
Tel Aviv, La Habana, Nueva York, Hamburgo, Roma… En un año, visitó 12 países en los que tuvo más de 50 citas. A su regreso a Suiza, escribió un libro.
A finales de 2015, Yvonne Eisenring decidió dejar su trabajo y su piso y ponerse a viajar por el mundo en busca del amor. Tel Aviv, La Habana, Nueva York, Hamburgo, Roma… En un año, visitó 12 países en los que tuvo más de 50 citas. A su regreso, escribió un libro en el que cuenta sus experiencias. Contacté con ella para saber si es más fácil encontrar el amor cuando te dedicas a buscarlo a tiempo completo.
VICE: ¿Tu trabajo era tan estresante que tuviste que tomarte una temporada de descanso para buscar pareja?
Yvonne Eisenring: Empecé a trabajar a los 20 años. Era una de las reporteras de televisión más jóvenes de Suiza. Cuando cumplí 27 años, me di cuenta de que hacía que tiempo que no me enamoraba y me pregunté por qué sería. Quise averiguar si era más probable enamorarse cuando una tiene mucho tiempo libre y está libre de responsabilidades. Varios amigos me dijeron que era muy valiente por mi parte, mientras que otros lo vieron como un riesgo innecesario para mi carrera profesional.
Si me hubiera tomado ese año para hacer algún posgrado, nadie me lo habría echado en cara, porque lo habría hecho por el bien de mi trayectoria, pero claro, cuando la razón es el amor, nunca se sabe si va a valer la pena.
¿Crees, entonces, que somos capitalistas en lo que respecta al amor?
Nos centramos demasiado en el rendimiento. Todo lo que hacemos tiene que dar un fruto, y como enamorarse no ofrece resultados inmediatos, preferimos invertir nuestro tiempo en el cuerpo, nuestra formación o nuestros perfiles de redes sociales. El único momento en que puedes conocer a alguien es durante el trayecto de la oficina al gimnasio.

¿No crees que el hecho de considerar la búsqueda de amor como una especie de proyecto también tiene un enfoque centrado en el rendimiento?
No es lo que yo hice. No me dediqué a abrirme una cuenta en todas las plataformas de citas que encontré y a ponerme a buscar el amor verdadero, sino que empecé a viajar para ver qué ocurre cuando tienes más tiempo libre y menos preocupaciones. Mis amigos me presentaban a chicos y yo tenía tiempo para conocerlos. La verdad es que solo usé Tinder en Nueva York y Hamburgo. Si no hubiera sido por Tinder, no habría conocido a nadie en Hamburgo.
¿Alguno de los hombres que conociste se acercaba a los estereotipos que suele haber de ellos en cada país?
Para poder decir que los cubanos son de esta manera o los alemanes de esta otra, tendría que haber salido con 5.000 hombres, no con 50. Sin embargo, sí que comprobé que algunos tópicos se cumplían. En Cuba, por ejemplo, bailé mucha salsa, y el chico con el que estaba me dijo que era la mujer más guapa con la que había estado nunca a los cinco minutos de conocerme. Los neoyorquinos rehuían el compromiso, siempre al acecho por si había algo mejor a la vuelta de la esquina. Para ellos eso de las citas parecía más un hobby.
Los italianos que conocí eran muy agradables, me echaban un montón de piropos y hablaban mucho de sus madres. Decían, por ejemplo, "La carbonara en este restaurante está muy buena, pero la de mi madre está mejor". En Italia también me di cuenta de que las diferencias entre ambos sexos eran más acentuadas: en el sur de Europa, hombres y mujeres parecen ser un misterio el uno para el otro. Pero parece que les va bien así.
En el caso de Alemania, los clichés no se cumplían. Muchos de los chicos que conocí eran divertidos y sarcásticos. Se reían de sí mismos y todos tenían buena apariencia. Creo que a los centroeuropeos se les ha colgado injustamente una etiqueta que no se merecen en lo referente a las relaciones amorosas.

¿Cuál ha sido tu peor cita durante el año pasado?
Una vez estaba con un chico y empezamos a hablar de que a los dos nos gusta mucho cantar. De repente, se puso a cantar un aria en medio de la cafetería. Tenía muy buena voz, pero eran las cuatro de la tarde y no habíamos probado ni una gota de alcohol.
¿Qué aprendiste de ese periodo sabático?
Lo más importante que aprendí es que vale la pena arriesgarse y apostar por tu vida privada. Hay gente que tiene miedo de perder el control o de que les hagan daño. Cuando te enamoras, todo tu mundo se pone patas arriba. Me extraña que no haya más gente dispuesta a apostar por el amor.
Entonces, ¿te enamoraste?
No te lo puedo decir porque estropearía el final de mi libro. Lo que sí puedo decirte es que ahora mismo soy muy feliz.
Muchas comedias románticas están basadas en la idea de que uno se enamora cuando menos se lo espera. ¿Consideras que es un espejismo?
No puedes ir a la caza del amor, pero ayuda estar atenta y moverse un poco. Obviamente, puedes encontrar al amor de tu vida en el súper, pero si tienes la cabeza en otros asuntos, muy posiblemente pases de largo sin darte cuenta. Tienes que propiciar que sucedan este tipo de situaciones. Has de preparar el escenario para que el amor haga su aparición estelar.
Publicado originalmente en VICE.com
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