Pablo Iglesias y Pedro Sánchez no han logrado ponerse de acuerdo para formar gobierno tras más de tres meses de negociaciones para formar gobierno
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez no han logrado ponerse de acuerdo para formar gobierno tras más de tres meses de negociaciones para formar gobierno

La historia de la política española ha puesto de manifiesto que la izquierda está condenada a dividirse mientras la derecha abraza la bandera del pragmatismo y logra alianzas. El presidente en funciones, el socialista Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias, líder de Podemos (el partido llamado a ser su aliado para formar gobierno), están cumpliendo esa tradición al pie de la letra. Su incapacidad para llegar a un acuerdo mantiene al país en parálisis y ha agitado un mes de agosto que en España tradicionalmente era el de la sequía informativa por las vacaciones de verano.

Tras el intento fallido de investidura del candidato del PSOE, el 25 de julio Sánchez ya sólo tiene otra oportunidad de ser presidente y para ello deberá alcanzar un acuerdo con Podemos antes del 23 de septiembre, pues sin ellos no alcanza la mayoría. De lo contrario España deberá ir de nuevo a elecciones (el domingo 10 de noviembre), un escenario que el electorado progresista rechaza según las encuestas.

"Los mismos complejos que le faltan a la derecha para llegar a acuerdos entre partidos muy alejados entre sí ideológicamente le sobran a la izquierda, incapaz de aliarse con fuerzas que en realidad no son tan diferentes. Es curiosa esa simetría en España", dice a Infobae la politóloga Cristina Monge, profesora de sociología en la Universidad de Zaragoza.
Madrid, la capital, es un buen ejemplo: en el Ayuntamiento y en la Comunidad los candidatos de la izquierda (tanto la anterior alcaldesa Manuela Carmena, independiente por Más Madrid, como el socialista Ángel Gabilondo) fueron los más votados en la regionales del 26 de mayo, sin embargo el Partido Popular (el PP, quien representa a la derecha tradicional) ha logrado recuperar el que ha sido su fortín durante décadas gracias a su alianza con la ultraderecha de VOX y con Ciudadanos, que se definen a sí mismos como liberales.

En los medios españoles se ha usado el guiño a la película de los humoristas británicos Monty Python 'La vida de Brian', donde el Frente Popular de Judea se enfrenta al Frente Judaico Popular, para tratar de explicar en tono satírico esa obsesión de la izquierda a rivalizar entre sí bajo distintas siglas aunque compartan los mismos principios.

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, referente ideológico del núcleo duro de Podemos, hacía un llamado contundente estos días desde una tribuna de opinión en el periódico El País para que la izquierda española resuelva sus diferencias y establezca una alianza para formar gobierno en septiembre.

"Dicha exigencia de unidad es pragmática. Esto no implica que las fuerzas de izquierdas pierdan sus identidades o sus horizontes civilizatorios. Implica identificar lo que las une más allá de lo mucho que las divide (…) Los maximalismos de lucha por puestos en el Gobierno no tienen sentido. Tiene sentido luchar por programas fuertemente defendidos en el Parlamento", defiende el autor del libro 'Izquierdas del mundo, ¡uníos!' (Icaria, 2018).

Sus palabras han sido interpretadas como un llamado directo a Podemos, donde el círculo más cercano a Pablo Iglesias sigue enrocado en no aceptar ninguna oferta del PSOE que no incluya cargos destacados para sus líderes en el gobierno.

"Habrá que ver cómo lo reciben pero sin duda esa tribuna es muy importante por el momento en el que se ha escrito. Boaventura de Sousa Santos es el padre intelectual de muchos dirigentes de Podemos, tanto de gente que está llevando las riendas del partido como el propio Iglesias como de otros que iniciaron el proyecto, desde Errejón hasta Juan Carlos Monedero. Que ahora se decante de una forma tan nítida por apoyar un gobierno del partido socialista les tiene que hacer pensar", dice Cristina Monge.

¿Es posible, entonces, un gobierno de derechas en España?

Al contrario que el electorado de izquierda y los partidos progresistas, los líderes del espectro de la derecha no han rechazado volver a las urnas en noviembre. Los populares de Pablo Casado, aunque cosecharon su peor resultado histórico (en abril de este año perdió más de la mitad de los escaños logrados por su partido en 2016), confían en reagrupar al votante conservador y que vuelva a optar por ellos después de que en la pasada elección el elector de derecha se dividiera en tres opciones: PP, Ciudadanos y VOX.

Por el momento ninguna de las encuestas publicadas en España augura ese escenario. Las tres derechas no sumarían, el PSOE crecería a costa de Podemos y la situación de bloqueo político se mantendría.

"En la política española actual todo es posible pero para que el PP fuera capaz de gobernar tras unas hipotéticas elecciones en noviembre tendrían que darse varios cambios: los populares tendrían que sumar bastantes más votos, el PSOE debería caer o al menos no subir, Podemos desplomarse, Ciudadanos quedarse en un nivel aceptable y VOX mantener cierta representación. Por el momento no ha sucedido algo extraordinario para que eso sea posible", explica a Infobae el sociólogo Jorge Galindo, del grupo de análisis Politikon.

España ya vivió una repetición electoral en 2016, que fueron las segundas elecciones generales en apenas medio año (lo mismo que podría suceder ahora). Nada cambió. Entonces se vivió como una situación inédita en la democracia reciente española que provocó un descenso en el voto de más de tres puntos porcentuales. Los bloques de izquierda y derecha (una división que ha sobrevivido a la desaparición del tradicional bipartidismo entre PP y PSOE) se mantuvieron con fuerzas parecidas. Y así hasta hoy.

"Aunque lo parezca, no es imposible un acuerdo de última hora entre PSOE y Podemos. Algunos cargos altos socialistas, incluso el propio presidente en funciones Pedro Sánchez, deben estar pensando que de nada les vale seguir ganando elecciones si no logran gobernar. Eso puede empujarles a mejorar su oferta a Podemos y disfrazar el cambio como un gesto para garantizar la estabilidad del Estado", reflexiona Galindo.

El analista político cree que Podemos también puede virar hacia una posición más favorable al acuerdo con el PSOE según se acerque la fecha límite del 23 de septiembre. "Se les está acabando el margen para seguir con las amenazas y las estrategias. El problema de Podemos es que le apostaron a todo o nada, el todo ya no fue y ahora puede ser nada. Quizá ha llegado el momento de que se conformen con una posición intermedia".

En la capacidad que tengan PSOE y Podemos de llegar a un acuerdo, rompiendo con la maldición de la izquierda en España, no está en juego sólo el futuro gobierno en España sino la carrera política de sus dos líderes.
El PSOE se juega volver a La Moncloa tras una corta legislatura de apenas ocho meses. Sánchez, quien califica la relación con Iglesias como de "desconfianza recíproca", trata de culminar una jugada política que comenzó hace algo más de un año cuando dimitió de todos su cargos para después recuperar la dirección de su partido y convertirse en el primer presidente salido de una moción de censura. Mientras, el líder de Podemos, en mitad de una nueva división interna, debe garantizar la supervivencia de su partido o condenarlo a una escueta representación parlamentaria como ha sucedido tradicionalmente con todos los partidos situados a la izquierda del PSOE.

El portavoz del partido independentista catalán Gabriel Rufián vaticinó que ambos "estarían muertos para la política" si no lograban un pacto. Jorge Galindo piensa que es Pablo Iglesias quien realmente se la juega. "Sánchez ha salido fortalecido, los cuadros altos de su partido han cerrado filas en torno a él con unanimidad. Sin embargo en Podemos la división cada vez es más evidente y su líder cargaría con el peso de este fracaso".