Un voluntario y una arqueóloga descubrieron en Escocia uno de los monasterios medievales más importantes de Gran Bretaña

Las excavaciones en la isla de Lismore, en Argyll, confirmaron que una catedral del siglo XIII se construyó sobre las ruinas de un centro religioso fundado en el siglo VI, según un estudio publicado en la revista Antiquity

Un monasterio del siglo VI en Escocia y puntas de lanza de hace 13.000 años en América del Norte protagonizan dos hallazgos que iluminan la forma en que las sociedades antiguas gestionaban lo desconocid - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379
Un monasterio del siglo VI en Escocia y puntas de lanza de hace 13.000 años en América del Norte protagonizan dos hallazgos que iluminan la forma en que las sociedades antiguas gestionaban lo desconocid - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379
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Un voluntario escocés y una arqueóloga profesional descubrieron que la isla de Lismore, en Argyll, alberga los restos de uno de los monasterios medievales tempranos más relevantes de Gran Bretaña, según un estudio publicado esta semana en la revista Antiquity. En paralelo, una investigación sobre las estrategias de caza del Pleistoceno Tardío en América del Norte —aparecida en el Journal of Archaeological Method and Theory— demuestra que el análisis de puntas de proyectil puede revelar cómo los primeros humanos aprendieron a moverse en territorios desconocidos.

Las excavaciones en Lismore, coordinadas por la Lismore Historical Society y dirigidas por la arqueóloga Clare Ellis, de Argyll Archaeology, confirmaron que la catedral del siglo XIII construida en la isla se levantó sobre las ruinas del monasterio fundado por San Mo Luóc en el siglo VI. Hasta ahora, la existencia del centro religioso original solo se conocía por fuentes históricas escritas, topónimos y tradición oral.

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Los trabajos de campo —que combinaron prospección geofísica y excavación en trincheras— sacaron a la luz amplias áreas de enterramiento, edificaciones tempranas y zonas de trabajo artesanal de alto rango. Entre los hallazgos más significativos figura evidencia de trabajo en metales preciosos, lo que indica que el monasterio manejaba recursos considerables y mantenía vínculos con redes de intercambio de larga distancia.

Mapa de Lios Mòr — muestra el Clachan, la catedral medieval, el posible vallum, las anomalías geofísicas y las áreas de excavación. - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379
Mapa de Lios Mòr — muestra el Clachan, la catedral medieval, el posible vallum, las anomalías geofísicas y las áreas de excavación. - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379

“Durante siglos, el monasterio temprano de Lismore era conocido principalmente por registros escritos y la tradición local. Ahora podemos ver que fue un vibrante centro de culto, artesanía y aprendizaje, cuya importancia pudo rivalizar con algunos de los monasterios más conocidos de la Gran Bretaña medieval temprana”, afirmó Gordon Noble, profesor de la Universidad de Aberdeen y coautor de la investigación, en declaraciones recogidas por Antiquity.

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La comunidad local fue protagonista del descubrimiento, no solo espectadora

Un aspecto destacado del proyecto es su carácter comunitario. Bob Hay, ex residente de la isla que coordinó el financiamiento y el reclutamiento de voluntarios, subrayó que los vecinos de Lismore tuvieron un papel central en la investigación. “Los descubrimientos en Lismore demuestran el valor de la arqueología liderada por la comunidad para el avance de la investigación académica”, señaló Hay en declaraciones publicadas por Antiquity.

El monasterio formaba parte del reino gaélico de Dál Riata, que durante la Alta Edad Media abarcó Argyll, la mayor parte de las Hébridas y una porción del condado de Antrim, en la actual Irlanda del Norte. En ese contexto, centros religiosos como el de la isla de Iona —uno de los más antiguos de Europa Occidental— impulsaron una ola de monasticismo que modeló la organización política y cultural de la región.

 Restos de metales preciosos bajo una catedral medieval y el desgaste calculado de puntas de caza prehistóricas son las pistas que llevaron a investigadores a reconstruir cómo las comunidades antiguas aprendían a dominar su  - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379
Restos de metales preciosos bajo una catedral medieval y el desgaste calculado de puntas de caza prehistóricas son las pistas que llevaron a investigadores a reconstruir cómo las comunidades antiguas aprendían a dominar su - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379

Las puntas de lanza de hace 13.000 años revelan cómo los cazadores aprendían territorios nuevos

A miles de kilómetros de distancia y con una cronología muy anterior, otro estudio arqueológico arroja luz sobre los mecanismos de aprendizaje territorial en los primeros pobladores de América. Jesse W. Tune, de la Universidad de Misisipi, y D. Shane Miller, de la Universidad de Alabama, analizaron 326 puntas Clovis y 163 puntas Cumberland recuperadas del Valle del Río Tennessee y registradas en la Paleoindian Database of the Americas (PIDBA).

La investigación, publicada en el Journal of Archaeological Method and Theory, aplicó el Teorema del Valor Marginal (TVM) —un modelo proveniente de la ecología evolutiva— para calcular cuándo resultaba óptimo para un cazador del Pleistoceno Tardío reparar una punta rota en lugar de fabricar una nueva. Los autores midieron la relación entre la longitud de la hoja y la longitud máxima de cada pieza (BL:ML) para estimar el grado de uso antes del descarte.

Los resultados muestran que los grupos Clovis —los primeros en ocupar el valle, hace entre 13.050 y 12.750 años— afilaban sus puntas de manera sistemática y las descartaban solo cuando estaban casi agotadas, con un umbral de descarte de BL:ML=0,50. Por el contrario, los grupos Cumberland —que llegaron después, entre hace 12.800 y 12.000 años— tiraban sus puntas con mayor utilidad residual (umbral BL:ML=0,49, pero con un rango de variación más amplio y un umbral de máxima utilidad en BL:ML=0,76).

El sector de metalurgia de la Trinchera 11, en primer plano, fue clave para establecer que Lios Mòr era un centro monástico de influencia regional en la Alta Edad Media. - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379
El sector de metalurgia de la Trinchera 11, en primer plano, fue clave para establecer que Lios Mòr era un centro monástico de influencia regional en la Alta Edad Media. - Credit: Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10379

Los cazadores más antiguos eran más ahorradores porque no conocían las fuentes de piedra locales

Los autores interpretan esa diferencia como un reflejo directo del aprendizaje del paisaje: los grupos Clovis, al ser los primeros en el territorio, desconocían la ubicación de los yacimientos de sílex y otros materiales líticos, por lo que gestionaban cada punta con extrema cautela. Los Cumberland, en cambio, heredaron el conocimiento generacional de dónde conseguir materia prima, lo que les permitía reemplazar una punta desgastada sin incurrir en los altos costos de búsqueda que enfrentaban sus predecesores.

“Los grupos colonizadores iniciales emplearon estrategias de reavivado conservadoras, consistentes con altos costos de búsqueda y conocimiento limitado de los recursos, mientras que los grupos posteriores descartaban puntas más temprano en su vida útil a medida que se acumulaba el conocimiento ecológico”, concluyen Tune y Miller en el estudio.

El Valle del Río Tennessee fue elegido deliberadamente por su abundancia de chert de alta calidad en múltiples formaciones geológicas, lo que neutraliza la variable de escasez de materia prima y permite aislar el factor conocimiento como motor de las decisiones tecnológicas.

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