
La cumbre del G7 ha sido el lugar apropiado que Japón encontró para visibilizar su postura respecto a la eliminación de los motores de combustión interna como modo de reducir el impacto de la industria automotriz en el cambio climático.
El movimiento comenzó el año pasado pero se plasmó en un acuerdo del bloque el pasado 8 de junio, cuando el Parlamento Europeo aprobó el plan Fit for 55 propuesto por la Comisión Europea en julio de 2021, que intenta reducir un 55% las emisiones para 2030 respecto a 1990, y prohibir la fabricación de motores de combustión interna desde 2035.
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Según reporta Reuters, previamente al viaje para la cumbre, las autoridades de Toyota Motor Corporation le habían pedido al gobierno japonés que respaldara fuertemente la producción tanto de vehículos híbridos como eléctricos de cero emisiones, frente a los mandatarios que se reunirían en Alemania.

Así, la posición parece haber sido la de una eliminar una referencia a un “objetivo colectivo de al menos un 50% de vehículos con cero emisiones para 2030″, y en cambio reemplazarla por otra que expresara la búsqueda de “aumentar significativamente la venta, el uso compartido y la adopción de vehículos ligeros de cero emisiones, reconociendo la variedad de caminos que los miembros están adoptando para abordar estos objetivos”.
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Esta es la más clara defensa de los principios enunciados desde hace mucho tiempo por el CEO de Toyota Motor Corporation, Akio Toyoda, quién siempre ha resaltado que el enemigo del medio ambiente es el combustible fósil, pero no el motor de combustión interna como tal.
Paralelamente, Japón había presionado para eliminar el objetivo de que todas las ventas de autos y furgonetas nuevos en los países del G7, que conforman Gran Bretaña, Francia, EE.UU., Alemania, Japón, Italia y Canadá, sean “vehículos de cero emisiones” para 2035, en el comunicado de los ministros de clima del G7 a fines de mayo. Esto hizo que en el comunicado final de ese evento, el objetivo de 2035 no se incluyera, mientras sí se expresó que se comprometían a lograr un sector de carreteras altamente descarbonizadas para 2030, promoviendo aumentar significativamente las ventas de vehículos sin emisiones.
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Pero esta situación no es la única con la que debe lidiar el Parlamento Europeo por estos días. Recientemente, Italia, Portugal, Eslovaquia, Bulgaria y Rumania han manifestado que quieren retrasar cinco años un plan de la UE para prohibir la venta de automóviles nuevos con motores de combustión interna a partir de 2035, y llevar ese plazo hasta 2040, asumiendo el compromiso de reducir en un 80% los autos con la actual tecnología para mitad de la próxima década.
En la reunión entre todos los ministros de medio ambiente de los 27 países europeos del bloque que se está llevando a cabo este 28 de junio en Luxemburgo, la oposición parece haber llegado a ser más fuerte de lo esperado. La discusión tiene en el centro de la escena el impuesto al carbono que se piensa aplicar desde 2026, y los países con menos desarrollo de su matriz eléctrica se muestran reticentes debido a que sus poblaciones deberían enfrentar costos más altos de energía, no solo en cuanto a combustibles, sino también a electricidad y gas para la vida cotidiana y la producción.
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Alemania, mientras tanto, ha tomado una postura intermedia al apoyar el plan de descarbonización para 2035 pero con una propuesta de la ministra de medio ambiente Stefi Lemke, quién expresó que su país respaldaría el objetivo si se hace una propuesta separada para permitir que los automóviles que funcionan con combustibles “CO2 neutrales” se vendan después de 2035.

Esto, en pocas palabras, abriría la puerta para que los e-fuels, o combustibles sintéticos como los que están desarrollando Porsche y Siemens Energy, y los motores de combustión interna con inyección de hidrógeno gaseoso como los que propone Toyota, puedan coexistir en el futuro con los autos eléctricos.
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La posición de la Comisión Europea es firme respecto a 2035, debido a que la vida útil promedio de los autos nuevos es de 15 años, por lo que una prohibición posterior evitaría que la UE alcance emisiones netas cero para 2050, que es la meta que respalda la comunidad científica intrnacinal como fecha para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero y así evitar un cambio climático desastroso. Pero el escenario parece estar más complicado de lo que creían y quizás haya que revisar profundamente el proyecto.
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