
El dictador bielorruso, Alexandr Lukashenko, afirmó este domingo que le es indiferente si los países occidentales reconocen o no las elecciones presidenciales en las que busca su séptimo mandato consecutivo. Los comicios de este domingo han sido calificados por la Unión Europea (UE) como una “farsa antidemocrática”, pero Lukashenko insiste en que lo único que importa es el respaldo de los bielorrusos.
“Las reconozcan o no las reconozcan en la Unión Europea, es cuestión de gustos. Créanme, a mí me da absolutamente lo mismo. Lo importante es que las elecciones sean reconocidas por los bielorrusos”, declaró Lukashenko a la prensa después de votar en un colegio electoral de Minsk. El mandatario, que gobierna el país desde 1994, aseguró que la última palabra la tiene el pueblo bielorruso, independientemente de las críticas internacionales.
Las declaraciones de Lukashenko llegan en un contexto de creciente aislamiento internacional. La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, calificó la probable reelección de Lukashenko como una “flagrante afrenta a la democracia” y afirmó que el líder bielorruso carece de “ninguna legitimidad”. Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, expresó su apoyo al pueblo bielorruso y aseguró que “la dictadura terminará”.
La alianza con Putin: “No me arrepiento de nada”

Lukashenko, de 70 años, también abordó las tensiones con Occidente, asegurando que Bielorrusia siempre ha estado dispuesta al diálogo, pero que son los países occidentales los que se han negado a cooperar. “Nosotros siempre estamos dispuestos, pero ustedes (los occidentales) no lo quieren. Entonces, ¿qué tenemos que hacer? ¿Inclinar la cabeza o arrastrarnos?”, cuestionó.
El mandatario bielorruso, conocido como “el último dictador de Europa”, también se refirió a las relaciones con Estados Unidos tras la investidura de Donald Trump. Lukashenko afirmó que, con Trump en el poder, los problemas los tendrá Europa y no Bielorrusia. “Con la llegada de Trump, Bielorrusia no tendrá problemas, es Europa la que sí tendrá. Y ya han empezado”, dijo, refiriéndose a las tensiones entre Washington y Bruselas.
En cuanto a la guerra en Ucrania, Lukashenko aseguró que este año se vislumbrará una “luz al final del túnel”, aunque advirtió que no se trata del fin del conflicto. Sin embargo, su papel en la invasión rusa de Ucrania en 2022 sigue siendo cuestionado.
Preguntado por la AFP si se arrepentía de haber permitido a Rusia utilizar territorio bielorruso para lanzar su ofensiva, Lukashenko respondió con firmeza: “No me arrepiento de nada”.

Advertencias a los opositores
Dentro de Bielorrusia, Lukashenko enfrenta un creciente descontento tras las protestas masivas de 2020, que fueron reprimidas con mano dura. Este domingo, el mandatario advirtió a quienes participaron en aquellas manifestaciones que deben arrepentirse si no quieren tener problemas para encontrar empleo.
“Les daremos una oportunidad si dicen que se equivocaron”, afirmó Lukashenko, reconociendo que a muchos opositores se les ha prohibido acceder a puestos de trabajo. “No perseguiremos a todos, pero los vemos”, añadió, en una clara advertencia a quienes desafían su régimen.

Las elecciones de este domingo han estado marcadas por la falta de competencia real. Lukashenko, que se presenta como candidato único, cuenta con un respaldo del 82,5% según los sondeos oficiales. Cerca de siete millones de bielorrusos están llamados a las urnas, y casi tres millones ya votaron por adelantado desde el martes.
Críticas internacionales
La comunidad internacional ha sido unánime en su condena a los comicios. El Parlamento Europeo adoptó una resolución el miércoles en la que instaba a la UE y a la comunidad internacional a no reconocer la legitimidad de Lukashenko. La Comisión Europea (CE) calificó las elecciones como “antidemocráticas” y una “farsa”.
Por su parte, la líder opositora bielorrusa en el exilio, Svetlana Tikhanovskaya, también calificó las elecciones como una “farsa” y calificó a Lukashenko como “un criminal que usurpó el poder”.
A pesar de las críticas, Lukashenko parece decidido a mantenerse en el poder. Con el respaldo de Moscú y un control férreo sobre el aparato estatal, el mandatario bielorruso ha logrado silenciar a la oposición interna y consolidar su régimen. Sin embargo, el costo de su gobierno autoritario sigue siendo alto: aislamiento internacional, sanciones económicas y un creciente malestar entre la población.
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