Durante una entrevista entre el gran periodista Luis Novaresio y el no menos gran actor Gonzalo Heredia hubo un instante que no vacilo en llamar "sublime". No exagero. Lector impenitente, para Novaresio un libro es como el agua, el pan, y acaso muchas otras cosas más: una puesta de sol, una aurora boreal, el hallazgo de un nuevo planeta, la risa, y hasta una furtiva lágrima frente a ciertas páginas. Le adjudico ésto, sin consultarlo, porque yo también soy un lector frenético desde que a los cuatro años aprendí las letras y su unión, hasta formar palabras. Es decir que, sin conocernos cara a cara, sin haber compartido una redacción, y salvando cualquier matiz, somos pares. Pero Gonzalo Heredia fue (tiempo pretérito), la contracara. Y paro aquí. Y reproduzco sus exactas palabras. A veces, lo contrario es como matar un ruiseñor (¿qué película, se acuerdan?).

"Yo no vengo de una rama artística. En mi casa no había libros, no había biblioteca. Vivíamos en Comodoro Rivadavia, pero en mi casa mis papás no terminaron el colegio porque tenían que trabajar. Había que traer plata a casa, y los libros eran cosas que… no se sabía lo que eran. Yo pensaba que los libros los usaba la gente académica, o con dinero, o con cierto poder adquisitivo. El único libro que recuerdo era uno de autoayuda, 'Tus zonas erróneas', en la mesita de luz de mi papá. Yo empecé a leer, o a tomar el libro, que es un acto bastante valiente…. Tomar un libro y abrirlo, que no es algo cómodo. Si no es por pasión, es algo muy difícil. El primer libro por el que tuve adicción, sin saber lo que era la palabra "adicción", fue 'El túnel', de Sábato. Mi papá es mecánico y yo trabajaba con él en el taller mecánico, o simulaba que trabajaba con él pero odiaba mi presente. Quería estar en otro lado, tenía otros anhelos, otros deseos, y la literatura fue lo único que me sacaba de ese lugar. Empecé leyendo los más best sellers, Cohelo, libros de autoayuda. Después está eso de formar la familia literaria. Yo no terminé el secundario, nadie me dijo qué tenía que leer o nadie me aconsejó qué libros o me armó una biblioteca en mi casa. Fui a la calle Corrientes, revolví muchas librerías, me habrá salido cinco pesos ese libro, seguramente… Sartre te va a hablar de otro autor, de Nietszche, de Schopenhauer… una vez leí 'El mundo de Sofía', un gran iniciador para la filosofía… Si tuviera que elegir diez libros jamás podría hacerlo… Podría elegir a ciertos autores que en ciertos momentos de mi vida me han ayudado, como Camus, Arlt…, que me han contenido… A mí el libro me contiene"

¿Queda algo por decir? Que el libro inicia, ilumina, transforma. Que el libro… Pero prefiero acudir a un ejemplo definitivo. Federico García Lorca, el maravilloso poeta granadino, escribió una plegaria que tituló "Medio pan y un libro". Se refería al hambre de España en la guerra civil, y en un instante dice que a pesar de todo, si de él dependiera, y pudiera poner en cada boca un pan… pondría sólo medio, y un libro. Porque el otro hambre, el de la inteligencia, el del espíritu, el que puede saciar un libro, es el único camino para escapar de la esclavitud, la opresión, la tiranía. Con medio pan y un libro, era posible caminar hacia la libertad.