
Si hubiera que describir las características técnicas del auto más veloz del mundo y luego las del más lento, probablemente habría mayoría de opiniones similares. El más rápido tendría que ser un hypercar que se acerque a los 2.000 CV de potencia, tanto sea por medio de un motor de combustión interna y cuatro turbos, como en un Bugatti Chiron, un 100% eléctrico como el Rimac Nevera, o un híbrido enchufable como se ha anunciado que tendrá el Lamborghini Revuelto.
Por el contrario, si hay un vehículo en el mundo cuya velocidad es básicamente mínima, ese es un tractor.
Por si alguien se encuentra desprevenido, Ferruccio Lamborghini comenzó haciendo tractores en 1948, antes de convertirse en el otro fabricante de autos deportivos italianos que rivalizó desde el primer día con Ferrari, nada menos. Aquellos tractores se construyeron con piezas en desuso de vehículos que habían quedado de la Segunda Guerra Mundial, especialmente motores y diferenciales, y aunque su fundador transformó después esa industria en la que es hoy, dedicada a súperautos de alta performance, Lamborghini Trattori todavía existe.
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En 2016, cuando se conmemoraban los 100 años del nacimiento de Ferruccio Lamborghini, la marca había lanzado un nuevo automóvil del que sólo se fabricarían 40 unidades, al que llamaron Lamborghini Centenario. Se trataba de un súperauto basado en el espectacular Aventador, que tenía un poderoso motor V12 de 770 CV de potencia, con tracción y dirección en las cuatro ruedas, y una carrocería construida completamente en fibra de carbono a la que se le agregaron una cantidad de apéndices aerodinámicos que lo hacían asemejarse a un avión caza de combate.
Pero ese no fue el único modo de festejar que había transcurrido un siglo desde el nacimiento del creador de la marca del toro, porque simultáneamente, un artista plástico llamado Adler Capelli, construyó cinco tractores únicos, a los que llamó Lamborghini Centenario 1960, que eran verdaderas obras de arte. Más allá de una estética en la que el escultor italiano decidió prescindir de pintura y dejar la chapa virgen y pulida por partes para representar una pátina muy original, estos tractores tenían un motor diésel de tres cilindros y 2.2 litros que transmitía una moderada potencia de apenas 39 CV a las ruedas traseras, a través de una caja de cambios manual y convencional. La velocidad máxima, como corresponde a un tractor, es de sólo 40 km/h.
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Dos detalles que distinguen a estos vehículos son sus seis escapes, alternando un rojo y uno negro y a razón de dos por cilindro, símbolo de la alta performance de autos deportivos como los Lamborghini, y en el tablero, justo debajo del reloj que marca las RPM del motor y arriba del borne de electricidad, la presencia de una pequeña caja metálica con tapa, que al levantarla descubre un curioso cenicero en el hay un alojamiento justo para un cigarrillo.
Por supuesto, nadie en su sano juicio lo tomó como un tractor, sino con una verdadera pieza de museo para coleccionistas de vehículos poco frecuentes o de distintos modelos de una sola marca, de los que hay muchos en todo el mundo. Los cinco tractores se vendieron inmediatamente en 2016, y con el paso de los años, y la revalorización que ha tenido Lamborghini en los últimos dos años, cuando batió todos sus récords de ventas históricos gracias al éxito del SUV Urus, uno de aquellos propietarios decidió poner en venta su exclusiva unidad del Lamborghini Tractor 1960.
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Esta unidad es la número 04, tiene sólo 311 millas de uso registradas en su odómetro, y se acaba de poner en venta en Cartech Autotechnik AG Chur, un concesionario de automóviles exclusivos en Suiza. Su precio es de 480.000 francos suizos, equivalentes a unos 537.433 dólares, lo que confirma, por si hiciera falta mencionarlo, que no se trata de un vehículo para usar como herramienta de trabajo.
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