist, de James Franco, entre otras) o bien las joyas ocultas que uno encuentra por azar en el catálogo o el devenir del festival. Más allá de los estrenos y las secciones de competencia, la sección Generación VHS es particularmente atractiva -casi ineludible- dentro de la programación del Festival de Mar del Plata este año, y en esta sección de películas de culto también podemos encontrar un panorama amplio, de autores y géneros diversos.

La película de 1992, Twin Peaks: Fire walk with me, que tuve la oportunidad de revisitar en Mar del Plata, es un claro antecedente de Twin Peaks: The Return, en tanto plantea un imaginario 100% lynchiano sin concesiones para el público o para nadie. Vista hoy en día, se puede entender por qué fue abucheada en Cannes o mal recibida por sus fans, que esperaban una resolución de los cabos sueltos de la serie. Lynch, en cambio, decidió hacer una precuela y centrarse en los últimos días de Laura Palmer, un personaje que, a través de su ausencia, definió el universo de la serie. Pero antes de centrarse en Laura Palmer y traer de vuelta al Agente Especial Dale Cooper, la trama de esta precuela gira en torno el asesinato de Teresa Banks, y la investigación realizada por dos agentes del FBI, uno de ellos interpretado por un Kiefer Sutherland idiosincrático. Estos personajes nuevos y el look televisivo de la película tal vez contribuyeron a la mala recepción que el film tuvo en su momento. Pero así como hoy resulta fascinante la posibilidad de ver 18 horas de televisión que desafían los standards del formato episódico, ver en pantalla grande un film que dialoga con el lenguaje televisivo también es muy atractivo. Hoy estamos más acostumbrados a los formatos híbridos y a un sistema que escupe reboots, remakes, y secuelas nostálgicas, pero la precuela de Twin Peaks escapa a las definiciones sencillas.

David Bowie en Twin Peaks
David Bowie en Twin Peaks

Después del comienzo medio offbeat, la trama se deshace de los investigadores del comienzo, y hace un salto temporal. Estamos en Twin Peaks otra vez, con el cartel y el emblemático tema musical sonando de fondo. Pero esta vez Laura Palmer está viva, y esa ventana al personaje que en su momento parecía innecesaria hoy es esencial. No hay nada del humor o tono afectado de la serie o la primera parte del film, los últimos días de Laura Palmer son absolutamente trágicos, envueltos en una trama de abusos y cocaína que en última instancia la llevan a su muerte a manos del ente paranormal Bob, en el cuerpo de su padre Leland (un extraordinario Ray Wise, que también hace un pequeño papel en Robocop, parte de la programación retro del festival). Por momentos Twin Peaks: Fire Walk with Me es perturbadora en su realismo: es una historia de una adolescente permanentemente en pánico de un abusador que la somete sexualmente y que intenta despojarse de su inocencia a través de drogas duras y antros de depravación. Pero es igualmente fascinante como esta historia se amalgama con la trama sobrenatural, con escenas de una dimensión de pesadilla, un David Bowie fantasmagórico, un anillo/talismán y demonios llenos de malevolencia que buscan poseer cuerpos humanos. Y finalmente, esta precuela es un gran incentivo para volver al mundo de Twin Peaks, ya que funciona como un greatest hits de momentos lynchianos: hay números musicales sexis teñidos de rojo y azul, investigación policial, seres sobrenaturales y El Mal, momentos perturbadores, momentos raros, y momentos directamente incomprensibles.

Robocop, de Paul Verhoeven, es otro clásico resultado de una visión autoral plena. No se podía dejar pasar en pantalla grande (a pesar de que este año la revisité un par de veces, siendo que estamos a treinta años del estreno). Robocop, al igual que Twin Peaks, también volvió, pero en forma de una remake bastante olvidable que deja de lado el aspecto satírico y se concentra en la acción. La original de 1987 mezcla una brutalidad sin concesiones con humor negro (negrísimo) y una visión distópica del futuro que vista hoy es particularmente efectiva. En la Detroit de Verhoeven no hay neón, inteligencias artificiales con cuerpos de mujeres esbeltas y atractivas, o autos voladores. Hay crisis económica, pobreza, huelga policial y una corporación aliada con el crimen organizado. Gastar todo el presupuesto de efectos en el traje de Robocop que usa Peter Weller fue un acierto. Era el traje o el diseño de arte a lo Blade Runner, y quedarse con el traje robótico y contraponerlo a una ciudad distópica pero realista es el primer éxito de una película que escena tras escena demuestra su carácter de obra maestra, y no sólo del sci-fi ochentoso.

Una escena es particularmente efectiva en pantalla grande: después de la muerte de Murphy, la película corta a una subjetiva de Robocop mientras todavía está siendo construido. Muestran sus partes robóticas nuevas, los científicos festejan año nuevo borrachos. Mientras un blockbuster contemporáneo contaría todo esto en escenas llenas de exposición, Verhoeven usa una toma fija y subjetiva, con el detalle de la estática que irrumpe y la imagen interlineada para dar cuenta del carácter robótico de la mirada. Finalmente entra Bob Morton (Miguel Ferrer, que también está en Twin Peaks), le saca una lona de encima y lo presenta para su equipo. La subjetiva sigue y Robocop avanza, y se lo ve pasar en el borde del encuadre por un monitor que lo toma de frente. Un detalle hermoso, de esos encuadres que ya no hay, como el de Robocop proyectando su sombra gigante sobre dos maleantes. Esta capacidad para los detalles visuales también refuerza el humor: en otra escena Robocop arroja un tipo por la ventana y unos periodistas siguen la caída con sus cámaras. El tipo cae, golpea el piso y los periodistas simplemente panean rápido hacia abajo. Un gag brillante. Una fiesta del cine que debería estar en pantalla grande por siempre.

Otro highlight de la programación retro fue Reencuentro, de Lawrence Kasdan. Debo admitir que no la había visto y esta es otra de las bondades de las retrospectivas, la posibilidad de ver un hit de otra época por primera vez en pantalla grande. Lawrence Kasdan es conocido, claro, por ser co-escritor de Los Cazadores del Arca Perdida y El Imperio Contraataca, pero también ganó un Oscar por Reencuentro, film de 1983 que está lejos del espíritu de serial de aventuras de sus éxitos, y lo acerca a la sensibilidad de un Richard Linklater, que en sus hangout comedies plantea un tono cercano al film de Kasdan. Es en algún modo una película inusual, producto del mainstream americano tanto en look y actores, pero que ejerció una clara influencia en el cine indie de generaciones posteriores, que hicieron del reencuentro, la nostalgia por el pasado, el amor, las drogas, el soundtrack epocal y el plot casi ausente un modus operandi. Y si bien la película es sobre los amigos (Kevin Kline, Glenn Close, Jeff Goldblum, William Hurt, entre otros) que lamentan el suicidio de otro amigo (Alex, un Kevin Costner que fue removido del film) es fácil sentir simpatía por el personaje de Chloe, ex-novia del muerto y más joven que el resto. De otra generación, más despreocupada o al menos menos narcisista que el resto, Chloe señala que no le gusta tanto hablar del pasado como a los protagonistas.

Dos películas esenciales completan el panorama de películas de culto disponibles en MDQ. Donnie Darko, debut de Richard Kelly, es acaso la película de medianoche de los 2000. Heredera tanto del espíritu adolescente de las películas al estilo de Reencuentro y la sensibilidad freak de Twin Peaks, Donnie Darko, con sus imágenes del conejo perturbador Frank, su cast excepcional (los hermanos Gylenhall, Drew Barrymore, Jena Malone, Patrick Swayze), y su trama enredada, conspirativa y existencial, es una película para revisitar constantemente.

Doble de Cuerpo, de Brian De Palma, estará disponible los tres últimos días del festival y no por mencionarla última es la menos importante. Obra maestra absoluta de un director visionario, Doble de Cuerpo es el De Palma más hitchcockiano posible, con una trama que pone Vértigo y La Ventana Indiscreta en una mezcla extremadamente atractiva, tan trash y grasa como autorreferencial y virtuosa. Después de una seguidilla de películas extraordinarias (Vestida para Matar, Blow Out, Scarface), la mitad de los ochenta llega con un De Palma desatado y dando rienda suelta a los excesos argumentales y visuales que solo son posibles en su cine. Un remate ideal para cinco películas de culto excelentes, y lo mejor, es que pasado el festival todas se pueden ver o revisitar con facilidad. Otra ventaja de la Generación VHS.

Los imperdibles del viernes 24

Claire's Camera será la segunda película del realizador coreano Hong Sang-soo en presentarse en Mar del Plata. Como ocurre en gran parte de su obra, esta se ambienta en el mundo del cine, pero lejos de ser una cavilación de un artista, visita de un modo divertido el trabajo de una joven en el marco del Festival de Cannes.

Claire’s Camera
Claire’s Camera

Desde otras perspectivas, se puede optar por Maravillas del mar 3D, de Jena Michel Cousteau, hijo del famoso Jacques-Yves, una propuesta visual intensa, que se propone incentivar el cuidado de los océanos, o Años luz de Manuel Abramovich, que es un documental sobre la realización de Zama, la película de Lucrecia Martel.

En la competencia latinoamericana se presentarán también dos imperdibles: la brasilera Baronesa, de Juliana Antunes, película que opera desde el documental pero relata como ficción los días de dos mujeres en un barrio popular, con una cercanía que solo se puede lograr gracias los seis meses de convivencia del equipo con las protagonistas de la historia. La otra gran película es la chilena Rey, de Niles Atallah, que cuenta la historia de Orllie-Antoine de Tonnens, autoproclamado rey de la Araucanía, apelando a lo suprareal, las técnicas digitales, las máscaras y la animación.

Wiñaypacha
Wiñaypacha

Fuera de las competencias, y de lo comúnmente visto, se presentará Wiñaypacha, la única película hablada totalmente en lengua aymara. Esta película peruana, que ha tenido apenas un puñado de exhibiciones en su país, ha sido unánimemente reconocida por críticos y público, que colmó cada de una las presentaciones que se hicieron hasta ahora, en su país. Mañana se exhibirá por primera vez en Argentina.

El infaltable de Mar del Plata para este viernes es un argentino, José Celestino Campusano, que trae una de sus últimas películas, El azote. Campusano además brindará un workshop sobre Cine inmersivo, un nuevo modelo de producción audiovisual que incluye las técnicas de Cine 360°, 3D y realidad aumentada, formatos y plataformas que permiten pensar nuevas narrativas.

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