
Flávio Bolsonaro iba saliendo de la comunidad cerrada donde su padre cumple arresto domiciliario, dijo, cuando decidió que prefería irse de Brasil antes que arriesgarse al mismo destino.
Esa decisión, que Bolsonaro dijo haber tomado apenas la mañana después de perder las elecciones presidenciales de Brasil, lo lanzó a un espectacular escape de 8000 kilómetros, con el que eludió investigaciones penales, a través de Sudamérica para terminar finalmente en Estados Unidos.
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El avión que lo llevó a Miami fue organizado por un funcionario de la Casa Blanca y su ingreso a Estados Unidos fue concedido directamente por el presidente Donald Trump, según algunos funcionarios estadounidenses. Gran parte del periplo sigue siendo desconocido, aunque se sabe que llevó a Bolsonaro por Ecuador y Argentina, donde uno de los principales asesores del presidente Javier Milei se reunió con él en un aeropuerto.
Sin embargo, en su primera entrevista desde que huyó la semana pasada, Bolsonaro dijo que logró este viaje asombroso y secreto por su cuenta. "Fui todo yo", dijo a The New York Times el miércoles por la tarde. "No hubo ayuda de absolutamente nadie, de ningún gobierno".
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"Cómo llegué aquí", agregó, "me lo llevaré a la tumba".
El plan de irse, dijo, fue decidido espontáneamente con su esposa, aunque sabía que tenían amigos en el extranjero: "Puede que haya habido apoyo moral, pero nada más".
Bolsonaro, de 45 años, quien enfrenta varias investigaciones en relación con lavado de dinero y corrupción en Brasil, huyó después de que las autoridades brasileñas le ordenaron entregar sus pasaportes. El miércoles, Bolsonaro reafirmó su inocencia e insistió en que, de haberse quedado, habría enfrentado una condena casi segura.
"Ya sé que el resultado final será mi encarcelamiento", dijo Bolsonaro. Calificó al poder judicial de diligente en exceso y motivado políticamente, y señaló al juez del Tribunal Supremo que encarceló a su padre por intento de golpe de Estado después de perder las elecciones de 2022 frente l presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
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En una entrevista de 75 minutos, Bolsonaro, senador de derecha, reconoció por momentos la difícil situación actual de su familia: de estar a punto de regresar al poder en Brasil a un repentino exilio en el extranjero. Su padre, Jair, no solo enfrenta una sentencia de 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado, sino que su hermano Eduardo también había huido a Estados Unidos, donde se quedó una vez que fue condenado en Brasil por instar al gobierno de Trump a interferir en el juicio de su padre.
Flávio Bolsonaro no ha sido acusado de ningún delito; sin embargo, una vez que su mandato como senador termine a principios de 2027, perderá su inmunidad parlamentaria y podría ser procesado.
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A pesar de que su propio partido ha aceptado el resultado de las elecciones, Bolsonaro se mantuvo firme en rechazar su derrota el mes pasado ante Lula, la cual afirmó, sin aportar sustento, que era "matemáticamente imposible".
"Sé que no llevará a nada", dijo sobre sus frustraciones. "Perdí ante el sistema".
Se quejó extensamente sobre el gasto del gobierno durante la contienda, afirmando que eso le dio a Lula, un izquierdista, una ventaja injusta. Arremetió contra el movimiento digital que ayudó a impulsar a su rival. Y abundó drásticamente en sus afirmaciones de fraude, haciéndose eco por momentos de las teorías de conspiración que su padre alguna vez difundió sobre las máquinas de votación de Brasil, un sistema que los expertos internacionales consideran uno de los más seguros del mundo.
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"Tengo mis sospechas", dijo Bolsonaro cuando se le cuestionó sobre sus afirmaciones. "Nadie puede decir con 100 por ciento de certeza que tengo razón, ni con 100 por ciento de certeza que estoy equivocado".
Hace cuatro años, las afirmaciones de su padre encontraron una audiencia cautiva e inspiraron a sus partidarios a acampar frente a cuarteles militares en todo Brasil. Miles de alborotadores irrumpieron en los recintos del poder de Brasil el 8 de enero de 2023, exigiendo que el ejército anulara el ajustado resultado.
El hijo mayor del expresidente enfrenta un escenario marcadamente diferente. Lula ganó por un amplio margen y líderes clave en el partido de Bolsonaro han dicho que no había evidencia de fraude. Hasta ahora, pocos brasileños han salido a las calles por la derrota de Bolsonaro. Incluso sus aliados latinoamericanos de derecha han reconocido la victoria de Lula.
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Aun así, Bolsonaro dijo que le robaron la presidencia con trampas.
Hasta ahora, las quejas de Bolsonaro se habían centrado principalmente en una extensión del horario para votar, que según él fue dictada por un magistrado con motivaciones políticas.
De hecho, ambos candidatos habían solicitado el cambio porque las lluvias torrenciales y los retrasos de los autobuses habían dificultado el paso a los votantes en algunas regiones. Pero la decisión del tribunal que concedió la ampliación de horario llegó cerca del final de la jornada electoral, lo que causó confusión mientras algunos centros de votación tenían dificultades para seguir abiertos.
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Sin embargo, en última instancia la medida solo influyó en 34.000 votos, lo que las autoridades electorales de Brasil dijeron que era una cifra demasiado pequeña para afectar el resultado; Lula ganó por 4,4 millones de votos.
Pero Bolsonaro, quien hasta ahora había adoptado un tono más moderado que su padre en muchos temas, incluido el sistema electoral, insistió en sus acusaciones y las amplió.
Habló de manipulación de votos y reforzó afirmaciones, que han sido desmentidas, de una brecha de seguridad en la sala acorazada donde las computadoras cuentan los votos. La extensión del horario de votación, dijo sin aportar evidencia, podría haber servido como una tapadera para agregar ilícitamente muchos más votos al marcador de su oponente.
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El tribunal electoral de Brasil, que supervisa las elecciones, ha desestimado sus acusaciones. Los observadores independientes internacionales también han certificado la integridad de la votación y decenas de países han reconocido el resultado.
Aunque Estados Unidos no se encuentra entre los países que reconocen la victoria de Lula, Trump solo insinuó que las elecciones de Brasil parecían "extrañas" y se negó a decir quién había ganado.
Bolsonaro no lo culpó. "No tomó partido, lo cual es lo correcto", dijo, y agradeció a Trump por permitirle quedarse en Estados Unidos.
E incluso después de que Trump dijo la semana pasada que no tenía planes de reunirse con Bolsonaro, su equipo tiene la esperanza de un encuentro en la Conferencia de Acción Política Conservadora en Mar-a-Lago en los próximos días.
Desde fuera de su país, Bolsonaro dijo que buscaría impugnar legalmente la victoria de Lula, aunque reconoció que tiene pocas posibilidades de éxito. También planea defender a los aliados en Brasil que impulsan su programa político, que incluye reducir la edad de responsabilidad penal y buscar amnistía para su padre y los que participaron en los alborotos del 8 de enero.
Al mismo tiempo, Bolsonaro evadió las preguntas sobre si también planea presionar al gobierno de Trump para que EE. UU. emprenda más medidas dirigidas a Brasil.
El Departamento de Estado designó este año a las dos bandas de narcotraficantes más grandes de Brasil como grupos terroristas, y el año pasado Trump utilizó aranceles y sanciones a fin de presionar a Brasil para que retirara el caso contra el padre de Bolsonaro.
La mañana después de su derrota electoral, dijo Bolsonaro, las autoridades se le acercaron cuando salía de la casa de su padre para decirle que tenía 24 horas para entregar sus pasaportes. El expresidente, con lágrimas en los ojos, se apartó a un lado con su hijo antes de despedirse, según Bolsonaro.
"Me miró a los ojos y dijo: 'Ya sabes a dónde van con esto, ¿verdad?'", recordó.
"Dije: 'Papá, ya lo sé'", agregó. "'Y estoy preparado, sé lo que tengo que hacer'. Me giré y me fui". Ninguno de los dos habló de un plan para huir, dijo.
Unas horas más tarde, Bolsonaro hijo publicó un video en las redes sociales en el que decía que planeaba entregar sus documentos como se le había ordenado. "Nunca he pensado en irme del país", dijo en el video, en el que prometía liderar la oposición después de que su partido lograra victorias importantes en la legislatura de Brasil.
Poco después, se desvaneció, solo para aparecer en Miami unas 42 horas más tarde.
A Bolsonaro, su esposa y sus dos hijas ahora se les permitirá quedarse en Estados Unidos durante al menos un año, en virtud de un estatus migratorio que generalmente se otorga por razones humanitarias.
Bolsonaro dijo que aún no está seguro de dónde se establecerá su familia. Su hermano menor, Eduardo, ha estado viviendo en Texas y recientemente se le otorgó la residencia permanente, un estatus conocido como la green card.
Pero, después de que una demócrata ganó la gubernatura de Texas en las elecciones intermedias de esta semana, Paulo Figueiredo, uno de los aliados cercanos de los Bolsonaro, propuso Florida como base natural para la familia.
Bolsonaro dijo que su familia se está instalando, aunque espera que solo sea temporalmente. "Tendré que seguir adelante con mi vida desde Estados Unidos, al menos por ahora", dijo.
Aun así, no ha descartado un regreso. "Si hay nuevas elecciones, obviamente volveré a ser candidato".
Adam B. Ellick colaboró con la reportería desde São Paulo y Lis Moriconi e Isabela Cruz colaboraron con la investigación desde Río de Janeiro.
Ana Ionova es colaboradora del Times con sede en Río de Janeiro y cubre Brasil y los países vecinos.
Adam B. Ellick colaboró con la reportería desde São Paulo y Lis Moriconi e Isabela Cruz colaboraron con la investigación desde Río de Janeiro.
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