Por qué los médicos de Tailandia le temen al KFC

Reportajes Especiales - Business

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En un país donde las supersticiones son tan imaginativas como numerosas, el personal médico cree que comer pollo de Kentucky Fried Chicken en el trabajo trae turnos insoportables.

Thanat Tantinam, un cirujano colorrectal en Tailandia, sabe muchas cosas gracias a su formación médica, como los pormenores del sistema digestivo humano o las tasas de cáncer de colon. Pero también sabe algo más: nunca comas Kentucky Fried Chicken en el trabajo.

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Desde que era estudiante de medicina, hace unos diez años, la cadena estadounidense de comida rápida es objeto de una extraña superstición entre los médicos tailandeses, muchos de los cuales creen que comer su pollo en el trabajo conduce a turnos insoportablemente ajetreados.

"En algunos hospitales es una superstición seria", dijo Thanat, de 35 años. "Tus colegas podrían enojarse si traes KFC".

Hace poco puso a prueba esta teoría. Entre 2023 y 2024, él y varios compañeros en el Hospital Phatthalung en el sur de Tailandia, donde trabajaba en ese entonces, llevaron a cabo un ensayo controlado aleatorizado de 345 turnos quirúrgicos, en el que compararon métricas como la carga de casos o la pérdida de sangre estimada en pacientes de tres grupos de cirujanos: un grupo que comió KFC, otro que recibió comida de una marca local llamada Five Star Chicken, y otro que no comió nada.

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El estudio, publicado a principios de este año en Annals of Surgery Open, una revista médica que se edita en Filadelfia, concluyó que comer KFC no conduce, en efecto, a más trabajo. Pero también dejó muchas preguntas sin respuesta: ¿De dónde surgió la maldición de KFC? ¿Y cómo se había apoderado de algunas de las mentes científicas con mayor formación del país, incluido el propio Thanat?

"Sí, todavía lo creo, tal vez en un 80 por ciento de 100", dijo. "Si alguien me trajera KFC al trabajo, lo guardaría hasta después de mi turno".

Este tipo de supersticiones abunda en Tailandia, donde el budismo se ha mezclado con un popurrí de otras tradiciones espirituales, como el animismo, los rituales hindúes y la astrología china, para crear una fuerte afinidad por lo sobrenatural en la vida contemporánea.

"En Tailandia, la superstición no es lo opuesto a la modernidad; convive cómodamente con ella", dijo Theeranuch Pusaksrikit, profesora de la escuela de negocios de la Universidad de Chulalongkorn que investiga cómo las supersticiones afectan el comportamiento consumista. "La misma persona puede tener un título en ciencias, consultar una fecha propicia antes de firmar un contrato y llevar un amuleto al trabajo".

'Esto no es KFC'

Ninguna ocasión es demasiado grande o demasiado pequeña para una pizca de superstición. Existen los infames rituales de magia negra que de vez en cuando afloran en la política, y costumbres populares como vestirse con colores de la suerte que corresponden a cada día de la semana. El año pasado, cuando se abrió un socavón y dejó varada a una camioneta cerca del Hospital Vajira de Bangkok, donde Thanat trabaja actualmente, la gente se apresuró a comprar billetes de lotería que coincidieran con el número de la matrícula del vehículo.

"Cada hospital tiene su propia cultura de supersticiones", dijo Thanat. También ha oído hablar de colegas que evitan los frutos secos, la pizza o el café mientras trabajan, y sabe de al menos un hospital donde los plátanos, que por lo demás se consideran un alimento de la suerte, son tabú.

Pero pocas supersticiones médicas han sido tan universales y duraderas como la maldición del KFC, un hecho que ha sido un punto de fascinación en el propio KFC.

"Investigamos los datos y estaba bastante claro", dijo Suhayl Limbada, hasta hace poco director de marketing de KFC Tailandia. "Había una tendencia notable en los restaurantes que estaban cerca de los hospitales: había una caída en las ventas".

Hace dos años, aprovechó la maldición para crear una campaña de mercadotecnia. Aunque jugar con prácticas culturales ya le había causado problemas a Limbada (las varitas de incienso con aroma a pollo frito que la empresa lanzó para el Año Nuevo Lunar fueron muy criticadas), esta campaña tuvo una acogida mucho más cálida.

Lanzada en el día del médico en noviembre de 2024, la campaña ofrecía una especie de ritual de purificación: el pollo se vendía en envases etiquetados con eslóganes como "Esto no es KFC" en las tiendas cercanas a los hospitales.

Limbada tiene sus propias ideas sobre cómo surgió la maldición. KFC abrió en Tailandia en 1984 y desde entonces se ha convertido en una de las cadenas de comida rápida más omnipresentes del país, además de pionera de la entrega a domicilio nocturna. Opera cerca de 1300 sucursales, lo que supera por mucho a McDonald's, que tiene alrededor de 240. Incluso en el pueblo rural más pequeño, lo más probable es que haya al menos un KFC.

Cree que uno de esos locales rurales pudo haber sido el punto cero: una entrega nocturna a un hospital local con poco personal, donde esperaba, con hambre, una persona del equipo médico que ignoraba que estaba a punto de recibir una avalancha de pacientes capaz de hacerle perder la cordura.

Fomentar la solidaridad

Desde entonces, la superstición ha acumulado un catálogo de leyendas muy específicas.

Es ampliamente sabido, por ejemplo, que solo se aplica a los departamentos que no pueden salir fácilmente del hospital para las comidas, como cirugía o salas de emergencias, dijo Titaporn Nasaarn, una médica de urgencias de 34 años en el Hospital Kamalasai en el noreste de Tailandia.

Recordó cómo sus colegas en una ocasión aprovecharon la superstición con éxito para un buen propósito. Fue durante una tarde inusualmente tranquila en la unidad de cuidados intensivos quirúrgicos, y parte del personal de enfermería, que quería trabajar, temía perder sus próximos turnos.

"El anestesiólogo de guardia realizó un ritual para invocar casos y pidió KFC y pizza", dijo. Las camas se llenaron. Pero "normalmente, casi nadie se atreve a pedirlo", agregó.

Para todos los demás, por supuesto, KFC, con versiones tailandesas como el arroz con pollo al curry verde, sigue siendo una comida apetecible. Y en muchos hospitales, los pacientes o sus familias de vez en cuando invitan a sus cuidadores médicos a comerlo, un gesto que de manera invariable pone nerviosa a Jaruda Mamuangbon, una enfermera de 42 años del Hospital Vajira.

Pero ella y sus colegas han notado que la cantidad de regalos de KFC se ha desplomado en los últimos dos años aproximadamente.

"Siempre hemos aceptado el amable obsequio con gusto", dijo Jaruda. "Pero creo que las familias de los pacientes probablemente se hayan enterado de la superstición por las redes sociales".

Theeranuch, la profesora, ve la creencia generalizada en la maldición no como una postura anticientífica, sino como una manera de que los trabajadores médicos de Tailandia mantengan el ánimo.

"El trabajo en el hospital es sumamente impredecible, y una regla compartida como 'no comas KFC en el turno' puede darle al personal una pequeña sensación de control sobre algo que es inherentemente impredecible", dijo. "También fomentan la solidaridad".

Thanat ha adoptado un punto de vista similar. Bajo el ropaje sobrenatural de la maldición de KFC, dijo, hay realidades terrenales más sombrías.

Es revelador que la maldición se haya limitado en gran medida a los hospitales públicos del país, donde los médicos --sobrecargados de trabajo y mal pagados en comparación con sus homólogos del sector privado-- han exigido desde hace tiempo mejores condiciones laborales.

"Si trabajas en un hospital privado, querrías que llegaran más pacientes", dijo Thanat, y agregó que la remuneración de los médicos en los hospitales privados aumenta con una mayor carga de casos.

"Creo que la maldición de KFC es una proyección de miedo", dijo. "Necesitamos un chivo expiatorio".

Phuriphat Dejsuphong colaboró con la reportería.

Phuriphat Dejsuphong colaboró con la reportería.

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