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Entre protección e invasión: identifican que los drones alteran cada vez más a las águilas neotropicales

Un estudio en ocho países latinoamericanos reveló que las aves no se habitúan a los vuelos de monitoreo, sino que reaccionan con mayor intensidad cada vez que el aparato se aproxima a sus nidos

Un águila pescadora con plumaje blanco y oscuro, posada en una rama de árbol cubierta de musgo, sujetando una rama pequeña. Hay una cámara trampa en el árbol
El 81% de las especies de rapaces estudiadas mostró alguna reacción al dron, con conductas defensivas como respuesta más habitual (Mateo Giraldo Amaya)
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En América Latina, las aves rapaces neotropicales reaccionan de forma frecuente ante la presencia de drones cerca de sus nidos, un hallazgo que reabre el debate sobre el uso de esa tecnología en investigaciones de campo y conservación.

El estudio publicado en Scientific Reports, reunió una década de observaciones en 8 países y analizó 227 vuelos sobre 119 nidos activos de 27 especies.

El objetivo fue entender qué ocurre cuando los aparatos voladores se aproximan a estos espacios ubicados en árboles altos, acantilados o zonas montañosas de difícil acceso.

Dron blanco con luces rojas en el aire. Hombre con control y mujer en pie. Tapete azul de aterrizaje con 'H' y puntos cardinales en el suelo de tierra. Selva densa
Un estudio sobre aves rapaces neotropicales en América Latina detectó que la presencia de drones cerca de los nidos provoca reacciones frecuentes (Mateo Giraldo Amaya)

Según informó Mongabay Latam, el análisis fue liderado por Francisca Helena Aguiar-Silva, bióloga brasileña y codirectora del Projeto Harpia, y se basó en registros obtenidos entre 2014 y 2024 en sitios de reproducción de Panamá, Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Perú, Chile y Argentina.

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Respuestas distintas según la especie y el contexto

El 81% de las especies estudiadas mostró alguna reacción frente al dron, las respuestas más habituales fueron conductas defensivas.

Mientras que los ataques directos y los intentos de escape aparecieron con menor frecuencia y se vincularon sobre todo con aproximaciones cercanas, vuelos más prolongados o trayectorias por encima de los ejemplares.

Gran ave rapaz con cabeza gris, alas oscuras y cuerpo blanco, posada sobre un cúmulo de tierra y ramas, rodeada de abundante follaje verde
La investigación publicada en Scientific Reports analizó 227 vuelos sobre 119 nidos activos de 27 especies en 8 países de América Latina (Mateo Giraldo Amaya)

Se identificó diferencias entre tipos de rapaces, las especies más pequeñas y ágiles tendieron a atacar el aparato con mayor frecuencia, mientras que las águilas de gran tamaño evitaron el enfrentamiento en la mayoría de los casos.

Entre las especies con más vuelos registrados estuvieron el águila harpía (Harpia harpyja), con 64 vuelos, el águila poma (Spizaetus isidori), con 34, y el águila albinegra (Spizaetus melanoleucus), con 32.

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Las respuestas comenzaron entre 2 y 300 metros, según el contexto. Durante la crianza, varias reacciones surgieron a distancias mayores, mientras que antes de la puesta o durante la incubación tendieron a aparecer cuando el dron estaba más cerca.

La utilidad de una herramienta que también altera la conducta

Hombre con casco amarillo y equipo de seguridad sentado en la rama de un árbol con mochila naranja y vegetación densa de fondo
Las rapaces pequeñas y ágiles atacaron el dron con mayor frecuencia, mientras las águilas de gran tamaño evitaron el enfrentamiento en la mayoría de los casos (Mateo Giraldo Amaya)

Los drones empezaron a utilizarse para resolver la dificultad para observar nidos ubicados a decenas de metros de altura o en áreas remotas, ya que permite verificar en pocos minutos si un árbol alberga un nido, si hay huevos o polluelos e incluso estimar la edad de una cría.

Mateo Giraldo Amaya, director del Proyecto Grandes Rapaces Colombia, recordó en el reporte que cuando comenzó a trabajar con estos equipos hacia 2016 que casi no existían referencias sobre cómo emplearlos con rapaces.

Seis recuadros muestran nidos de aves en árboles y rocas, con algunas crías y aves adultas. Vegetación abundante
Los drones se usan para monitorear nidos en árboles altos y zonas remotas, porque permiten detectar huevos, polluelos y estimar la edad de las crías (Gentileza, estudio Respuestas conductuales de las aves rapaces neotropicales ante la aproximación de drones a sus nidos, publicado en Scientific Reports)

Parte del aprendizaje fue “con el conocimiento de la biología de las especies, sabiendo qué les puede molestar e ir viendo sus reacciones, fuimos adoptando algunas prácticas”, explicó el director.

Además sostuvo que, en ciertos escenarios, el dron puede representar una perturbación menor que otros métodos de monitoreo.

Subir a un árbol para revisar un nido puede llevar entre 2 y 3 horas, mientras que un vuelo dura apenas algunos minutos. Esa comparación es un argumento para mantener la herramienta con protocolos estrictos.

Ataques, trayectorias de riesgo y vuelos repetidos

Gran árbol de tronco oscuro y ramas extensas con hojas verdes, delante de un valle montañoso cubierto de densa vegetación y un cielo luminoso
Las respuestas de las aves rapaces a los drones comenzaron entre 2 y 300 metros y variaron según la etapa reproductiva y el contexto (Mateo Giraldo Amaya)

El estudio registró cambios de atención, vocalizaciones, persecuciones, ataques y abandono del refugio. En 11 de los 14 ataques documentados, los investigadores lograron interrumpir el vuelo antes del contacto, aunque en 3 casos los drones resultaron dañados.

Las aproximaciones desde arriba provocaron respuestas en el 73 % de los vuelos más que en otras rutas, lo que reforzó la idea de que la forma de acercamiento puede alterar la conducta.

Los investigadores esperaban detectar habituación, es decir, una reducción de la respuesta tras exposiciones repetidas. Sin embargo, el análisis mostró lo contrario: la probabilidad de reacción aumentó con el orden de los vuelos.

Recomendaciones y vacíos de regulación

Mano de una persona con pulsera de abalorios examinando huesos, plumas y materia orgánica sobre hojas verdes. Pies con botas y pantalón de camuflaje
El estudio registró ataques, vocalizaciones, persecuciones y abandono del refugio, y mostró que las trayectorias desde arriba provocaron más respuestas (Mateo Giraldo Amaya)

“Es importante que previamente se observe el comportamiento de los individuos presentes en estos nidos antes de iniciar el vuelo”, señaló Aguiar-Silva.

Se recomienda observar a los individuos en el nido con binoculares y detenerse ante signos de estrés, también se sugiere que el piloto no actúe solo y que otra persona vigile al ave, el nido y el entorno.

Fernando Angulo, investigador principal del Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI), en Perú, afirmó que el balance entre utilidad y perturbación puede ser favorable si la información obtenida se destina a la conservación.

Vista aérea de un paisaje montañoso cubierto por una densa selva, con árboles de distintos tonos de verde y algunas zonas de terreno despejado
Los investigadores recomendaron protocolos estrictos para usar drones en nidos de aves rapaces y advirtieron que los efectos fisiológicos y acumulativos aún requieren más estudio (Mateo Giraldo Amaya)

“Lo que preveo es que en el futuro debería haberla, para evitar que esto se popularice de forma tal que cualquier persona piense que puede volar un dron y obtener esa información”, advirtió el investigador.

En los nidos analizados no se detectaron efectos reproductivos de mediano o largo plazo, el 71% fue monitoreado en temporadas posteriores y todos siguieron activos.

Los autores indicaron que el estudio midió conducta, no variables fisiológicas como hormonas o frecuencia cardíaca, por lo que los efectos acumulativos de largo plazo aún requieren investigación.

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