
Un año después de que se eligiera Gustavo Petro como presidente, confirmo por qué el único camino es la oposición para recuperar la Libertad y el Orden. Este ha sido un año de disparates, discursos del vocero del apocalipsis municipal, basado en lugares comunes para hablarle a los colombianos, que en nada han aportado a mejorar la calidad de vida.
La seguridad hoy está deteriorada por sus anhelos revolucionarios y de una supuesta paz con las guerrillas terroristas. El resultado son masacres, narcotráfico y violencia desbordada. Petro es el gran responsable de la extorsión en cada rincón de Colombia y de los hechos violentos que parecen no importar a su ministro de Defensa, que poco o nada ha hecho contra la criminalidad, como sí contra la misma Fuerza Pública. Lo único que les importa a estos socialistas en el poder es la milicianización del país, una suerte de colectivos para presionar a los ciudadanos.
Mientras Gustavo Petro habla de cambio climático, la criminalidad está desbordada.
Este año, de enero a abril, se reportaron 131 víctimas de secuestro, mientras que en el mismo periodo de 2022 se registraron sólo 42, lo que representa una incremento de 212%.
En 12 meses de desgobierno salió de 12 ministros, algunos por oponerse a sus ideas carentes de sentido técnico y otros por escándalos e investigaciones penales o disciplinarias. Un claro ejemplo es Irene Vélez, que se fue por todos los escándalos, pero, sobre todo, por atacar la cartera que le fue confiada y generar una enorme inseguridad en el sector.
Petro, que se ufana de proteger a los pobres, a quienes únicamente usa en su discurso, ha provocado largas y humillantes filas de ciudadanos para reclamar el ingreso solidario, solo para demostrar que les están regalando un peso, lo que es equivalente a repartir miseria.
Gustavo Petro parece un activista que únicamente hace promesas, mientras el país se hunde en el narcotráfico que no quiere combatir y la criminalidad crece ante su anhelo de pagar por no matar.
Ha prometido trenes elevados entre Buenaventura y Barranquilla, universidades gratis en todo el país, aeropuertos en la Guajira, Guaviare y Buenaventura, condonar las deudas de los estudiantes con el ICETEX, congelar el precio del Diesel, firmar la paz con el ELN en tres meses, darle empleo a todo ciudadano que no lo tuviera en el sector privado y ahora darle un millón de pesos para que no maten a los que están en las bandas criminales.
En un año lleno de escándalos como el de Laura Sarabia, Armando Benedetti y los dineros que ingresaron a su campaña en el Atlántico, lleva por lo menos 28 funcionarios enfrentando asuntos disciplinarios o penales. Sin embargo, se atreve a hablar de corruptos, como si no existirán procesos e investigaciones entre sus más cercanos.
Como si todo esto fuera poco, hoy carga con la vergüenza de un hijo privado de la libertad declarando en su contra, confirmando que sí ingresaron dineros ilegales a la campaña presidencial. Aunque Petro, al mejor estilo de Samper, diga que fue a sus espaldas, es responsable por no evitar la ilegalidad en su proceso electoral.
Petro habla de “paz total”, pero en un año, desde el 7 de agosto de 2022, hemos contabilizado 88 masacres, 303 muertos y 154 líderes asesinados. El mismo que incendió el país para empezar su campaña bajo la consigna “nos están matando”, parece no enterarse de que el país chorrea sangre mientras él se ocupa de cosas que no son importantes.
Recordemos, además, la caída registrada en el sector vivienda, que se ubica en el 53,3 %, según Camacol y la disminución del 30,1% en matrículas de vehículos nuevos. A esto se suma la crisis que no supieron atender con las aerolíneas low cost y el restablecimiento del IVA a los tiquetes aéreos del 5% al 19%, la eliminación de la exención del pago de IVA sobre los servicios de alojamiento, a pesar de que Petro pretendía cambiar el petróleo por aguacates y luego por turismo.
Hoy la desaprobación de Colombia del Presidente llega al 61 %, según Invamer, y no es para menos. Un año de desgobierno, violencia y desconfianza inversionista, es el resultado de un populista y narcisista en el poder.
Colombia exige una defensa contundente, ejerciendo la oposición en la que nos declaramos desde que Gustavo Petro ganó las elecciones. Tenemos tiempo para recuperar nuestro país, que le pertenece a la gente buena y no a los terroristas que intimidan, desplazan y asesinan como si no hubiera Dios ni Ley. Este octubre es decisivo para que en las urnas protejamos la Libertad y el Orden.
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