El día que Manuel Belgrano instó a los diputados a jugarse el todo por el todo

Por Juan Pablo Bustos Thames

Manuel Belgrano fue uno de los principales impulsores de la Declaración de Independencia
Manuel Belgrano fue uno de los principales impulsores de la Declaración de Independencia

Vuelto a Buenos Aires, luego de su misión diplomática en Europa, el general Manuel Belgrano fue designado por su sobrino político, el Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas, como jefe del Ejército destacado sobre la Provincia de Santa Fe, a fin de asegurar el retorno de la misma al seno de las Provincias Unidas, tras haber sido adherida por la fuerza a la "Liga de los Pueblos Libres" encabezada por el caudillo oriental José Gervasio Artigas.

Arribado a destino, Belgrano envió al segundo jefe de su ejército, y antiguo subordinado suyo, el general Eustoquio Díaz Vélez, para que buscara un entendimiento con los montoneros de Santa Fe y su gobernador artiguista, Francisco Rodríguez.

El 9 de abril de 1816, Díaz Vélez firmó en la Capilla del Paso de Santo Tomé un tratado con el representante santafecino y viejo amigo de Belgrano, Cosme Maciel, el mismo que, según la tradición, habría izado por primera vez, la Bandera creada por Belgrano en las barrancas de Rosario, en febrero de 1812. En este pacto, los firmantes, actuando fuera de sus facultades el primero de ellos, convinieron en traicionar al amigo común, el general Belgrano.

Expresaba ese documento que, "con el más sincero deseo de hacer la paz, de consolidar la unión, y de cortar de raíz la guerra civil en que el despotismo y arbitrariedad del Director de Buenos Aires Don Ignacio Álvarez había envuelto las dos provincias, acordaban: 1º separar del mando de las tropas al general Belgrano; 2º que el general Díaz-Vélez fuese reconocido como general en jefe de los dos ejércitos, ya fuese para retirarse al otro lado del Carcarañá, si era perseguido, ya para marchar con ellos sobre Buenos Aires, a destituir al Director mencionado y auxiliar al pueblo a fin de que se diese un nuevo gobernante".

Belgrano hace bendecir la bandera
Belgrano hace bendecir la bandera

De un plumazo, Díaz Vélez se cargó a Belgrano, al ejército y al propio Director Supremo, al tiempo que se aseguraba para sí la jefatura de las tropas. Se trató, nada más, ni nada menos que de un golpe palaciego, intentado por los enemigos del Director, en el Ejército, del cual Belgrano tuvo que pagar los platos rotos. Como dijera Mitre, "en consecuencia de esta revolución hecha en connivencia con el enemigo, Belgrano fue depuesto y arrestado en su campo, y al siguiente día se le intimó, con arreglo a lo pactado, que debía retirarse a Buenos Aires".

Cuando la noticia del levantamiento llegó a la Capital, Álvarez Thomas dio un portazo y renunció de inmediato y, refiere Mitre, "la Junta de Observación nombró para sucederle al General D. Antonio González Balcarce, hombre íntegro y de carácter rígido, vaciado en el molde de Belgrano, pero de limitados alcances en política, y con más resolución en el campo de batalla, que en el consejo".

En cuanto a Belgrano, liberado de la carga que le significaba encabezar un ejército donde no era querido, ni obedecido, y sin voluntad de permanecer en una ciudad donde nadie lo defendía, ni le importaba la gravedad de lo que acababa de ocurrir, "hacía tiempo tenía fijas sus miradas en el Congreso Nacional que debía reunirse en Tucumán, como en la única tabla de salvación, en medio de aquella tempestad deshecha" (narra Mitre).  Y agrega: "…después de su instalación [el 24 de marzo] (Belgrano) había sido llamado con insistencia por algunos de los congresales para que los ayudase con sus luces y los apoyase con su nombre".

Resolvió entonces Belgrano, sigue diciendo Mitre, "trasladarse al teatro de su antigua gloria, con el firme propósito de continuar trabajando en bien de la patria. Triste, pero no desalentado, se puso en viaje, [y] llegó a Tucumán, donde desde luego se hizo el centro de todas las afecciones, y el nervio de las deliberaciones del Congreso".

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La casa donde tuvo lugar el Congreso de Tucumán

Vicente Fidel López señala que "Belgrano llegó a Tucumán el 5 de Julio, y el 10 se tiró el decreto nombrándolo general en jefe del ejército acantonado en Jujuy", en remplazo de Rondeau. El propio Belgrano, en carta a Bernardino Rivadavia, el 8 de octubre de 1816, dice: "Al día siguiente de mi arribo a ésta, el Congreso me llamó a una sesión secreta…". Sesión secreta que tuvo lugar el 6 de julio.La noticia de la llegada de Belgrano corrió como reguero y alteró la vida plácida de los habitantes de la pequeña ciudad. Muchos de los congresales, el propio Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón y el gobernador de la Provincia, Bernabé Aráoz, deben haber acudido a saludarlo, transmitirle su afecto y solidaridad, y escuchar lo que el prestigioso general tenía para decirles sobre la situación política en la capital, y en Europa; donde había estado hacía pocos meses.

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Cuenta Mitre que Belgrano "se apercibió que casi todo el Congreso era monarquista y que podía contar en su seno con una gran mayoría en favor de sus ideas políticas, especialmente entre los diputados del Alto Perú, afectos á su persona y partidarios de la dinastía del Inca". "Al mismo tiempo pudo cerciorarse de la vacilación de sus propósitos respecto del punto capital, que era la declaratoria de la independencia", agrega. En efecto, los diputados dudaban de si era conveniente declarar la independencia ante un contexto de crisis política terminal, como aquel en el cual nos hallábamos; así como de una situación internacional y militar totalmente adversa.

La ciudad de Tucumán en 1816
La ciudad de Tucumán en 1816

Para Belgrano, explica Mitre, "el designio de la independencia era inseparable en su mente de la idea de establecimiento de una monarquía, porque consideraba que éste era el único medio de hacerla aceptar por las demás naciones, y de crearse alianzas poderosas que consolidasen el nuevo orden de cosas. Así, la independencia y la monarquía eran, por el momento, sus dos ideas fijas. La primera germinaba en su cabeza desde antes de la revolución, y en su transcurso, no había dejado de trabajar por ella un solo instante; la otra, le había sido sugerida por el estado de la Europa por el espectáculo de la inglesa y por la anarquía de las provincias".

Belgrano alcanzó a desempacar e instalarse en la casa que lo alojó (quizá la perteneciente a Salvador Alberdi, padre de Juan Bautista, futuro inspirador de la Constitución Nacional) y, al día siguiente, fue invitado, de urgencia, por los congresales, que deseaban escuchar al prestigioso visitante.

"Conociendo el Congreso las ideas de Belgrano –escribe Mitre- y deseando ser instruido por él acerca de las disposiciones de los gabinetes europeos respecto de la revolución americana, acordó oírle en sesión secreta; y al efecto se reunió en el salón de sus sesiones el día 6 de Julio de 1816. Belgrano se presentó ante la asamblea y después de contestar a algunas preguntas que se le hicieron, tomó la palabra en un largo y sentido discurso (en que, pintando el estado tristísimo del país, expuso la disposición de la Europa respecto de la América, y desenvolvió con franqueza su profesión de fe monárquica), dijo, entre otras cosas:

'Aunque la resolución de América en su origen mereció un alto concepto de los poderes de Europa por la marcha majestuosa con que se inició, su declinación en el desorden y anarquía continuada por tan dilatado tiempo ha servido de obstáculo a la protección, que sin ella se habría logrado; así es que, en el día debemos contarnos reducidos a nuestras propias fuerzas. Además, ha acaecido una mutación completa de ideas en la Europa, en lo relativo áa la forma de gobierno. Así como el espíritu general de las naciones, en años anteriores era republicanizarlo todo; en el día se trata de monarquizarlo todo.

Europa volvía al absolutismo monárquico y en el Congreso de Viena las grandes potencias se repartían el mundo
Europa volvía al absolutismo monárquico y en el Congreso de Viena las grandes potencias se repartían el mundo

La nación inglesa, con el grandor y majestad a que se ha elevado, más que por sus armas y riquezas, por la excelencia de su constitución monárquico-constitucional ha estimulado a las demás a seguir su ejemplo. La Francia lo ha adoptado. El Rey de Prusia por sí mismo, y estando en el pleno goce de su poder despótico, ha hecho una revolución en su reino y sujetándose a bases constitucionales idénticas a las de la nación inglesa; habiendo practicado otro tanto las demás naciones.

Conforme a estos principios, en mi concepto, la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía temperada, llamando la dinastía de los Incas, por la justicia que, en sí, envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono; a cuya sola noticia estallará el entusiasmo general de los habitantes del interior'. 

"Habló en seguida del poder de la España, comparándolo con el de las Provincias Unidas –sigue diciendo Mitre-, indicando los medios que éstas podían desenvolver para triunfar en la lucha; manifestó cuáles eran las miras del Brasil respecto del Río de la Plata, y elevándose a otro orden de consideraciones, concluyó exhortando a los diputados a declarar la Independencia, en nombre de los pueblos, adoptando la forma monárquica, como la única que, en lo presente, podía hacer aceptable aquella por las demás naciones; y colocando para lo futuro, bajo la salvaguardia de un orden de cosas estable, la paz y la libertad; las Provincias, desunidas por la anarquía y deshonradas por sus excesos".

El recinto donde se reunían los representantes de las Provincias Unidas en el Congreso de Tucumán
El recinto donde se reunían los representantes de las Provincias Unidas en el Congreso de Tucumán

Belgrano, luego de responder las preguntas que le formularon los congresales sobre la situación política interna y exterior; se puso de pie, en el recinto de sesiones del Congreso de Tucumán, y esbozó un largo y sentido discurso, asentado en las actas de la primera sesión secreta del Congreso de Tucumán, para el cual los congresales desalojaron a toda la barra y el público, a fin de escuchar, a solas, al Creador de la Bandera.

En esa oportunidad, Belgrano dio, tal vez, el mejor discurso de su vida. Con el corazón en la mano, expuso el estado calamitoso en el cual se encontraban las Provincias Unidad, la soledad y el aislamiento internacional en que nos hallábamos y el hecho de que no debíamos esperar ayuda de nadie. Belgrano lamentó nuestra situación anárquica y que en seis años de revolución no hubiéramos sido capaces de esbozar una forma de gobierno civilizada que evitara nuestras luchas internas. Argumentó que la única forma de salir de este atolladero era adoptar un régimen monárquico constitucional, coronando, a tal fin, a un descendiente de la Casa de los Incas. Sin embargo, para posibilitar esta salida, era menester declararnos independientes, en el peor momento de la historia argentina.

A los congresales reunidos en Tucumán Belgrano les propuso adoptar una monarquía temperada con un rey de la casa de los Incas
A los congresales reunidos en Tucumán Belgrano les propuso adoptar una monarquía temperada con un rey de la casa de los Incas

Reseña Mitre: "Su palabra era sencilla y elocuente y su acento conmovedor; al terminar su discurso, su rostro estaba humedecido por las lágrimas y su auditorio lloraba con él, convencido por sus razones, y cautivado por su sinceridad". Embargado por la emoción de ver al país en una situación terminal, Belgrano rompió en llanto aquel legendario 6 de julio. Sus lágrimas se contagiaron a los congresales, que lloraron junto a él, a puertas cerradas. Tiempo después, Belgrano recordaría: "Yo hablé, me exalté, lloré e hice llorar a todos, al considerar la situación infeliz del país. Les hablé de monarquía constitucional con la representación soberana de la casa de los Incas; todos adoptaron la idea".

De este modo, Belgrano acababa de dar a los congresales que aún mantenían sus dudas, el último empujón que necesitaban, para declarar la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica, apenas tres días después. Sucedió en el peor momento en la historia argentina, cuando las Provincias Unidas corrían el serio riesgo de desintegrarse.

En ese marco dramático, Manuel Belgrano instó a los diputados a jugarse el todo por el todo y dejar grabados sus nombres en el bronce.

En la sesión secreta del 6 de julio, Belgrano instó a los congresales reunidos en Tucumán a declarar la Independencia
En la sesión secreta del 6 de julio, Belgrano instó a los congresales reunidos en Tucumán a declarar la Independencia
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