
Los resultados del 31 de mayo de 2026 han dado cierta credibilidad a las encuestadoras sobre los candidatos que iban a pasar a segunda vuelta, incluso demoliendo la narrativa del candidato Iván Cepeda de ganar en primera vuelta. En ese sentido, a pesar de que ciertamente las encuestadoras habían dado cierto favoritismo al candidato del gobierno, muchas veces también las encuestas sucumben ante la realidad electoral y vemos con gran sorpresa cómo Abelardo de la Espriella ha generado un resultado casi inédito para un candidato outsider y, sobre todo, de derecha en esta contienda electoral.
A esa película completa le faltaba la semana final, en la cual se expresó una fuga de votantes del centro y del centro-izquierda hacia la candidatura de Iván Cepeda, pero también del centro-derecha, particularmente el Centro Democrático, hacia la candidatura de Abelardo de la Espriella.
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En ese sentido, creo yo que hay un fenómeno muy importante que se puede tocar y es la idea de que los votantes anticiparon una segunda vuelta porque buscaron un voto “anti” o un voto negativo; es decir, “voto por cualquiera que tenga posibilidades para derrotar a mi rival de patria”. En este caso, obviamente se expresó en que el candidato más viable para derrotar al candidato de gobierno —favorito en las encuestas— era Abelardo de la Espriella y no Paloma Valencia.
Segundo, creo que es algo muy importante destacar que el electorado está premiando de cierta forma la coherencia. Aquí, una virtud de la campaña de Abelardo de la Espriella fue mantener ese discurso populista, directo, incluso a veces agresivo, contra la idea de buscar alianzas en el centro, que de alguna forma invitaban al pragmatismo, pero que también hacían sospechar de que los principios de la derecha conservadora —de la cual el Centro Democrático de alguna forma lideraba— se estaban desvaneciendo con la figura de Juan Daniel Oviedo. Eso está muy bien expresado el día de hoy, cuando vemos que muchos de los votantes que apoyaban a Paloma Valencia en las encuestas transfirieron su voto, en menos de cuatro o cinco días, a la candidatura del hoy ganador de la primera vuelta, de la Espriella.
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También hay que decir que esto revela hasta qué punto la reconfiguración de la derecha empieza a ser un hecho. Mucho se ha dicho de que Uribe es uno de los grandes perdedores. Sí, pero hay que tomarlo con pinzas. ¿Por qué? Porque ciertamente Uribe, si bien perdió con su candidata, no necesariamente ha perdido toda esta carrera electoral. Sabe que cuenta con una bancada muy importante en el Congreso que seguramente apoyará a Abelardo de la Espriella en segunda vuelta, y eso le va a generar una suerte de condicionamiento al nuevo presidente en caso de que sea de la Espriella.

Es prácticamente una transacción, una relación de conveniencia. Uno, porque el Centro Democrático sabe que Abelardo de la Espriella necesita de los votos y del apoyo legislativo del Centro Democrático, dado que su bancada es minoritaria.
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Pero también saben que si la derecha necesita sobrevivir, requiere un recambio. Ese recambio es sangre nueva, es incluso adoptar una estructura menos institucionalizada como partido y, obviamente, apelar al carisma que siempre ha rodeado al uribismo.
Por otro lado, hay que decir que, frente a esta posible desinstitucionalización de la derecha —es decir, de cambiar la idea de fomentar una estrategia de partido hacia una estrategia de movimiento—, la izquierda ha adoptado y ha tenido un éxito haciendo todo lo contrario: institucionalizarse como un partido, movilizando la maquinaria muy propia de los partidos tradicionales. Prácticamente ese aprendizaje de la política tradicional es lo que incluso le ha generado unos grandes resultados muy valiosos en la costa atlántica.
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Hablando de la costa atlántica, otra cosa muy importante es cómo se ha configurado la votación el día de hoy en términos territoriales.
Lo primero que hay que decir es que la derecha de Abelardo de la Espriella ha concentrado el voto particularmente en el centro del país, pensando también en Antioquia, que es el bastión fuerte del uribismo, pero también en algunos reductos uribistas en los Llanos; es decir, en Arauca, en el Meta e incluso en Norte de Santander, donde la explicación más válida sería la existencia y la persistencia de la inseguridad debido a los grupos armados ilegales. En cambio, Iván Cepeda ha concentrado su votación en la Costa atlántica, gracias a ese trabajo de maquinaria política, y ha concentrado casi que un voto de opinión, si se quiere, en la Costa pacífica y el sur del país. Esto reconociendo que su fórmula vicepresidencial, Aida Quilcué, es la representación de esas poblaciones históricamente marginadas en Colombia.
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Por otro lado, ya empieza a barajarse de alguna forma cómo va a ser la segunda vuelta. Esta etapa va a tener como gran interrogante al centro político. Todos sabemos que la oportunidad de crecer en estos momentos la tiene la derecha, casi que segura debido a la necesidad del Centro Democrático de lograr tener ese peso e influencia en los resultados de segunda vuelta con Abelardo de la Espriella. Sin embargo, el centro político —es decir, Fajardo, Claudia López e incluso otros candidatos que no lograron votaciones que pasaran el 3%— también van a empezar a mirar hacia dónde van a migrar sus votos. Esto particularmente pensando en que son dos figuras, tanto Abelardo de la Espriella como Iván Cepeda, muy poco afectas al público; es decir, no gozan de mucha favorabilidad y tienen altas tasas de rechazo.
Seguramente, lo más probable que suceda es que el voto verde, el voto de Fajardo y el voto de Claudia López migren por afinidades políticas hacia Iván Cepeda.
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Yo pondría un poco de adrenalina sobre el voto que puedan representar los aliados de Paloma Valencia, es decir, el Partido Conservador, el Partido Liberal y el Partido de la U, por ejemplo. Si bien ciertamente acompañaban a Valencia, son partidos que históricamente han sido indisciplinados. El factor de la disidencia es muy valioso reconocerlo en época electoral, porque puede arrastrar votos hacia una u otra candidatura. Es decir, es un voto no seguro, no garantizado y muy fluido.
Por último, me gustaría cerrar con la idea de que es un resultado muy polarizado. Es un resultado que incluso supera con creces las votaciones del año 2022 y, particularmente, nos muestra una elección altísimamente polarizada. A lo que hay que ponerle atención es a cuál va a ser la reacción de cada uno de los candidatos y cuáles van a ser sus estrategias, pero por sobre todo ello, cómo va a ser su reacción frente al compromiso democrático.
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‘Sabemos que estos candidatos tienen unas credenciales que a veces son muy dudosas frente a respetar la separación de poderes’.
Cepeda, obviamente, con la idea de la Asamblea Constituyente, y un outsider como Abelardo de la Espriella, que representa una gran tentación en una democracia que ha logrado estos resultados: 10 millones de votos, lo que seguramente le hará pensar que es un cheque en blanco para gobernar Colombia.
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En ese sentido cierro pensando en que es un país polarizado, un país que territorialmente está dividido y que la tarea del próximo presidente, desde ya en la campaña, no solamente será sumar a los políticos que movilizan a los ciudadanos, sino que desde el 7 de agosto de 2026 tendrá la gran tarea de unir al país frente a los grandes temas, como lo son la seguridad y la desigualdad económica.
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