—¿Cómo surgió la idea de publicar un libro sobre Carlos Jáuregui?
—Maximiliano Ferraro: La idea surge en primer lugar de la generosidad del compilador, que es Gustavo Pecoraro. Y a su vez de pensar algún tipo de acción cuando se cumplían 20 años de la muerte de Carlos Jáuregui, 20 años de la Constitución y de la cláusula anti-discriminatoria que él redactó junto a otros compañeros y compañeras del colectivo LGBTI, y a 25 ediciones de la primera marcha del orgullo LGBTI. Nos parecía importante poder reconocer y revalorizar el nombre propio de Carlos Jáuregui y a través de él a un montón de otros y otras que abrieron camino a esta Argentina que está un poco más abrazada a la igualdad, a la ampliación de derechos.

—Gustavo, vos fuiste amigo de Carlos, militaste con él. ¿Podrías explicar para quienes no sepan nada sobre él por qué fue tan importante?
—Gustavo Pecoraro: Bueno, fundamentalmente por algo que nadie había hecho hasta ese momento, que era el tema de la visibilidad. Carlos fue el primer activista, la primera persona que salió en público a plantear que los homosexuales éramos personas de derecho y que nos sentíamos orgullosos de nuestra orientación sexual. Carlos lo que hizo fue lo que 30 años después es bastante común, que es que los gays hablen de sus parejas. Carlos lo hizo en el año '84 poniendo la cara y su nombre en los medios de comunicación planteando "Soy homosexual, voy a pelear por los derechos que me corresponden a mí y a todo nuestro colectivo". Fue un gran cambio en una sociedad donde la homosexualidad, el lesbianismo y todo lo que tiene que ver con la diversidad sexual estaba oculto.

—¿Cómo se conocieron con Carlos?
—GP: Yo era un militante de la izquierda y en el '84 leí en Clarín una solicitada que tenía un título muy contundente, "Con represión y discriminación no hay democracia", firmada por la Comunidad Homosexual Argentina. Yo era muy joven pero me llamó mucho la atención el grado de dureza de esa solicitada porque planteaba en el medio de los primeros meses de Alfonsín que no había democracia porque un sector de la sociedad estaba siendo reprimido y discriminado. Y entonces fui a la sede de la Comunidad Homosexual Argentina, en aquella época la primera sede era en Diagonal Norte, y me entrevisté con Carlos, que era su presidente. Le conté mis ideas, él me planteó un acercamiento, una integración a la Comunidad Homosexual Argentina y a partir de ahí fueron 12 años de amistad y compañerismo que modificaron totalmente mi estructura de pensamiento.

—¿Cuál fue el rol de Carlos durante la epidemia de SIDA en Argentina?
— GP: El rol de Carlos en ese aspecto fue más tangencial. Él tenía un hermano menor que se llamaba Roberto Jáuregui, quien fue un activista visible de la respuesta al VIH y fue uno de los promotores de la Fundación Huésped. Había como una distribución de tareas, el propio Carlos lo dice, que él era el activista por la causa gay y Roberto por la respuesta al VIH. Su condición de persona viviendo con VIH fue algo que él mantuvo en reserva, la manejaba con ciertos compañeros. Es importante entender que hubo una clase de activista que pospuso de alguna manera su visibilidad como persona viviendo con VIH porque necesitaba mostrarle a la sociedad que además de la cuestión del VIH y el SIDA lo que nuestra comunidad tenía era una falta de derechos y una discriminación latente.

—¿Cuál es el estado del activismo LGBTI argentino cuando ya se tiene la ley de matrimonio igualitario y de identidad de género?
—MF: Yo creo que hemos avanzado muchísimo pero también tenemos que estar alertas porque, si uno ve lo que está sucediendo en el mundo, hay retrocesos. Por supuesto hay derechos que se consagraron, derechos que tienen que ver con la lucha de un colectivo, de las organizaciones, de una transversalidad política importante acá en la Argentina, pero me parece que tenemos que estar atentos. Y a su vez también tenemos que poder seguir avanzando en otro tipo de agenda que hoy por hoy no está.

—¿Por ejemplo?
—MF: Yo creo que una de las grandes deudas pendientes para seguir avanzando es poder generar una respuesta a la población trans con una ley de cupo laboral, y no por un capricho sino porque creo que el Estado tiene que tener una actitud de reparación a un montón de ciudadanos y ciudadanas que fueron cercenados en derechos fundamentales como el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a la vivienda, que fueron expulsados de sus ciudades o las provincias donde nacieron. También me parece que tenemos que consolidar lo que tenemos, que los derechos que se lograron sean verdaderamente efectivos. Muchas veces tenemos muy buenas leyes pero tardan en cumplirse en los distintos poderes del Estado o en las provincias.

—Carlos fue uno de los organizadores de la primera Marcha del Orgullo Gay. Me gustaría saber la opinión de ustedes acerca del debate que se generó en el interior de la comunidad luego de que los organizadores de la última marcha incluyeran entre sus consignas la liberación de Milagro Sala 

—MF: Yo no compartía la totalidad de las consignas pero me parece que no tenés por qué abandonar el espacio público por ese motivo. No tenemos que tratar de impedirles ni a unos ni a otros que se puedan expresar. Nosotros desde nuestro espacio decidimos marchar, decidimos estar presentes como todos los años. Además, tuvimos nuestras propias consignas, que tenían que ver con la agenda del colectivo LGBTI, ampliación de derechos y diversidad sexual como el cumplimiento efectivo de la ley de educación sexual integral que cumple 10 años a nivel nacional y acá en la Ciudad de Buenos Aires.
—GP: Yo como luchador social estoy a favor de la libertad de Milagro Sala. Ahora, como activista del colectivo LGBTI, y como impulsor de la primera Marcha del Orgullo, creo que las consignas tienen que unificar el reclamo de nuestro colectivo en forma unitaria y transversal. No creo que haya tenido que ser una de las consignas más importantes de la marcha, me parece que había otras consignas posibles, como por ejemplo no había una consigna principal en respuesta a las políticas de VIH, no había una respuesta que alertara sobre la necesidad de mantener lo conquistado en las respuestas políticas, en las respuestas al VIH. Este año lamentablemente quedó un poquito desdibujado que era la marcha que coincidía con los 20 años del fallecimiento de Carlos y también quedó muy desdibujado que era el primer año que marchábamos sin Lohana Berkins. Desde mi punto de vista, como un activista independiente, lo lamento, pero yo no estoy en la comisión organizadora de la marcha, entonces eso lo tendrán que responder los que se hacen responsables de esa comisión.

—¿Cuál es el legado más importante de Carlos?
—MF: Creo que Carlos es la expresión ética y política de una forma de construir en términos colectivos y con mucha generosidad, cosa que muchas veces no se observa en las actuales organizaciones o militantes o quienes participamos del colectivo. Y otra de las cosas me parecen más significativas de Carlos es esa disputa que hizo en el espacio público como constructor de ciudadanía o garantía o pelea para los derechos sociales, políticos, de una comunidad. Y Carlos fue como un parresiasta, sabía que el costo que podía pagar por decir la verdad. Es un ejemplo y un faro que me parece que tiene que estar presente. A veces se lo olvida o invisibiliza, y yo creo que hay que potenciarlo.
—GP: Él es símbolo de lo LGBTI, de nuestra construcción como colectivo de más de 50 años, Carlos y otros nombres representan una forma de activismo diferente de cómo es el activismo ahora. Carlos es el activista que representa el enfrentamiento a la policía, el enfrentamiento a las leyes represivas que existían en la democracia y también representa el activismo que está formado por decenas de cientos de víctimas del VIH. Entonces creo que además de todo eso, de todo lo simbólico de Carlos, hablar de Carlos significa hablar de un activismo que luchó y que imaginó los derechos y que no pudo disfrutar de ninguno.

Descargar el libro "Acá estamos. Carlos Jáuregui, sexualidad y política en la Argentina" en la web de Maximiliano Ferraro