¿Qué relación puede haber entre una ciudad y su cultura? Cada uno de los 23 ensayos que componen Ciudades sudamericanas como arenas culturales, el libro que la editorial Siglo XXI acaba de publicar, parece partir desde esta pregunta para profundizar sobre hechos, momentos, movimientos políticos o espacios correspondientes a distintos puntos geográficos de América del Sur.
La publicación recorre 14 ciudades de la región austral del continente. No todos los centros elegidos son capitales y, de hecho, algunas de ellas, como Asunción y Ciudad de México, están ausentes. A su vez, es preciso señalar que se dedicó más de un ensayo -hasta 4- a Buenos Aires, San Pablo y Río de Janeiro.
Lejos de tener un enfoque único, los distintos autores están vinculados a disciplinas variadas, como antropología, sociología, crítica literaria y arquitectura. Según indican los responsables en la Introducción, tras haber seleccionado las ciudades que serían estudiadas en este marco, "se dejó librado a las orientaciones temáticas y estilísticas de cada integrante el tipo de objeto cultural sobre el cual centrarse y el modo de hacerlo".
La compilación estuvo a cargo del arquitecto argentino Adrián Gorelik, doctor en Historia, investigador del CONICET y profesor titular en la Universidad de Quilmes, y la académica brasileña Fernanda Aréas Peixoto, hoy docente en el Departamento de Antropología de la Universidad de San Pablo. Infobae habló con él.
—¿Podría explicar a qué hace referencia la noción de "arena cultural" y cuál es, en este sentido, la propuesta del libro?
—La noción de arena cultural es una figura que produjo Richard Morse, un historiador norteamericano de las ciudades latinoamericanas en los años 80. A nosotros eso nos interesó mucho porque da una visión de la ciudad como lugar de experimentación, de germinación de la cultura, pero también de batalla. La idea de arena es una idea que en los Estados Unidos se usa mucho para hablar del ruedo donde se produce el enfrentamiento de ideas. Eso nos parece que da una visión muy interesante de las ciudades sudamericanas como territorio de producción cultural. Lo que se propuso el libro a partir de este primer paso fue tratar de entender lo siguiente: si toda la cultura se produce en las ciudades, ¿cómo es la relación entre los aspectos más urbanos de la cultura material de la ciudad y la producción cultural? ¿Qué relación hay entre ambas? El libro es colectivo y es el producto de la investigación y cada uno de los capítulos son ensayos, experimentos que buscan interrogar el punto de conexión y de mutua alimentación entre cultura y ciudad.
—¿Cómo fue que Buenos Aires se convirtió en un escenario para la vida bohemia? ¿Qué opina sobre las comparaciones que se hacen con París?
—Uno tiene que pensar que Buenos Aires en el 1900 era una de las grandes metrópolis mundiales en crecimiento. Por lo menos hasta la década del 20, Nueva York y Buenos Aires eran vistas como las dos grandes metrópolis americanas. Y para los europeos, sobre todo para los franceses, españoles e italianos, Buenos Aires era la gran metrópoli latina del futuro. Esa era un poco la visión. Cuando los viajeros llegan en 1910, están todos expectantes de esa mirada. Por lo tanto, una gran metrópoli es siempre el lugar para el surgimiento de una bohemia. La bohemia miraba a París, la tenía como referencia, pero las comparaciones hay que tomarlas con pinzas. Todas las ciudades se estaban mirando ente sí y todas estaban buscando qué elementos de la otra podían reflejar y espejar los procesos de modernización que vivían. Es indudable que, a comienzos del siglo XX, París era el gran referente por las reformas que habían ocurrido en el siglo XIX con Haussman y toda la reforma de los boulevards parisinos. Si París era un gran referente, Buenos Aires al mismo tiempo estaba mirando otras ciudades. Muchas veces se dice que Torcuato de Alvear es el (Georges-Eugène) Haussmann porteño, pero cuando uno ve el plan de Alvear, la cuadrícula, la Avenida de Mayo, lo que se traza en la Buenos Aires de fin del siglo XIX, se da cuenta de que los resultados son muy diferentes. Entonces, si bien uno tiene que analizar cómo esas élites miran a París, hay que entender que lo que logran hacer en Buenos Aires es diferente a lo que logran hacer en París.

—El capítulo que lleva su firma está referido a las villas. A grandes rasgos, ¿cómo fue percibida en el campo intelectual porteño la emergencia de estos barrios?
—A diferencia de lo que se piensa siempre, que las villas miseria son el agujero negro de la modernización desarrollista, el punto negado, aquello no visto, lo que trato de mostrar es que en los años 50 fue el gran tema de la cultura urbana de Buenos Aires. Fue un tema que se desarrolló en el campo de las ciencias sociales. Gino Germani en 1956 haciendo un estudio sobre Isla Maciel; proyectos de vivienda; Antonio Berni recogiendo materiales en el Bajo Flores para pintar Juanito Laguna; Buenos Aires de David José Kohn; Detrás de un largo muro, de Lucas Demare; La villa miseria también es América, de Bernardo Verbitsky. Todo eso son materiales culturales de alta intensidad que se producen en la segunda mitad de los 50 cuando aparece la villa. Y aparece la villa con esa fuerza no por su elemento cuantitativo -en ese momento era apenas un 2% de la población metropolitana- sino porque aparece como la negación de los éxitos de la modernización desarrollista. El mundo intelectual ve en la villa un factor que muestra que la modernización desarrollista tiene límites y problemas y se toma de eso para construir una imagen dual de la ciudad.
—En el libro hay dos capítulos que dan cuenta de cómo la ciudades compiten entre ellas culturalmente, y entra aquí la idea de cultura como política pública, ¿se puede hablar de una tendencia de Sudamérica en este aspecto?
—Ese es un tema que surge claramente en las ultimas décadas, cuando se produce una nueva mirada sobre la cultura de la ciudad. Comienza a ser pensada como dadora de identidad en la competencia global entre ciudades. Esto tiene que ver con el planteamiento estratégico, temas que surgen en la década del 90 en todo el mundo. Un ejemplo: el tango. Tango, Buenos Aires, festival de tango, turismo… La idea de la marca de la ciudad, de impronta cultural que una ciudad tiene para venderse en el resto del mundo, es una mirada muy marketinera que impactó muchísimo en la cultura de las ultimas décadas. Y de alguna manera la cultura de los festivales tiene algo que ver con eso. Lo que analiza este capítulo que trabaja sobre el BAFICI es cómo, a pesar de esta política de management, alrededor de eso hay una efervescencia cultural que va por otros carriles.
—¿Diría que existió un proceso de gentrificación en Buenos Aires?
—Es todo un gran debate sociológico en América Latina, no solo en Buenos Aires. La gentrificación es un concepto que surge en ciudades como Londres, donde permanente la ciudad está renovando sectores que pertenecían a la clase obrera. Y como crecen mucho los precios, esos sectores se desplazan y viene la gentry, un ennoblecimiento, nuevos sectores sociales. El Soho en Nueva York, Manhattan… Toda la isla hoy es un gran territorio de gentrificación. En Buenos Aires es mucho más complicado usar ese término, porque funciona sobre todo cuando hay una gran mayoría de población alquilando, mientras que en Buenos Aires hay un número de propietarios muy elevado. Entonces las renovaciones de los propietarios tardan muchísimo más que cuando la gente está alquilando y como le suben los precios se va a otro lado. Buenos Aires, por otro lado, tiene incrustaciones de pobreza urbana enormes que hacen también difícil el proceso de Manhattan, donde toda la isla se convirtió en un lugar de altísimo valor. Buenos Aires tiene que lidiar con esa heterogeneidad urbana. Y por ultimo, los grandes procesos de transformación urbana no fueron por medio de la gentrificación. El puerto de Londres se gentrificó. Puerto Madero era un lugar vacío, no había población que desplazar. Por lo tanto, se puede hablar de grandes proyectos urbanos que buscan transformar la cara de la ciudad, pero no técnicamente de gentrificación.
—¿Considera que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está trabajando para poner en valor barrios marginados?
—No, yo considero que no. Considero que Buenos Aires tiene una gran tarea por delante que es cambiar su autorrepresentación. Buenos Aires sigue creyendo que es una capital europea perdida en un continente desconocido, extraño, en el que cayó por casualidad. Y no acepta, no asume el gran desafío que es combatir la desigualdad de un modo radical. Buenos Aires tendría que estar aplicando políticas como Medellín, como en la ciudades que desde hace mucho ven en la desigualdad su gran problema. Mientras Buenos Aires siga creyendo que la desigualdad es un problema pasajero, no va a encararlo ni va a enfocarlo. Yo creo que la villa miseria hoy es el gran desafío por delante con un proceso de igualdad que no veo que se esté dando.
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