Al menos 43 muertos y más de 260 contagios confirmados por el brote de ébola en el Congo y Uganda

Las autoridades sanitarias africanas advirtieron que el riesgo de propagación regional ya es una realidad y mantienen bajo investigación más de 1.100 casos sospechosos

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Trabajadores de la Cruz Roja realizan tareas de desinfección en una zona afectada por el brote de ébola en la provincia congoleña de Ituri, epicentro de la actual epidemia (REUTERS)
Trabajadores de la Cruz Roja realizan tareas de desinfección en una zona afectada por el brote de ébola en la provincia congoleña de Ituri, epicentro de la actual epidemia (REUTERS)

El brote de ébola que azota el este de la República Democrática del Congo y se ha extendido a Uganda suma 43 muertos y 263 casos confirmados, con más de 1.100 sospechosos bajo investigación, según el balance publicado este domingo por Jean Kaseya, director de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC). Kaseya difundió las cifras en el Financial Times y advirtió que la crisis constituye una prueba crucial para los países afectados, su institución y la Unión Africana.

Las cifras del Ministerio de Salud congoleño registran 42 muertos dentro del país y 3.200 contactos identificados, de los cuales 967 están en seguimiento. Ituri, epicentro de la epidemia, acumula 245 casos confirmados; Kivu Norte suma 15 y Kivu Sur tres. En Uganda se notificaron nueve casos y un fallecimiento. El 29 de mayo, de 70 muestras procesadas en un solo día, 54 resultaron positivas: una tasa del 77,1% que señala transmisión activa y sostenida.

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Kaseya subrayó que los combates entre el ejército congoleño y grupos rebeldes han desplazado constantemente a la población a través de fronteras porosas con Uganda, acelerando la dispersión viral. Los sistemas sanitarios están saturados y para la cepa Bundibugyo no existe vacuna ni tratamiento aprobados.

Esa cepa fue identificada por primera vez en Uganda en 2007 y es una de las menos frecuentes del ortoebolavirus, con una tasa de letalidad de entre el 30% y el 50%. Antes de este episodio solo había causado epidemias en dos ocasiones: en Uganda ese año y en la República Democrática del Congo en 2012. La ausencia de vacuna y antiviral convierte al brote en un reto terapéutico sin respuesta farmacológica.

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Voluntarios de la Cruz Roja intensifican las tareas de información y prevención en las zonas más afectadas por la epidemia (REUTERS/Archivo)
Voluntarios de la Cruz Roja intensifican las tareas de información y prevención en las zonas más afectadas por la epidemia (REUTERS/Archivo)

La Organización Mundial de la Salud lo declaró emergencia de salud pública de importancia internacional el 17 de mayo, doce días después de ser alertada del brote. Fue la primera vez que su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, activó esa categoría sin convocar previamente un Comité de Emergencias. El Comité, reunido al día siguiente, respaldó el diagnóstico: emergencia de importancia internacional, no pandemia.

Tedros llegó el sábado a Bunia, capital de Ituri, para evaluar la situación sobre el terreno. La víspera había viajado a Kinshasa, donde se reunió con la primera ministra congoleña, Judith Suminwa, y con el equipo humanitario de Naciones Unidas. Desde Bunia apeló a la colaboración comunitaria como herramienta central de la respuesta.

El ministro de Salud, Roger Kamba, que compartió con Tedros la rueda de prensa del sábado, se fijó entre cuatro y seis meses para contener la epidemia. Ituri concentra la gran mayoría de los casos, mientras Kivu Norte suma alrededor de veinte y Kivu Sur solo uno: una distribución que sugiere algún efecto contenedor fuera del epicentro.

Este es el decimoséptimo brote de ébola en la República Democrática del Congo desde que el virus fue identificado en 1976. El anterior, causado por la cepa Zaire en Kasai, se cerró en diciembre de 2025 tras 64 casos y 45 muertos. La recurrencia responde a factores estructurales: red sanitaria precaria, zonas selváticas con vigilancia mínima y un conflicto armado crónico que obstaculiza cualquier respuesta coordinada. Uganda cerró su frontera con el Congo el 27 de mayo, medida que tensa el comercio regional pero que Kampala consideró inevitable.

Sin vacuna ni antiviral, la contención depende de las herramientas que permitieron al Congo superar dieciséis brotes anteriores: rastreo de contactos, aislamiento temprano y movilización comunitaria. Esa experiencia acumulada es, por ahora, la única ventaja disponible frente a un decimoséptimo episodio que llega sin respaldo terapéutico.

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