
El crecimiento del parque automotor eléctrico en Medellín ha sido notable: más de ocho mil vehículos circulan actualmente por las calles de la ciudad, según Empresas Públicas de Medellín (EPM).
Sin embargo, este avance contrasta con una infraestructura de carga limitada, fallas técnicas recurrentes y obstáculos normativos que dificultan su uso diario, especialmente para quienes residen en unidades antiguas o dependen de su vehículo como herramienta de trabajo, según lo reveló una reciente investigación de El Colombiano.
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Medellín se ha convertido en una de las ciudades pioneras en Colombia en la promoción de la movilidad eléctrica. A través de políticas públicas orientadas a reducir las emisiones contaminantes, la capital antioqueña ha incentivado la compra de vehículos eléctricos. No obstante, las condiciones para operarlos de forma eficiente aún presentan fallas estructurales.
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José Ricardo Cometa, taxista que trabaja con un vehículo eléctrico desde hace cinco años, lo resumió así al diario nacional: “Nos encontramos con que hay varias electrolineras y puntos de carga que no funcionan muy bien, por lo que nos toca buscar hasta que encontramos las que estén funcionando”.
A esto se suma la ocupación indebida de estos espacios por conductores de vehículos a gasolina: “Hay una gran incultura: se parquean en los puntos de carga, como si no pasara nada”, añade.
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Según EPM, la ciudad cuenta con 22 estaciones de carga distribuidas en centros comerciales y puntos estratégicos. La empresa asegura que trabaja para ampliar la cobertura, incluyendo municipios como Envigado, Sabaneta, La Pintada y El Retiro. A pesar de estas iniciativas, las quejas sobre el mal funcionamiento de varias estaciones persisten.
Las complicaciones también alcanzan a quienes intentan cargar su vehículo en sus hogares. Hernán Cortés, residente del conjunto Arboleda de Los Bernal, adquirió un carro eléctrico en marzo. Su experiencia refleja la tensión que existe entre la voluntad individual y las restricciones técnicas de las edificaciones antiguas.
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“Necesitaba hacer la conexión para cargar el vehículo y desde el principio tuve problemas con la administración”, relató a El Colombiano. “Les envié la petición para hacer la instalación y que contaba con toda la normatividad. Desde el primer momento me dijeron que había que llevarlo a la asamblea y me negaron el permiso”, añadió.
La administración del conjunto explicó que no se trata de una negativa arbitraria. En su respuesta, indicaron que la red eléctrica de las zonas comunes fue construida a finales de los años noventa y no cumple con los requisitos técnicos actuales.
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Para permitir la instalación de un punto de carga, sería necesario renovar parte del sistema, cambiar el cableado y añadir totalizadores que regulen el flujo de energía.
El caso de Arboleda de Los Bernal no es aislado. La mayoría de los conjuntos residenciales antiguos en Medellín no fueron diseñados para soportar la demanda eléctrica que supone la carga de este tipo de vehículos. Además, el vacío normativo agrava la situación.
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“Hoy no hay una norma que obligue a hacer una cantidad de cargadores para vehículos eléctricos dentro de los conjuntos residenciales, pero sí establece las condiciones en las que se deben hacer”, explicó Eduardo Loaiza, director de Camacol Antioquia.
Las construcciones nuevas deben ajustarse al Reglamento Técnico de Instalaciones Eléctricas (Retie), pero los edificios más antiguos están exentos de esta exigencia, lo que genera una desventaja para quienes quieren adaptarse a la transición energética.
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Desde EPM señalaron que, en los nuevos desarrollos inmobiliarios, “casi todas las propiedades están saliendo con una capacidad para la conexión de vehículos eléctricos”. En algunos casos, incluso se están instalando subestaciones independientes o transformadores específicos para abastecer la demanda.
Otra de las quejas recurrentes se relaciona con los fallos en las estaciones de carga. Según EPM, muchas de estas interrupciones no se deben a problemas técnicos internos, sino al uso indebido de adaptadores o a errores en el manejo por parte de los usuarios.
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“A veces se presentan situaciones no porque la estación tenga una falla. Hemos insistido mucho en el no uso de los adaptadores. En algunos casos las personas que los usan no hemos podido identificar si es el adaptador o si es la forma del manejo, entonces se dispara la estación”, explicaron desde la empresa al diario nacional. Esto obliga a realizar reinicios manuales o ajustes remotos para restablecer el servicio.
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