"Tengo que hacerlo", dijo Arslan Valeev mirando a cámara. Estaba en su casa en San Petersburgo y transmitía en vivo a través de Facebook Live. Entonces se levantó.

Algunos segundos más tarde se escuchó un quejido. "Bien, me mataste", dijo al regresar a su asiento.

Arslan Valeev amaba a las serpientes
Arslan Valeev amaba a las serpientes

Los policías que revisaron el lugar descubrieron que, en el momento en que gritó, había ido a hacerse morder por su black mamba, o mamba negra (dendroaspis polylepis), considerada una de las serpientes más peligrosas del planeta.

"Solo quiero quedarme un rato con ustedes —continuó—. En mi teléfono hay un mensaje para Katya. Díganle que la amo mucho".

Había trabajado en un zoológico y sabía cómo tratarlas
Había trabajado en un zoológico y sabía cómo tratarlas

Katya es Ekaterina Pyatyzhkina, su ex esposa, que lo había dejado unos meses atrás. El desencadenante fue la brutal golpiza que le propinó tras sospechar que ella lo había engañado con otro. Sus intentos por ser perdonado fracasaron.

"Bello… ¿no?", dijo después al mostrar a cámara la herida provocada por su mascota. Valeev, que había trabajado en un zoológico, se había hecho famoso gracias a un canal de YouTube en el que se mostraba con todo tipo de serpientes.

Cuando los médicos llegaron, ya estaba muerto
Cuando los médicos llegaron, ya estaba muerto

"Adiós a todos… no puedo creer que me esté pasando esto", dijo en sus momentos finales. Luego recitó un número y se dirigió a sus espectadores. "Es el teléfono de Katya. Llámenla. Ya me estoy muriendo… Adiós".

La muerte de Valeev no se vio en cámara porque se levantó unos instantes antes de perecer. Cuando médicos y policías arribaron a la casa, alertados por una persona que siguió la transmisión en vivo, ya estaba muerto.

Arslan Valeev junto a Katya, su ex esposa
Arslan Valeev junto a Katya, su ex esposa

La mamba negra mide, en promedio, 2,5 metros. Además de ser extremadamente venenosa, es una de las serpientes más rápidas del mundo, capaz de moverse a 20 kilómetros por hora. Con cada mordida inyecta cerca de 100 miligramos de dendrotoxina. Apenas 15 son suficientes para matar a un adulto en unos 20 minutos.

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