
Una de las expresiones mexicanas más peculiares en el caló nacional es “quedarse de a seis”. Su significado no requiere explicación entre el grueso de la población nacional, pero, si la primera impresión que causa al ser escuchada es una cara de asombro e intriga, ahí está la respuesta: eso es “quedarse de a seis”.
Esta frase es un mexicanismo que forma parte de una serie de expresiones lingüísticas propias del territorio nacional, cuyo uso se ha vuelto ya una característica inseparable del ser mexicano. Dicha frase es más añeja que decir “se te acabó el veinte”, pero no tanto como “ya les cayó el chahuistle”, y es que a lo largo de la historia de México se han gestado varias expresiones de uso popular, dadas acorde al contexto histórico en que surgen.
En términos generales, el vocablo se utiliza cuando no se comprende alguna situación o ésta provoca dicho asombro, generando un estado de estupefacción en quien presencia el hecho.

La palabra “quedar” es un verbo básico del español que, a partir de sus múltiples conjugaciones y usos con otras palabras, da paso a una enorme variedad de formulaciones lingüísticas.
Según la Real Academia Española, la palabra tiene su origen en el latín tardío quietare, aquietar, apaciguar. Su definición es “estar, detenerse forzosa o voluntariamente en un lugar” o puede ser usada para referirse a la simple existencia o subsistencia de algo o parte de algo.
Es una palabra tan simple y a la vez tan compleja que sus usos pueden ser tantos y tan variados. De acuerdo al Diccionario del Español Mexicano puede usarse como “conservar algo” o mantenerlo, ya sea como propiedad o en una determinada situación. De ahí que alguien se puede quedar con los brazos cruzados, quedarse en blanco o, lo que nos concierne: quedarse de a seis.
Según el mismo diccionario desarrollado por el Colegio de México, “quedarse de a seis” significa, simple y llanamente, sorprenderse.

De acuerdo con los dichos populares, la frase “quedarse de a seis” tiene sus orígenes en el México del siglo XIX, particularmente en el entorno militar de aquellos años. Según narra la historia, en dicha época la principal arma de guerra era el cañón, el cual era cargado con bolas de acero de diferentes calibres, siendo las más comunes la de 4 y la de 6 pulgadas; medida utilizada de acuerdo al sistema métrico de donde eran elaboradas; principalmente el Reino Unido, ya que los países latinoamericanos no eran productores de armamento.
Cuando una bala de cañón era disparada ocasionaban fuertes daños; por lo que a mayor calibre de la bala, más grande era el impacto, por ende, las balas de seis pulgadas ocasionaban destrozos más sorprendentes que las de cuatro.
Fue así que “quedarse de a seis” comenzó a utilizarse para referirse a un asombro de grandes magnitudes el cual se reflejaba en el rostro de los espectadores quienes se quedaban con la boca abierta. Dicha frase poco a poco comenzó a permear en otros sectores de la sociedad, a pesar de haberse generado en un entorno militar.

Otra teoría es que la expresión sí surge del argot militar, sin embargo, se deriva del diámetro de la boca del cañón, la cual sería de seis pulgadas. La frase se referiría, entonces, a la expresión facial de sorpresa: la boca tan abierta como un cañón.
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