De paso por Estambul, un manifestante presente en las recientes protestas en Irán asegura que la policía mataba a jóvenes por la espalda o disparaba a la cara. Él creyó que le habían roto un brazo con una porra, pero no fue al hospital porque era “demasiado peligroso”.
Este ingeniero de 45 años, que se presenta como Farhad -un nombre ficticio para proteger su seguridad-, se vio en medio de las manifestaciones que sacudieron su ciudad, situada cerca de Teherán y que prefiere no nombrar.
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“El primer día había tanta gente en las calles que las fuerzas de seguridad se quedaron a un costado”, recuerda. “Pero el segundo día se dieron cuenta de que si no abrían fuego, la gente no se iba a dispersar”.
Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre como una protesta contra la crisis económica, y pronto derivó en una movilización contra el régimen islámico en vigor desde 1979.

“Perdigones de escopeta”
Al crecer las protestas, las fuerzas de seguridad desataron una gran represión al amparo de un apagón de internet iniciado el 8 de enero.
En una entrevista en el lado europeo de Estambul, este trabajador de la industria petrolera dijo que estaba en su auto con su hermana la noche que comenzaron los tiroteos.
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“Vimos unos 20 soldados saltando de sus autos y disparando a jóvenes a unos 10 metros. Vi gente corriendo pero les disparaban a sus espaldas” con rifles y escopetas, contó a la agencia de noticias AFP.
“Frente a mis ojos vi a un amigo nuestro, un médico, alcanzado en el rostro por perdigones de escopeta”, dijo Farhad. No sabe qué ocurrió con él.
Amnistía Internacional y Human Rights Watch han acusado a las fuerzas de seguridad de disparar con rifles y escopetas directamente contra las cabezas y torsos de los manifestantes.
“Vi llevar a dos personas, iban gravemente heridas, tal vez muertas”, relató.
Muchos otros murieron “en sus vehículos porque las balas salían de la nada”.
Miedo de ir al hospital
Pese a la dificultad de acceder a la información, la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos, indicó que confirmó la muerte de 6.126 personas y está investigando otros 17.091 posibles fallecimientos.
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Muchos heridos temían ir al hospital, según Farhad.
“La gente no puede ir al hospital porque las autoridades y la policía están allí. Detenían e interrogaban a cualquier persona herida de bala o escopeta”, aseguró.
“Los médicos iban a las casas de la gente a brindar asistencia”, añade.
Él mismo fue golpeado con una porra por dos personas en moto y pensó que le habían roto un brazo, pero no fue al hospital porque era “demasiado peligroso”.
Muchos “abrieron sus casas para acoger a los manifestantes y atenderlos”. Su hermana y un amigo acogieron “unos 50 chicos, les dieron té y pastel”.
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Había muchos jóvenes en las calles y “muchas chicas y mujeres”, indicó. Dijo haber visto niños de “seis o siete” años gritando consignas contra el líder supremo iraní, el ayatollah Ali Khamenei.
Las fuerzas de seguridad realizan controles aleatorios para detectar gente con heridas de las protestas o imágenes en sus móviles.
“Es muy peligroso porque revisan aleatoriamente los teléfonos. Si ven algo relacionado con esta revolución, estás acabado. También hacen que la gente levante sus camisas para buscar heridas de bala o escopeta”.
“Si las ven, son llevados a interrogatorio”, aseguró antes de regresar a Irán. “Tengo un empleo al que debo ir” pero “no tengo miedo”.
Pese a todo, la gente sigue dispuesta a protestar “porque está muy enfadada”, explicó.
Él está convencido de que el presidente estadounidense Donald Trump pronto cumplirá su promesa de intervenir.
“El sistema no puede sobrevivir, en Irán todos viven aplastados por esta dictadura. Estamos hartos de ellos”, aseguró.
(AFP)
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