
A pocas horas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, Colombia llega a una de las campañas más polarizadas y observadas de los últimos años. El debate político se mueve entre propuestas de continuidad, discursos de ruptura y modelos ideológicos opuestos en un país marcado todavía por las discusiones sobre seguridad, paz, economía y gobernabilidad.
Dentro de ese escenario, tres nombres aparecen con fuerza en el panorama electoral. Iván Cepeda, representante del actual Gobierno, izquierda y del sector que prioriza la negociación política de los conflictos; Paloma Valencia, figura de la centro derecha y heredera política del uribismo; y Abelardo de la Espriella, un candidato outsider que busca capitalizar el voto inconforme con un discurso de mano dura y confrontación directa.
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Aunque provienen de mundos completamente distintos, los tres aspirantes llegan a esta elección con trayectorias que reflejan algunas de las tensiones históricas de Colombia, el conflicto armado, el peso de las élites políticas tradicionales, la crisis de seguridad y el desgaste de los partidos.
Iván Cepeda: El candidato de la izquierda y la negociación política
Iván Cepeda Castro, nacido en Bogotá en 1962, construyó su carrera pública alrededor de la defensa de los derechos humanos y los procesos de paz. Filósofo de formación y con estudios de Derecho Internacional Humanitario en Francia, se convirtió durante las últimas décadas en una de las voces más reconocidas de la izquierda colombiana en temas relacionados con víctimas, reconciliación y diálogo con grupos armados.
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La historia personal de Cepeda también marca buena parte de su trayectoria política. Su padre, Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica, fue asesinado en 1994 por agentes estatales en complicidad con paramilitares, un hecho que tuvo impacto profundo en el debate sobre violencia política en Colombia. Antes de aspirar a la Presidencia, Cepeda pasó por la Cámara de Representantes y el Senado, donde logró reconocimiento por sus debates de control político y su participación en iniciativas vinculadas a la implementación del acuerdo de paz firmado con las Farc.
Entre 2012 y 2018 participó como facilitador en distintos procesos de negociación entre el Gobierno colombiano y grupos armados ilegales, incluyendo diálogos con las Farc, el ELN y acercamientos relacionados con el sometimiento del Clan del Golfo. También fue uno de los fundadores del movimiento Defendamos la Paz. En el escenario internacional, su perfil suele estar asociado a sectores progresistas y organizaciones de derechos humanos. Recibió reconocimientos como la Medalla de la Libertad Roger Baldwin, otorgada por Human Rights First, además de distinciones franco-alemanas relacionadas con la defensa de los derechos humanos.
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Paloma Valencia: La heredera del uribismo y la apuesta por la seguridad
En contraste, Paloma Valencia representa uno de los sectores más visibles de la derecha tradicional colombiana. Nacida en Popayán en 1978, pertenece a familias históricamente influyentes en la política y la vida pública del país. Es abogada y filósofa de la Universidad de los Andes y cuenta con estudios de escritura creativa en Nueva York. Antes de entrar plenamente a la política electoral, trabajó como columnista, analista y comunicadora en medios nacionales.
Su carrera política tomó fuerza dentro del Centro Democrático, partido liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, que es una figura clave en su ascenso político. Valencia llegó al Senado en 2014 y desde entonces se consolidó como una de las voces más visibles de la oposición al Gobierno de Gustavo Petro. En el Congreso impulsó iniciativas relacionadas con formalización empresarial y fortalecimiento de sectores productivos, como la llamada Ley de la Panela y la “Escalera de la formalidad”. También ganó notoriedad por su presencia en redes sociales y por liderar posiciones firmes frente a temas económicos, institucionales y de seguridad.
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Durante los últimos años se convirtió en una de las figuras más ideológicas del uribismo. Fue una de las líderes de la campaña por el “No” en el plebiscito sobre el acuerdo de paz en 2016 y ha promovido demandas contra varias reformas impulsadas por el actual gobierno. Su candidatura presidencial tomó más fuerza después del complejo proceso interno del Centro Democrático, marcado por el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay y las tensiones alrededor de la definición del liderazgo del partido.
Abelardo de la Espriella: El outsider de la mano dura y el discurso antisistema
Mientras Cepeda y Valencia representan corrientes políticas tradicionales dentro del espectro colombiano, Abelardo de la Espriella aparece como la figura más disruptiva de la contienda. Abogado nacido en Bogotá y criado en Montería, De la Espriella construyó su reconocimiento público lejos de la política institucional. Durante más de dos décadas se hizo conocido por asumir la defensa de personajes altamente polémicos y mediáticos.
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Entre los casos más recordados de su carrera aparecen el de David Murcia Guzmán, creador del esquema piramidal DMG, y el de Alex Saab, empresario venezolano señalado por Estados Unidos de actuar como testaferro de la dictadura de Nicolás Maduro. Al mismo tiempo, también participó en procesos de alto impacto social, como la representación judicial de Natalia Ponce de León tras el ataque con ácido que sufrió en 2014, caso que impulsó cambios legislativos en Colombia.
De la Espriella se presenta como un candidato antisistema, admirador de líderes como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele. Su discurso se centra principalmente en seguridad, reducción del tamaño del Estado y confrontación directa contra grupos armados ilegales.
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Dentro de sus propuestas más visibles aparecen la construcción de megacárceles, el regreso de las fumigaciones aéreas con glifosato, la implementación del fracking y una política exterior más alineada con Estados Unidos. Su estilo mediático, marcado por exhibiciones de lujo, discursos confrontativos y fuerte presencia pública, ha generado tanto respaldo como críticas dentro de la campaña.
Con perfiles radicalmente diferentes, los tres candidatos llegan a las elecciones representando visiones opuestas sobre el futuro de Colombia. Mientras Cepeda apuesta por profundizar procesos de paz y reformas sociales, Valencia defiende una agenda de seguridad democrática y fortalecimiento institucional. De la Espriella, por su parte, busca capitalizar el descontento ciudadano con una narrativa de ruptura y autoridad.
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