El presidente de Paraguay renuncia después de que millones pierden sus ahorros

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El banco Ueno fue intervenido por el Banco Central de Paraguay el martes por la mañana después de que los reguladores descubrieron que ya no era solvente.

El presidente de Paraguay presentó su renuncia el jueves después de la quiebra de un importante banco muy vinculado a su gobierno, lo que dejó a la mitad de una población de seis millones de habitantes sin posibilidad de acceder a su dinero.

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En un video publicado en internet a las 1:16 p. m., el presidente Santiago Peña, un economista conservador, dijo que renunciaba en aras de la estabilidad. Describió la decisión como "uno de los momentos más difíciles de mi vida".

"Quiero pedir disculpas al pueblo si en algún momento he fallado", dijo Peña, que se enfrentaba a una votación en la cámara baja del Congreso para destituirlo por la quiebra del banco, la cual los legisladores calificaron de "un grave y sistemático mal desempeño de sus funciones".

"Nunca fue mi intención defraudar la confianza que depositaron en mí", dijo Peña.

Minutos después de su anuncio, los diputados votaron por unanimidad a favor de seguir adelante con el proceso de destitución.

La dramática caída de Peña, de 47 años, que fue electo en 2023, ha sumido a un aliado sudamericano incondicional del gobierno de Donald Trump en una profunda incertidumbre política.

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Además, amenaza con ahuyentar a los inversores de un país pobre y plagado de corrupción que recientemente había recibido elogios por sus reformas. La economía creció un 6,6 por ciento en 2025, el ritmo más rápido de cualquier país latinoamericano, a excepción de Guyana, que es rica en petróleo.

El banco al centro del escándalo, Ueno, fue intervenido por el Banco Central de Paraguay el martes por la mañana después de que los reguladores descubrieron que ya no era solvente. Millones de paraguayos se dieron cuenta enseguida de que ya no podían retirar dinero, hacer pagos digitales ni usar sus tarjetas bancarias para comprar comida.

"Amanecí el martes sin poder hacer nada, sin ni un peso", dijo Benicia Sosa, de 56 años, que participó en una protesta el miércoles por la noche frente al Congreso.

"Me siento con el corazón roto", dijo Sosa, una empleada doméstica de Luque, una ciudad a las afueras de Asunción, la capital.

Dijo que a su esposo y a sus ocho hijos les habían bloqueado el acceso a sus cuentas de Ueno.

"No sabemos hacia dónde agarrarnos", dijo Sosa. "No se puede vivir con agua nomás. Tenemos criaturas, tenemos nietos, todos dependemos del banco".

Dijo que le había llamado la atención una oferta de Ueno que ofrecía a los titulares de la tarjeta hasta un 40 por ciento de reembolso en los supermercados.

También dijo que se arrepentía de haber votado a Peña, que prometió impulsar la economía y crear medio millón de puestos de trabajo.

"Fui una estúpida", dijo, antes de volver a unirse a una marcha hacia el palacio presidencial. "La economía se va a ir a la mierda".

El jueves por la mañana, el Ministerio Público, la fiscalía general de Paraguay, dijo que estaba evaluando una denuncia penal formal contra el presidente presentada por varios diputados.

En tan solo unas décadas, Ueno pasó de ser un prestamista en un destartalado mercado de Asunción a convertirse en una aplicación bancaria para jóvenes y en un actor financiero de peso, al que a veces se compara con Revolut o Nubank. Pero los escépticos llevan tiempo indicando que este ascenso de prosperidad fue posible gracias al dinero público y a contactos en las altas esferas.

Cuando Peña asumió el cargo en agosto de 2023, nombró al expresidente de Ueno, Carlos Carvallo, para dirigir el Banco Central. Meses después, el Banco Central concedió a Ueno una licencia para convertirse oficialmente en un banco tradicional.

Carvallo renunció el martes.

A finales de octubre, Ueno --cuyo nombre no se escribe con mayúscula inicial en los documentos de la empresa-- dijo que contaba con unos 2,9 millones de clientes. Además, guardaba más de 800 millones de dólares de fondos públicos, incluido aproximadamente el 10 por ciento de un fondo público de pensiones.

Ueno patrocinaba a la selección nacional de fútbol de Paraguay y a decenas de otras empresas y marcas. Una empresa asociada, Itti, creció hasta conseguir decenas de contratos de gobierno para asuntos relacionados con datos de los ciudadanos.

El año pasado, Peña dijo que se había separado oficialmente de otra empresa relacionada, Ueno Holding, en medio de críticas de que sus acciones suponían un conflicto de intereses. Dijo que no había ocurrido nada ilegal.

Aun así, la cercanía del banco con el poder despertó las sospechas de los reguladores --y la enemistad de sus rivales--, dijeron los analistas.

La inquietud salió a la luz en septiembre, cuando unos diputados leales a Horacio Cartes, un poderoso expresidente, pidieron al Banco Central que respondiera a cuestionamientos sobre Ueno. Cartes también es el líder del Partido Colorado, que ha gobernado Paraguay casi por completo en los últimos 80 años.

Peña había sido ministro de Economía y Finanzas bajo el mandato de Cartes, un acaudalado empresario del tabaco al que el gobierno de Joe Biden sancionó por presuntos casos de corrupción. Pero los dos se distanciaron en medio de una disputa sobre quién lideraría el partido de cara a las elecciones de 2028, según Miguel Carter, politólogo paraguayo-estadounidense.

En octubre, algunas informaciones indicaban que Ueno había prestado unos 150 millones de dólares a pequeñas empresas vinculadas a sus propios directivos y empleados, lo que podría suponer una infracción de la normativa bancaria y poner en peligro su balance. Preocupados por su solvencia, los inversores extranjeros empezaron a deshacerse de los bonos de Ueno.

Este mes, Ueno ofreció más beneficios a los ahorradores que mantuvieran dinero en sus cuentas.

La semana pasada, el banco dijo que había recaudado 100 millones de dólares de inversores y de su propia sociedad de cartera registrada en Luxemburgo, y desmintió los rumores sobre una intervención inminente.

La rapidez con la que se derrumbó Ueno sorprendió incluso a sus detractores y recordó a la crisis de 1995 que acabó con la mitad de los bancos de Paraguay. "Al final, se desató como una especie de tsunami", dijo Carter, el politólogo.

Carvallo, el presidente del Banco Central que renunció el martes, dijo en una rueda de prensa que el sistema financiero en general estaba a salvo y que los clientes de Ueno recuperarían su dinero "lo antes posible", hasta un valor aproximado de 38.000 dólares.

Ese límite también se aplica a las empresas, dijeron los analistas, lo que significa que las firmas que habían depositado grandes cantidades de efectivo en el banco también podrían quebrar.

El siguiente en la línea de sucesión de Peña es el vicepresidente Pedro Alliana, también del Partido Colorado. Pero algunos diputados dijeron que no se debería permitir que Peña simplemente se marchara de su cargo.

"La renuncia no es una salida positiva", dijo una diputada de la oposición, Johanna Ortega.

Si a Peña se le permitiera renunciar, dijo Ortega, se convertiría en senador honorario con inmunidad parlamentaria, en virtud de lo que establece la Constitución. Eso, dijo, lo protegería de cualquier investigación, y añadió que todo era un lío: "Es un kilombo acá".

Los medios locales informan que Peña podría estar pensando en irse del país con la ayuda de Estados Unidos, imitando la huida del mes pasado del candidato presidencial brasileño derrotado, Flávio Bolsonaro.

Anoche, la presidencia desmintió los "rumores" que circulaban sin dar más detalles. La embajada de Estados Unidos en Asunción remitió las preguntas al Departamento de Estado.

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