Una mujer tuvo que vender a su hija para poder comer algo en Afghanistan (Foto: Reuters)
Una mujer tuvo que vender a su hija para poder comer algo en Afghanistan (Foto: Reuters)

La situación de decenas de familias en Afganistán empeoró debido a la sequía de devastó la zona y los ha obligado, más que la guerra, a dejar sus hogares.

La precaria situación conduce a padres de familia a vender a los más pequeños sólo para evitar morir de hambre.

Así fue el caso de una mujer de nombre Mamareen, quien vendió a su hija Akila por USD 3.000. Pero el comprador también es pobre, por lo que sólo le pudo dar USD 70 a cuenta. Para recibir el resto del dinero tendrá que esperar.

La madre dijo a CNN que fue como vender una parte de su corazón, pero "no tenía dinero, ni comida". La pequeña no sabe que fue vendida.

“¿Cómo lo podría saber? Es sólo una niña. Pero no tuve otra opción. Entre lágrimas o risas, ella tendrá que irse. ¿Quién podría vender un pedazo de su corazón a menos de que realmente tuviera que hacerlo?”.

La mujer perdió a su marido en la guerra, y vive con sus tres hijos en una casa de campaña desde que tuvo que huír de su casa por la sequía.

Ella es la mujer que vendió a su hija, pero no recibió la totalidad del dinero porque el comprador también es pobre. (Foto: CNN)
Ella es la mujer que vendió a su hija, pero no recibió la totalidad del dinero porque el comprador también es pobre. (Foto: CNN)

La zona ha tenido la tasa más baja de lluvia en 17 años, y ha forzado a cientos de miles a abandonar sus granjas, pues la vegetación murió por completo. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que 2 millones de personas de 20 de las 34 provincias de Afghanistan están en grave riesgo.

Mamareen y sus hijos viven en una zona donde más de 450.000 personas enfrentan cortes de agua y no cuentan con suficiente comida. Si no venden a sus hijos, venden lo poco que les queda a precios muy bajos con tal de comprar algo de alimento.

El frío también es uno de sus enemigos. Las temperaturas llegan a bajar hasta -0° grados centígrados en la noche.

La bebé de Sultana, una mujer de 24 años, murió a causa del frío en el desierto con sólo 3 meses de nacida. "Primero le dio neumonía y después murió".

Chris Nyamandi, director del Consejo Noruego para los Refugiados en Afganistán, advirtió que no se puede abandonar la zona en esta crítica situación.

"Se deben construir mejores refugios y almacenes de comida, para que las familias puedan sobrevivir a los meses de intenso frío que se avecinan. Tenemos que asegurar que la gente sobreviva al invierno pese a las probabilidades".

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