
Cuando Dala Khajah y Josephine Wai Lin cofundaron ManServants, una compañía que permite a las mujeres contratar hombres atractivos como asistentes personales, novios y despedidas de solteras. Su objetivo es dar a las mujeres una auténtica fantasía en realidad.
Resulta que, en lugar de contratar a un stripper para que esté en una fiesta llena de mujeres, ellas tenían otras fantasías en mente:
– Un hombre atractivo que se presente en tu oficina para trabajar como tu asistente por un día. Él, por supuesto, es un tipo altamente competente.
– Un apuesto extraño que irrumpe en una despedida de soltera con copas de champán y se ofrece a dar masajes a las presentes.
– Un hombre obediente y bien vestido que te protege y va diciendo a los demás "no fotos".

Desde su lanzamiento, hace tres años, ManServants ha cumplido con todas esas fantasías y muchas otras. El negocio va tan bien que han duplicado sus ventas en el último año. En el proceso, tal y como cuenta Khajah, la compañía, sin quererlo, ha acumulado "la base de datos más grande de fantasías no sexuales de mujeres", una especie de informe Kinsey en la sombra.
"Nos topamos con un interesante experimento sociológico que nos ha mostrado lo que las mujeres modernas realmente quieren del sexo opuesto", relata Khajah, que tiene 28 años.
"Hablando en términos generales, las mujeres prefieren el desnudo emocional al desnudo real. Quieren sentirse conectadas y atendidas, y también quieren pasar un buen rato con sus amigas y sentirse reinas por un día", remarca.
El quid de esa fantasía, además de estar bien atendida y sentirse como una reina, es la parte que los hombres luchan por captar. La fantasía gira en torno al mimo y al trabajo emocional.

El concepto de trabajo emocional ha estado divagando en Internet durante varios años con el objetivo de caracterizar las relaciones de pareja con diferentes esfuerzos.
En un artículo publicado en Harpers Bazaar, la autora Gemma Hartley detalló su lucha constante para convencer a su esposo de reconocer ese concepto en acción. Incluso si ambas personas participan en el trabajo doméstico, dice ella, la persona responsable de administrar y delegar dicho trabajo está gastando un grado de energía que rara vez es reconocido o entendido por la otra parte.
Es por eso que ese trabajo emocional suele ser ingrato, además del estrés cotidiano de los hogares, que suele recaer, de forma abrumadora, en las mujeres.
"Llevar la peor parte de todo ese trabajo emocional en el hogar es frustrante. Es la palabra que más escucho cuando hablo con mis amigas sobre todo el trabajo que hacen. Es frustrante tener todas esas responsabilidades, que nadie te las reconozca y que no haya forma de cambiar esta situación sin una gran confrontación", lamenta.
Según muchas mujeres, el trabajo emocional se extiende más allá de los entornos domésticos en espacios públicos y en los lugares de trabajo, donde hay una gran desigualdad de género. Especialmente en las industrias dominadas por hombres, las mujeres están bajo presión para hacer de equilibrio, lo que les exige mantener un cierto grado de feminidad a la vez que tienen que demostrar que son lo suficientemente fuertes e independientes como para ser "uno de ellos" y un empleado competente.
Algunas mujeres advierten que desafiar las expectativas de género puede conducir a conflictos o marginación.
¿Necesitas un ejemplo? Hillary Clinton decidió que, para compensar la percepción de que era una persona fría e intransigente, invitaría a compañeros hombres a sus reuniones, tal y como informó Atlantic en 2006.
"En los lugares de trabajo, estás constantemente pendiente de que los otros se sientan cómodos con tu presencia", señala Gabriela Del Valle, redactora de The Outline, que publicó un artículo sobre el impacto generalizado del trabajo emocional en las mujeres. "Como mujer, desde una edad temprana, eres consciente de que estás siendo observada y de cómo otros perciben tus acciones y tu cuerpo", argumenta.
Controlarse y dirigirse a uno mismo para manejar las emociones de otras personas, según Del Valle, es una forma de trabajo emocional que también no se limita al género y, a menudo, dicta la experiencia de las personas de color y otras minorías.
La capacidad de invertir esa dinámica en tu cabeza, incluso durante unas pocas horas, no solo es agradable sino que también es una sensación liberadora.
Una vez que los hombres son contratados, reciben capacitación para convertirlos en auténticos "anfitriones de fiestas" y "respetuosos" al tiempo que desarrollan su inteligencia emocional y les enseñan a anticipar las necesidades de sus clientas.
Las mujeres, a su vez, son alentadas no solo a externalizar esas necesidades sino a exigirlas a los hombres, lo que les permite ser ellas mismas.
Y funciona.
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