De Luisiana a Laos: la vida después de la deportación, contada en TikTok

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Los videos de personas deportadas de Estados Unidos acumulan millones de visualizaciones y muestran las dificultades de empezar de nuevo en países de origen --o terceros países-- que apenas conocen.

Cuando Laymone Khambounleung fue deportado a Laos en agosto pasado, los familiares de su madre lo recibieron en un centro de detención. Él no sabía cómo se veían.

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Fue una de las muchas incógnitas que Khambounleung enfrentó cuando fue expulsado de Estados Unidos, el único país que realmente había conocido, por condenas que incluían robo con allanamiento y amenazar a un familiar.

Ahora, está aprendiendo a desenvolverse en la vida diaria de un país que dejó hace cuatro décadas cuando era un bebé. Khambounleung, quien creció en Luisiana, puede hablar lao, pero no sabe leer ni escribir en el idioma. Se ha hecho amigo de otros hombres que, como él, dejaron el país de niños y se asimilaron en Estados Unidos.

Y, al igual que los deportados en toda América Latina, África y otras partes de Asia, está compartiendo vistazos de su vida en las redes sociales, con la esperanza de generar conciencia sobre los retos y las oportunidades que enfrentan las personas cuando son expulsadas a países de origen que no les resultan familiares, o a terceros países con los que no tienen ningún vínculo. Para algunos, sus publicaciones en línea también representan un ingreso.

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En los videos de Khambounleung, sus reacciones a los paisajes de Laos, narradas con su acento de Luisiana, han atraído millones de visualizaciones.

"Todo es nuevo para mí también", dijo Khambounleung, de 41 años, en una entrevista. "Quería dejar que el mundo entero viera también la cultura de Laos, que la experimentaran conmigo mientras yo la estoy experimentando".

Entre la investidura del presidente Trump en enero de 2025 y finales de julio, alrededor de 980.000 personas fueron deportadas por el Departamento de Seguridad Nacional, según un análisis del Instituto de Política Migratoria, un centro de estudios no partidista. Aunque la mayoría fueron interceptados en la frontera, una cifra considerable eran migrantes que residían en el país.

A través de sus videos en TikTok, Instagram y YouTube, las vidas de personas que residieron en Estados Unidos durante mucho tiempo se relatan en nuevos capítulos posestadounidenses. A los espectadores en las redes sociales se les ofrece una ventana única a lo que viene después de que la deportación trastoca una vida.

'En realidad no encajas en ninguna parte'

Para algunas personas, ser deportado significa regresar a un país del cual tienen pocos recuerdos.

Khambounleung tenía 3 años cuando su familia, refugiados de Laos, llegó a Nueva Iberia, Luisiana, dijo. Tras una condena por robo con allanamiento, un juez ordenó en 2007 su expulsión de Estados Unidos.

Dado que en ese entonces Laos aceptaba a pocos deportados, Khambounleung permaneció en libertad supervisada y fue condenado por delitos adicionales, que incluyeron robo y amenazar a un familiar. Trabajaba como soldador de tuberías en Texas cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas lo detuvo el año pasado, dijo.

"Los extranjeros ilegales criminales no son bienvenidos en Estados Unidos", dijo el Departamento de Seguridad Nacional en un comunicado, destacando los antecedentes penales de Khambounleung.

Se mudó con unos tíos a las afueras de Vientián, la capital de Laos.

"Si no fuera por ellos, vaya, no sé qué haría aquí", dijo. "Estaría perdido".

Ante la dificultad para encontrar trabajo, empezó a capturar en video su nuevo entorno: atardeceres a lo largo del río Mekong, un viaje en motoneta que salió mal en un arrozal, un edificio que le recordaba a Toad de Super Mario Brothers.

"Siempre quiero captar un momento gracioso", dijo. Espera que sus publicaciones lo ayuden a ganarse la vida.

Pero hay retos que no llegan a las redes sociales. Khambounleung ha dejado familia en Estados Unidos, incluida una hija pequeña.

"Todos en el video, todos sonríen, se ríen y todo", dijo. "Pero en el fondo, todos estamos tristes".

Bryan Vasquez, de 30 años, también se está adaptando a la vida en un país de origen desconocido. Fue deportado a El Salvador en 2020.

Vasquez, también, había sido llevado a Estados Unidos por familiares. Un juez ordenó su expulsión cuando era niño en 2007. Pero Vasquez dijo que no estaba al tanto de la orden de deportación, y esta no se ejecutó hasta 2020, después de que fue condenado por conspirar para transportar a un migrante indocumentado.

"Recuerdo que solo miraba las calles y simplemente lloraba", dijo Vasquez. "Literalmente arruiné mi vida por dinero rápido".

Vasquez primero se quedó con familiares en la ciudad de San Miguel antes de mudarse hace dos años a San Salvador, la capital.

"Fue entonces cuando por fin pude sentir algo como: 'Está bien. Me gusta este lugar'", dijo.

El año pasado, inspirado por videos similares, Vasquez empezó a publicar sobre El Salvador en TikTok, también con la esperanza de obtener ingresos. Documentó el costo de vida, desde iPhones hasta pupusas, y paisajes que pensó que le interesarían a los estadounidenses.

"Es una sensación extraña, como si en realidad no encajas en ninguna parte", dijo. En Estados Unidos, dijo, se había sentido salvadoreño. Pero en El Salvador, la gente lo ve como alguien que se comporta como estadounidense.

Vasquez dijo que extrañaba a su familia y su trabajo como asistente médico, y comodidades como Chick-fil-A.

Sin embargo, dijo, encuentra la vida en El Salvador menos estresante. "Por ahora, me siento bien aquí", dijo.

Transmitir en directo la vida en México

Otros deportados, como Raúl Hernández, usan las redes sociales para procesar una situación que nunca imaginaron: ser deportados a un tercer país.

"Me gané mi deportación", dijo Hernández, un ciudadano cubano que fue condenado por varios cargos de drogas además de robo con allanamiento. Fue deportado a México en agosto pasado, en línea con una política del gobierno de Trump que también ha enviado a personas a países africanos que no son el suyo, como Esuatini, Sudán del Sur y Ruanda. "Lo que no me gané fue que me enviaran a un tercer país sin el debido proceso", añadió.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), en un comunicado, dijo que sí recibió el debido proceso. Defendió su uso de expulsiones a terceros países como una "herramienta esencial de seguridad pública", argumentando que existen salvaguardas establecidas.

Hernández, de 29 años, tenía 7 años cuando fue llevado a Estados Unidos. Sus condenas llevaron a la revocación de su residencia y a una orden de expulsión en 2020. En mayo de 2025 fue detenido por el ICE.

Dijo que él y otros detenidos fueron trasladados en autobús desde un centro de detención en Arizona hasta Tabasco, México. Hernández ahora vive en Cancún, donde su padre se jubiló. No puede trabajar porque carece de estatus legal en México. Y no puede ser devuelto a Cuba, que con frecuencia ha rechazado las repatriaciones.

"Aquí estás en un limbo peor del que estabas antes de llegar", dijo.

Empezó a publicar en redes, dijo, para educar a otros cubanos sobre las deportaciones a terceros países. Ahora, transmite en directo en TikTok la mayoría de los días y comparte entrevistas con otros cubanos deportados.

El dinero que ha ganado de las redes sociales, dijo, incluidas las donaciones de espectadores solidarios, lo ha ayudado a llegar a fin de mes.

Su trabajo en las redes sociales también le ha dado un propósito, añadió.

"Honestamente, ha sido lo más gratificante que he hecho en toda mi vida", dijo.

'Todavía considero que allá es mi hogar'

Las redes sociales también están documentando el costo de la deportación en las familias.

Catherine Coe, de 33 años, una estadounidense, empezó a compartir en TikTok después de que su esposo, Santiago Benitez, fuera deportado el pasado septiembre.

"Tenía que hacerle saber a la gente lo que estaba pasando", dijo, incluso a las personas que no han sido condenadas por delitos graves.

Benitez, de 37 años, llegó de México en 2013 como migrante indocumentado. La pareja vivía en Alabama, se casó y había estado buscando la residencia para Benitez cuando fue detenido por las autoridades de migración. Él no tenía antecedentes penales aparte de cargos relacionados con entrada ilegal, dijeron Coe y un abogado. (El Times encontró infracciones de tránsito pero ningún otro antecedente penal de Benitez).

Ante la perspectiva de que sus hijos fueran separados de su padre, Coe decidió mudarse con la familia a Tijuana.

Ahora, mientras esperan el resultado de la solicitud de visa de Benitez, Coe viaja diariamente de México al sur de California a su trabajo como enfermera.

En TikTok, documentó lo que llamó "el año más difícil de su vida": las cajas empacadas en su hogar familiar; el último día de clases de su hijo en Estados Unidos; las nuevas rutinas en su casa en Tijuana.

A pesar de todas las perturbaciones, compartir sus vidas en las redes sociales está ayudando a los deportados a mantener sus lazos con Estados Unidos, incluso si ahora viven en países lejanos.

"Todavía considero que allá es mi hogar", dijo Khambounleung. "Estoy obligado a estar aquí".

Jennifer Jenkins colaboró con investigación.

Isabella Kwai es una reportera del Times radicada en Londres, cubre las noticias de última hora y otras tendencias.

Jennifer Jenkins colaboró con investigación.

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