“El Marro” y las sangrientas horas previas a su caída

La suerte quedó echada el pasado domingo 2 de agosto, cuando “El Marro” trató de huir del poblado Franco Tavera, junto con cinco personas más

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Hay golpes providenciales. Cuando uno está a menos de un mes de cumplir dos años en el poder, y solamente en lo que va del 2020 han asesinado a 2,481 personas, estallado varios coches bomba, secuestrado a empresarios, acribillado a autoridades y se han rebelado policías en Guanajuato, informar la detención del narcotraficante más mediático es un alivio si usted se llama Diego Sinhue Rodríguez Vallejo y trabaja de gobernador del estado del Bajío.

La madrugada del domingo, apenas pasadas las 03:00 horas los culebrones se interrumpieron con una alerta de tres palabras que todos entendieron: “Cayó El Marro”. Fue detenido por las Fuerzas Armadas en una finca de la carretera Juventino-Rosas, donde desde hace días lo tenían cercado.

Contrario a lo que pasa con otros perseguidos por la ley, de él se conocían fotos muy claras. Nada de una imagen borrosa y de perfil delator. No, José Antonio Yépez, “El Marro” mira en una de ellas a la lente. Lleva una sudadera gris y pantalones oscuros. La imagen del capo sometido, pelo rapado y mirada torcida que circula desde hace más de 72 horas no desentona: es él.

Una imagen del líder del Cártel de Santa Rosa de Lima tras su detención (Foto: Archivo)
Una imagen del líder del Cártel de Santa Rosa de Lima tras su detención (Foto: Archivo)

Es el mismo que nació en el municipio de Juventino Rosas, en Guanajuato. Es quien enfrentó al Cártel Jalisco Nueva Generación y que al hacerlo inauguró una nueva modalidad: grabó una amenaza al peligroso capo Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.

El gobierno mexicano lo acusa de huachicoleo (robo de gasolina), distribuir y comercializar droga. De tener contactos criminales con autoridades. De extorsionar, de robar vehículos. Labores de inteligencia, que duraron más de un año, habían llevado a allanar pisos en lugares lejanos al centro de Guanajuato. Con la información recabada en casa acción, la suerte quedó echada el pasado domingo 2 de agosto, cuando “El Marro” trató de huir del poblado Franco Tavera, junto con cinco personas más.

En el operativo no se disparó ni un sólo tiro, a pesar de que los detenidos contaban con armas. Tres personas le sirvieron de escudo al líder del Cártel de Santa Rosa de Lima mientras intentaba darse a la fuga.

Durante el operativo, cuentan algunas expertos de seguridad como Héctor de Mauleón, el criminal más buscado del país corrió al lado de su jefe de seguridad, Raúl Alberto “N”, alias “El Diente”, hacia un terreno baldío ubicado al fondo de la finca. Al llegar a la barda que separa a ambos predios, “El Diente” dejó que “El Marro” brincara hacia otro lado. Según agentes que participaron en el operativo, su idea era sacrificarse para que el cabecilla huachicolero lograra escapar.

Sin embargo, Yépez no llego muy lejos. Fue interceptado a unos metros de la barda.

(Mapa: Infobae)
(Mapa: Infobae)

La Sedena había trazado un amplio perímetro alrededor dela finca —localizada en la carretera Juventino Rosas y vecina de una Telesecundaria—. Durante más de seis horas, ningún vehículo pudo transitar por la región.

Al menos 20 agentes ingresaron a la guarida, donde primero forzaron la reja principal —protegida sólo con una cadena— y más adelante, un portón verde. Ahí recibieron el primer y único disparo de Saulo Sergio “N”, escolta de “El Marro”. El líder criminal iba vestido con una sudadera gris, un pantalón de mezclilla, y botas tácticas de color caqui.

Cada vez que un cabecilla es detenido, revienta una nueva pugna criminal entre quienes se disputarán el asiento vacío. El domingo mismo hubo 19 homicidios en Guanajuato. Las autoridades atribuyeron la matanza a una primerísima reacción de la caída del Marro.

“El Marro” acorralado

Cárceles clandestinas, residencias y empresas. Lujos extravagantes y ostentación. José Antonio Yépez “El Marro” vivía con grandes estridencias en las antípodas de la comunidad de Santa Rosa de Lima, en Villagrán (Guanajuato), donde la vida le iba bien al líder huachicolero.

Sin embargo, ni su residencia de albercas, ni su lealtad del pueblo o su casa de seguridad evitaron que el cabecilla del Cártel de Santa Rosa de Lima se debilitara.

La casa de las albercas que sirvió de guarida a José Antonio Yépez, "El Marro" (Foto: Archivo)
La casa de las albercas que sirvió de guarida a José Antonio Yépez, "El Marro" (Foto: Archivo)

“El Marro” era respetado en los submundos del huachicol —robo de combustible— como un criminal que daba trabajo, aunque regateara al céntimo sus acuerdos. Llegó a controlar los accesos a las poblaciones donde habitaba, y en las que se escondía. No había forma de entrar a Villagrán sin que él lo supiera. La gente que trabajaba para él, tenía la obligación de informar sobre cualquier movimiento extraño.

El año pasado, ese pueblo impidió la entrada de la Marina a Santa Rosa de Lima. Mientras media comunidad se le dejaba ir con piedras, “El Marro” escapaba en una cuatrimoto a la zona serrana.

Aquellos, eran los días en que el criminal robaba docenas de pipas de la refinería de Salamanca y obtenía ganancias por 40 millones de pesos diarios. Hoy, no se asoma a la comunidad.

"El Marro" junto a una mujer. Se presume que el líder huachicolero llegó a robar más de 40 millones de pesos diarios (Foto: Especial)
"El Marro" junto a una mujer. Se presume que el líder huachicolero llegó a robar más de 40 millones de pesos diarios (Foto: Especial)

Aunque no es el único líder del negocio ilícito, los operativos en su contra lo hicieron el más famoso, y una amenaza de muerte al presidente Andrés Manuel López Obrador estampada con su nombre lo pusieron definitivamente en el mapa.

Durante todo el año 2019 las fuerzas estatales, federales y su acérrimo rival, el Cártel Jalisco Nueva Generación, lanzaron una embestida combinada contra “El Marro”. No lo derrotaron, pero avanzaron posiciones y empezaron a mermar su fuerza, aunque a un ritmo desesperadamente lento.

Congelaron cuentas bancarias, confiscaron propiedades, detuvieron a varios cabecillas de la estructura, ejercieron presión sobre presidentes municipales aliados con la organización criminal, cerraron un porcentaje importante de tomas clandestinas para el robo de combustible de los ductos de Pemex. Dieron pasos firmes pero como en toda guerra, también hubo derrotas estatales y federales.

Un poncha llantas encontrado en la escena de narcobloqueos perpetrados por el Cártel de Santa Rosa de Lima (Foto: REUTERS/Sergio Maldonado)
Un poncha llantas encontrado en la escena de narcobloqueos perpetrados por el Cártel de Santa Rosa de Lima (Foto: REUTERS/Sergio Maldonado)

El cártel del Marro, ubicado en el llamado Triángulo Rojo del robo de combustible, sembrado de oleoductos de Pemex, llegó a fortalecerse tanto que amenazó al poderoso CJNG hace dos años. A través de un video casero, en el campo, decenas de hombres con pasamontañas advertían a la temida organización criminal que si no abandonaban su tierra les iban a “partir su madre”. Fue la primera aparición oficial de los de Santa Rosa de Lima, aunque se estima que “El Marro” llevaba en el negocio más de 10 años.

Desde entonces, la sangrienta guerra entre ambos grupos disparó la violencia en un estado tradicionalmente tranquilo.

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